Cartas a Turawet
Ha pasado bastante tiempo desde mi última anotación. Llevamos ya dos meses viajando de un sito a otro. Al llegar al puerto de Cádiz, compramos dos buenos ejemplares de ese animal que llamáis caballos. Hemos tardado en acostumbrarnos a ir montados sobre ellos, pero es mejor que ir andando.
Todos los días, al anochecer, Amkro enciende fuego, y después de tomar una breve comida reparadora se pone manos a la obra y escribe a Turawet. Cuando termina, vuelve a leer lo escrito, acerca la carta al fuego y deja que este la convierta en humo.
Hemos descubierto los efectos del vino; nunca antes habíamos probado un néctar así, y aunque es un brebaje delicioso, hay que tener cuidado pues embota los sentidos y se puede llegar a hacer el ridículo, e incluso algo peor. Una noche, sin darse cuenta, Amkro abusó de la bebida y cayó dormido antes de convertir en humo la carta de su amada -y que él me perdone lo que hice pues ya sabéis que me gusta observar y tenia gran interés después de verle todas las noches escribiendo-, de modo que aproveché y leí una de sus cartas, de la que me he permitido transcribir una pequeña parte:
“Hoy hace frío, he encendido un buen fuego que me servirá para suplir tu ausencia, escribirte y enviarte tu carta, amor mío. Mil noches te explico que te echo de menos, que mi corazón llora cada día que pasa sin tí, que mi alma sufre y no soy nada más que la sombra de lo que fui. De donde vengo jamás he sentido lo que siento ahora, sé que mi amor es correspondido pero… es tanto el dolor que siento…el no estar junto a tí…. pienso que no es tan bueno como dicen si ha de sufrirse tanto. Todas las noches cierro los ojos para poder verte.
Mil noches te explico que me gustaría estar ahora en este momento junto a tí, compartir contigo mi lecho, tenerte abrazada, poder oler tu pelo, besar cada rincón de tu piel, fundir nuestras miradas, entrelazar nuestros cuerpos desnudos, dibujar con mis manos el contorno de tu cuerpo que no puedo olvidar, y amarte, amarte, amarte… convertir nuestra alma en una. Te echo tanto de menos que mi corazón no ha dejado de latir sólo por que sabe que estas esperándome….
Amor mío, sueño cada noche con el néctar de tus labios, que me pierdo en el profundo azul de tus ojos, que me acoges entre tus brazos dándome la paz que ansía tanto mi corazón…muero cada mañana cuando despierto y la realidad me golpea dejándome apenas sin aliento. No puedo disimular; mi dolor es tan grande que encorva mis espaldas; lo que siento es tan intenso que cada noche me es más difícil contártelo, pues no tengo palabras para describirlo, y cuando eso ocurre sólo puedo decirte…. te amo Turawet”.
Todos los días, al anochecer, Amkro enciende fuego, y después de tomar una breve comida reparadora se pone manos a la obra y escribe a Turawet. Cuando termina, vuelve a leer lo escrito, acerca la carta al fuego y deja que este la convierta en humo.
Hemos descubierto los efectos del vino; nunca antes habíamos probado un néctar así, y aunque es un brebaje delicioso, hay que tener cuidado pues embota los sentidos y se puede llegar a hacer el ridículo, e incluso algo peor. Una noche, sin darse cuenta, Amkro abusó de la bebida y cayó dormido antes de convertir en humo la carta de su amada -y que él me perdone lo que hice pues ya sabéis que me gusta observar y tenia gran interés después de verle todas las noches escribiendo-, de modo que aproveché y leí una de sus cartas, de la que me he permitido transcribir una pequeña parte:
“Hoy hace frío, he encendido un buen fuego que me servirá para suplir tu ausencia, escribirte y enviarte tu carta, amor mío. Mil noches te explico que te echo de menos, que mi corazón llora cada día que pasa sin tí, que mi alma sufre y no soy nada más que la sombra de lo que fui. De donde vengo jamás he sentido lo que siento ahora, sé que mi amor es correspondido pero… es tanto el dolor que siento…el no estar junto a tí…. pienso que no es tan bueno como dicen si ha de sufrirse tanto. Todas las noches cierro los ojos para poder verte.
Mil noches te explico que me gustaría estar ahora en este momento junto a tí, compartir contigo mi lecho, tenerte abrazada, poder oler tu pelo, besar cada rincón de tu piel, fundir nuestras miradas, entrelazar nuestros cuerpos desnudos, dibujar con mis manos el contorno de tu cuerpo que no puedo olvidar, y amarte, amarte, amarte… convertir nuestra alma en una. Te echo tanto de menos que mi corazón no ha dejado de latir sólo por que sabe que estas esperándome….
Amor mío, sueño cada noche con el néctar de tus labios, que me pierdo en el profundo azul de tus ojos, que me acoges entre tus brazos dándome la paz que ansía tanto mi corazón…muero cada mañana cuando despierto y la realidad me golpea dejándome apenas sin aliento. No puedo disimular; mi dolor es tan grande que encorva mis espaldas; lo que siento es tan intenso que cada noche me es más difícil contártelo, pues no tengo palabras para describirlo, y cuando eso ocurre sólo puedo decirte…. te amo Turawet”.



4 comentarios:
Para los que conocemos la melancolia de amar en la distancia esto no solo es un bonito relato, es un cumulo de sentimientos e ilusiones... La carta a Turawet me recuerda algo muy cercano y reciente en mi vida.
Sin duda, RacSol, ademas de un genio de la escritura, eres apasionado y tus palabras son capaces de transmitir placer y dolor... Dificil pero hermosa mezcla.
Esa carta es fantastica, no es facil explicar esos sentimientos en pocas palabras y tan intensamente, me gustaria que cada noche me escribieran algo asi.
"Hoy hace frio, he encendido un buen fuego que me servirá para suplir tu ausencia"... Si,ese frio que sentimos al no poder tener a el ser amado cerca.
Has conseguido "arrancar un suspiro de mi alma"...como buen escritor. Me has hecho viajar a un pasado no demasiado lejano. Enhorabuena y espero que este cerca ese "reencuentro" entre Amkro y Turawet. Ciao caro.
Bellisimo.
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