El Fruto de la Semilla
Once meses después de nuestra partida llegamos a Garachico. No había cambiado mucho, apenas había comenzado la reparación. Como un rayo, AmKro se dirigió hacia la cabaña que habíamos construido para Turawet y sus padres. Todo el mundo nos saludaba y nos daban la bienvenida, como si hubiésemos vuelto al hogar…. Al hogar, sí; esto era lo más parecido que tendríamos, pues éramos huérfanos en un mundo que no era el nuestro.
Amkro entró en la cabaña delante mía. De pronto le vi quedarse paralizado, no entendí porqué hasta que logré ver a Turawet; su mirada, su pelo, su sonrisa… era una imagen que me hubiera gustado inmortalizar, pero la mirada de Amkro no estaba fija sólamente en Turawet, sino que miraba alternativamente hacia un diminuto ser que observaba desde el regazo de Turawet. No entendíamos nada en aquel momento, torpes de nosotros. Turawet se levantó y lentamente se acercó a Amkro. Sin apartar la mirada de la suya, le puso el bebé entre los brazos y le dijo:
-El fruto de tu semilla y nuestro amor: Sarah.-
Esa fue la primera vez que ví llorar a mi Amigo. Creo que incluso yo me emocioné. En ese momento, en esa cabaña, había tanto amor… no quería moverme ni hablar para no romper el hechizo. Entre los fuertes brazos de mi amigo había una preciosa niña de intensos ojos azules, como los de su madre, y un rizado pelo negro como el de su padre.
Aquellos intensos ojitos azules me cautivaron desde el primer día. Esa pequeña criatura me había llegado al corazón.
Amkro entró en la cabaña delante mía. De pronto le vi quedarse paralizado, no entendí porqué hasta que logré ver a Turawet; su mirada, su pelo, su sonrisa… era una imagen que me hubiera gustado inmortalizar, pero la mirada de Amkro no estaba fija sólamente en Turawet, sino que miraba alternativamente hacia un diminuto ser que observaba desde el regazo de Turawet. No entendíamos nada en aquel momento, torpes de nosotros. Turawet se levantó y lentamente se acercó a Amkro. Sin apartar la mirada de la suya, le puso el bebé entre los brazos y le dijo:
-El fruto de tu semilla y nuestro amor: Sarah.-
Esa fue la primera vez que ví llorar a mi Amigo. Creo que incluso yo me emocioné. En ese momento, en esa cabaña, había tanto amor… no quería moverme ni hablar para no romper el hechizo. Entre los fuertes brazos de mi amigo había una preciosa niña de intensos ojos azules, como los de su madre, y un rizado pelo negro como el de su padre.
Aquellos intensos ojitos azules me cautivaron desde el primer día. Esa pequeña criatura me había llegado al corazón.



2 comentarios:
Rascsol, una manera bella de presentarnos a una niña que lleva "el mundo en sus ojos". Ahora me pregunto: ¿el real o el paralelo?. Sabemos que a veces se cruzan y ni nos percatamos...
el amor a un hijo es el reflejo del amor de dos seres que se entregaron y amaron como para unir sus vidas a un ser ese amor se transforma pero no desaparece jamas lo hara... me encanta la historia un saludo de satin
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