martes

Un Camino diferente


Hace ya diez años de nuestra vuelta. Esto para las gentes de esta tierra es un lago lapso de tiempo, pero como ya sabéis, el tiempo no nos afecta igual que a vosotros. Sarah tiene 10 años y es una hermosa chiquilla; tiene la belleza felina de su madre y la vitalidad de su padre. Es una combinación que según pasa el tiempo va definiendo la mujer que llegará a ser.

Amkro es dichoso en esta tierra. El amor, la ternura, la pasión que empeña en el cuidado y educación de su hija es algo que me sorprende. Esa faceta creo que no se descubre hasta que uno es padre. Muchas veces, como siempre, en un discreto rincón observo cómo juegan, como disfrutan de su muta compañía. Su mirada es una sonrisa, las carcajadas de Sarah son música que llena todo el prado y más lejos Turawet mira complacida a sus dos seres más queridos hasta que finalmente se une a ellos.

Hoy les daré la noticia, pues después de este tiempo no creo que Amkro me acompañe. Le propondré el viaje y respetaré su decisión. Sé exactamente cual será.

Como me esperaba, Amkro se quedará con su familia y ha insistido en que me también me quede. ¿Por qué viajar? ¿Por qué emprender tan largo y peligroso viaje? no hace mucho tiempo, mi amigo hubiera sido el primero en preparar la partida y estaría ansioso por salir, pero es increíble lo que puede hacer cambiar el tener una familia. Sé que entiende que yo tengo sed…. sed de aventura, de verlo todo, de aprender… sé que entiende que mi sed de conocimiento no se acabará y que hace mucho tiempo que tengo decidido irme.

Sarah está llorando junto al regazo de su madre. No quiere mirarme, intento hacerla comprender que volveré algún día, que no es un adiós definitivo. Me parte el corazón… he cogido demasiado cariño a esa pequeña. Mi partida es inmediata. Turawet se acerca a mi. Esos ojos… me mira profundamente y me pide que vuelva, que no les olvide… pero, ¿cómo olvidarles? son mi familia pero debo marcharme. Si continúo retrasando la partida, nunca me iré y al final seré como un tío soltero.

Sin mirar atrás, me alejo en dirección al puerto. Es poco el equipaje que llevo, pues me gusta viajar ligero. Todo lo necesario lo iré adquiriendo según avance mi viaje. No he recorrido ni veinte metros cuando un grito me hace girar. Sarah viene hacia mí corriendo en un mar de lágrimas. En ese momento se me encoge el corazón, y la estrecho entre mis brazos. Ella llora desconsoladamente y balbucea palabras que no puedo entender. Amkro se acerca y la acurruca contra su pecho, aprieta mi hombro, asiente con la cabeza y parto sin volver la vista atrás.

1 comentarios:

Angela dijo...

Me gusta esta historia llena de sentimiento, pero me alegro que por fin parta en busca de aventuras ;)