El Asentamiento
Hacia tres días que estábamos en este nuevo mundo. Al principio, Turawet no entendía qué pretendíamos decir ni era capaz de comprender que no pertenecíamos a su mundo, que veníamos de otro parecido pero en otra dimensión donde los avances tecnológicos nos habían permitido realizar un viaje sin precedentes. Amkro consiguió hacerla entender a grandes rasgos cómo habíamos llegado hasta donde nos encontró.
Ahora estábamos lejos. La erupción del volcán seguía su curso cuando, por la necesidad más que por la confianza, conseguimos que Turawet aceptara nuestra compañía… como buen observador me fijaba en Amkro, que no lograba entender que le estaba pasando. Ese cuidado y atención, la intensidad cuando las miradas de Amkro y Turawet se cruzaban…
En esos tres días habíamos ayudado a desalojar el pueblo y alejarlo lo más posible del volcán, y junto con los lugareños habíamos creado un asentamiento lo suficientemente digno como para poder sobrevivir. Parecía que llevábamos toda una vida viviendo allí. Nos acogieron con las manos abiertas, el afecto y la naturalidad de estas gentes me tenía maravillado. Más cosas que añadir a mi diario, no sabia el tiempo que nos quedaríamos -ni siquiera si podríamos volver- pero había venido a estudiar este mundo y eso es lo que haría.
Pasado el octavo día el volcán se calmó y poco a poco nos fuimos acercando a lo que había sido hasta hacía poco el hogar de muchas familias ahora destrozado. Nos vimos impotentes ante la magnitud del desastre. Después del primer impacto, todos los lugareños se pusieron en marcha para la reconstrucción. Nos quedamos 5 meses, tiempo en el que ayudamos a reconstruir los edificios principales y una buena casa a la orilla del mar para Turawet.
La chispa que había surgido con la primera mirada arraigó profundamente en mi amigo. Veía cómo cada día todo lo que hacia y decía rondaba en torno a Turawet. Ella estaba radiante y correspondía de igual manera. No veía el momento de proponer mis intenciones a mi compañero; había oído hablar de una guerra por el trono de España de Felipe V que volvió a entrar en Madrid el 4 de octubre ante el clamor popular y estaba impaciente por partir y ver a un rey con mis propios ojos. No podía esperar más, tenia noticias de la coronación de otro rey: el día uno de Enero, Juan V fue coronado en Portugal. Ante mi insistencia y apelando a su sed de aventuras, después de una triste despedida con la promesa de volver, tomamos pasaje discretamente en una goleta rumbo a la península que partió el día 10 de enero de 1707, emprendiendo así nuestro viaje.
Ahora estábamos lejos. La erupción del volcán seguía su curso cuando, por la necesidad más que por la confianza, conseguimos que Turawet aceptara nuestra compañía… como buen observador me fijaba en Amkro, que no lograba entender que le estaba pasando. Ese cuidado y atención, la intensidad cuando las miradas de Amkro y Turawet se cruzaban…
En esos tres días habíamos ayudado a desalojar el pueblo y alejarlo lo más posible del volcán, y junto con los lugareños habíamos creado un asentamiento lo suficientemente digno como para poder sobrevivir. Parecía que llevábamos toda una vida viviendo allí. Nos acogieron con las manos abiertas, el afecto y la naturalidad de estas gentes me tenía maravillado. Más cosas que añadir a mi diario, no sabia el tiempo que nos quedaríamos -ni siquiera si podríamos volver- pero había venido a estudiar este mundo y eso es lo que haría.
Pasado el octavo día el volcán se calmó y poco a poco nos fuimos acercando a lo que había sido hasta hacía poco el hogar de muchas familias ahora destrozado. Nos vimos impotentes ante la magnitud del desastre. Después del primer impacto, todos los lugareños se pusieron en marcha para la reconstrucción. Nos quedamos 5 meses, tiempo en el que ayudamos a reconstruir los edificios principales y una buena casa a la orilla del mar para Turawet.
La chispa que había surgido con la primera mirada arraigó profundamente en mi amigo. Veía cómo cada día todo lo que hacia y decía rondaba en torno a Turawet. Ella estaba radiante y correspondía de igual manera. No veía el momento de proponer mis intenciones a mi compañero; había oído hablar de una guerra por el trono de España de Felipe V que volvió a entrar en Madrid el 4 de octubre ante el clamor popular y estaba impaciente por partir y ver a un rey con mis propios ojos. No podía esperar más, tenia noticias de la coronación de otro rey: el día uno de Enero, Juan V fue coronado en Portugal. Ante mi insistencia y apelando a su sed de aventuras, después de una triste despedida con la promesa de volver, tomamos pasaje discretamente en una goleta rumbo a la península que partió el día 10 de enero de 1707, emprendiendo así nuestro viaje.



1 comentarios:
Wow...tu historia ha dado un giro con esa partida a la peninsula. Estoy intrigada por saber cual es la "autentica mision" de ese viaje a un mundo paralelo.
Te seguire los pasos...;). Felicidades por la historia. Un beso muy fuerte. Ciao caro.
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