martes

La pérdida de Amkro

Amkro, mi noble y fiel compañero… si me aventuré a hacer este viaje fue gracias a él. Nosotros y vosotros, físicamente somos muy parecidos, por lo que permanecer en la tierra no ha sido difícil. Amkro, un ejemplar único de mi especie; alto, cuerpo curtido, moreno, pelo negro e intensos ojos negros, como en nuestro mundo, cautivaba a las mujeres y sólo con su presencia hacia desprender suspiros. Es todo lo contrario a mi, que prefiero no llamar la atención, ver sin ser visto y dejarme ver cuando es necesario. Desde que llegamos ese 5 de Mayo de 1706, su corazón, su mente y su alma, dejaron de pertenecerle. Su dueña, una mujer: “Turawet”. Es algo que aun hoy no logro entender.

Hace cien de vuestros años me quedé solo, y por mas que insistí en que razonara, fue imposible y tuve que aceptar su decisión. Amkro fue un imprudente al enamorarse de una humana hasta fallecer, morir… Puedo explicar mis palabras: nuestro reloj biológico es distinto al vuestro; un año de nuestra vida equivale a veinticinco de la vuestra y por lo tanto, llevamos con vosotros doce de nuestros años. Esta pequeña gran diferencia hace que sobrevivamos a los humanos que más apreciamos, como le sucedió a Amkro. Su amada Turawet nos dejó como todo ser humano cuando llega el fin de sus días y Amkro llegó a la conclusión de que no merecía seguir perdido en este mundo sin ella. Todo se vino abajo, no soportó la pérdida y languideció lentamente hasta que consiguió su propósito: se marchó con ella.