Odio
El 25 de abril de 1707 fue uno de los días más tristes en este mundo. Fue la primera vez que estuvimos en una batalla, comprobando en primera persona la atrocidad de la guerra.
No comprendo el odio, el afán por destrozar a otro ser humano. No entiendo qué es más importante que la vida para arrancar la vida. El horror de aquel día me ha seguido a lo largo de los años y más de una vez me despierto sobresaltado, pues vienen a mí imágenes que rompen la tranquilidad de mi espíritu, y cuando eso ocurre ya no puedo volver a conciliar el sueño.
Ese día la sed de Aventuras de mi amigo y compañero Amkro se extinguió, y mi curiosidad la pagué cara; la muerte, el odio, la sinrazón de todo aquello nos marcó para siempre, auque no seria la última vez que viésemos autodestruirse al ser humano por una causa inverosímil. A lo largo de los años hemos comprobado que el ser humano sigue matándose y mutilándose sin causa justificada, simplemente por el solo hecho de querer llevar la razón, por una creencia o por el color de su piel, por la ambición o el poder….. no se dan cuenta que, cuando eso ocurre, la sangre que se derrama es roja, que las lágrimas, el llanto y el dolor son los mismos y que al final siempre se pierde la batalla, pues cuando se derrama una sola gota de sangre ya no hay ganador.
Unos meses después, habiendo recorrido una buena parte de España, decidimos volver a nuestro punto de partida. Amkro cambió por completo; volvía a ser el mismo de siempre, el aventurero, con su sonrisa cautivadora y siempre de buen humor… fue un cambio agradable.
Quería darle un respiro a mi amigo, sabía que necesitaba ver a Turawet. Mientras tanto, en el viaje de vuelta, tendría tiempo de convencerle para que recorriéramos más mundo. Había oído hablar de un país llamado Japón y de sus peculiares costumbres y estaba muy interesado en conocerlo. No creía que en las condiciones actuales Amkro hubiese querido ir, pero teníamos un largo viaje de regreso a nuestro punto de partida durante el que intentaría persuadirle.
No comprendo el odio, el afán por destrozar a otro ser humano. No entiendo qué es más importante que la vida para arrancar la vida. El horror de aquel día me ha seguido a lo largo de los años y más de una vez me despierto sobresaltado, pues vienen a mí imágenes que rompen la tranquilidad de mi espíritu, y cuando eso ocurre ya no puedo volver a conciliar el sueño.
Ese día la sed de Aventuras de mi amigo y compañero Amkro se extinguió, y mi curiosidad la pagué cara; la muerte, el odio, la sinrazón de todo aquello nos marcó para siempre, auque no seria la última vez que viésemos autodestruirse al ser humano por una causa inverosímil. A lo largo de los años hemos comprobado que el ser humano sigue matándose y mutilándose sin causa justificada, simplemente por el solo hecho de querer llevar la razón, por una creencia o por el color de su piel, por la ambición o el poder….. no se dan cuenta que, cuando eso ocurre, la sangre que se derrama es roja, que las lágrimas, el llanto y el dolor son los mismos y que al final siempre se pierde la batalla, pues cuando se derrama una sola gota de sangre ya no hay ganador.
Unos meses después, habiendo recorrido una buena parte de España, decidimos volver a nuestro punto de partida. Amkro cambió por completo; volvía a ser el mismo de siempre, el aventurero, con su sonrisa cautivadora y siempre de buen humor… fue un cambio agradable.
Quería darle un respiro a mi amigo, sabía que necesitaba ver a Turawet. Mientras tanto, en el viaje de vuelta, tendría tiempo de convencerle para que recorriéramos más mundo. Había oído hablar de un país llamado Japón y de sus peculiares costumbres y estaba muy interesado en conocerlo. No creía que en las condiciones actuales Amkro hubiese querido ir, pero teníamos un largo viaje de regreso a nuestro punto de partida durante el que intentaría persuadirle.



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