Amar es Amar
Agazapado bajo la sombra del biombo, conteniendo la respiración, miraba y memorizaba todo cuanto sucedía. Las dos jóvenes, una frente a la otra, se miraban fijamente. Los susurros habían cesado y los ojos eran los únicos que hablaban. Sus respiraciones acompasadas, la suave brisa que acariciaba sus cuerpos semidesnudos y el movimiento ligero de sus cabellos conformaban un momento mágico, y a partir de aquel instante, todo lo que aconteció en aquella habitación se quedó grabado en mi memoria.
Lentamente, y como si fueran una sola, sin dejar de hablarse con la mirada, se aproximaron hasta que sus labios se unieron en un tímido beso. Amira, con una delicadeza que nunca había observado bajo su disfraz de escolta, tomó la cara de su amante entre sus manos y, despacio y con gran ternura, llenó de besos su rostro. Después, agarradas de la mano, se acercaron hasta el lecho donde una vez más tomó la iniciativa, tumbó a Aaminah (que significa Dama de paz y armonía) y lentamente desnudó su cuerpo, recorriendo con la punta de las yemas cada rincón de su tersa piel mientras disfrutaba del momento con los ojos cerrados y sus respiraciones acompasadas a un mismo ritmo. Se fundieron en un abrazo apasionado y comenzaron a llover los besos, esta vez sin control. Había vencido la pasión y el deseo de fundirse en una sola persona. Poco a poco, Amira volvió a tomar las riendas. Durante un respiro, observó los ojos de su amante. Esas miradas, la pasión, el amor, el instante… después acercó su rostro al cuerpo de Aaminah y con los ojos cerrados aspiró su aroma, jugó con su boca mordisqueando los pezones de su amante, arrancándola suspiros de placer. Sus manos acariciaban la piel de Aaminah y después, sin dejar de besar ni un milímetro, se dispuso a darle lo que ansiaba, hundiendo su rostro entre sus piernas y bebiendo del néctar que le brindaba. Jugaron hasta que la tempestad del clímax dejó paso a la serenidad y a la calma. Se volvieron a fundir en un apasionado beso, ahora iniciativa de Aaminah, que complaciente devolvía todo el amor y el placer que había recibido.
Me retiré después de verlas entrelazar sus cuerpos en un tierno abrazo y dejarse llevar por el sueño. Ya no me importaba el no haber encontrado mis aposentos, pues había visto con mis propios ojos amarse a dos personas, siendo testigo de su pasión. Comprobé que nada tenia de particular que se tratase de dos mujeres, pues lo que yo observé en esa noche mágica fue a dos seres humanos regalándose el uno al otro, sin condiciones, con la inocencia y la sinceridad que brinda el amor. No hicieron falta palabras, no fueron necesarias las explicaciones sino la entrega absoluta al amor. Fascinado nuevamente en mi exploración de vuestro mundo, comprendí que amar, lejos de todos los convencionalismos, sólo puede significar eso: amar.
Lentamente, y como si fueran una sola, sin dejar de hablarse con la mirada, se aproximaron hasta que sus labios se unieron en un tímido beso. Amira, con una delicadeza que nunca había observado bajo su disfraz de escolta, tomó la cara de su amante entre sus manos y, despacio y con gran ternura, llenó de besos su rostro. Después, agarradas de la mano, se acercaron hasta el lecho donde una vez más tomó la iniciativa, tumbó a Aaminah (que significa Dama de paz y armonía) y lentamente desnudó su cuerpo, recorriendo con la punta de las yemas cada rincón de su tersa piel mientras disfrutaba del momento con los ojos cerrados y sus respiraciones acompasadas a un mismo ritmo. Se fundieron en un abrazo apasionado y comenzaron a llover los besos, esta vez sin control. Había vencido la pasión y el deseo de fundirse en una sola persona. Poco a poco, Amira volvió a tomar las riendas. Durante un respiro, observó los ojos de su amante. Esas miradas, la pasión, el amor, el instante… después acercó su rostro al cuerpo de Aaminah y con los ojos cerrados aspiró su aroma, jugó con su boca mordisqueando los pezones de su amante, arrancándola suspiros de placer. Sus manos acariciaban la piel de Aaminah y después, sin dejar de besar ni un milímetro, se dispuso a darle lo que ansiaba, hundiendo su rostro entre sus piernas y bebiendo del néctar que le brindaba. Jugaron hasta que la tempestad del clímax dejó paso a la serenidad y a la calma. Se volvieron a fundir en un apasionado beso, ahora iniciativa de Aaminah, que complaciente devolvía todo el amor y el placer que había recibido.
Me retiré después de verlas entrelazar sus cuerpos en un tierno abrazo y dejarse llevar por el sueño. Ya no me importaba el no haber encontrado mis aposentos, pues había visto con mis propios ojos amarse a dos personas, siendo testigo de su pasión. Comprobé que nada tenia de particular que se tratase de dos mujeres, pues lo que yo observé en esa noche mágica fue a dos seres humanos regalándose el uno al otro, sin condiciones, con la inocencia y la sinceridad que brinda el amor. No hicieron falta palabras, no fueron necesarias las explicaciones sino la entrega absoluta al amor. Fascinado nuevamente en mi exploración de vuestro mundo, comprendí que amar, lejos de todos los convencionalismos, sólo puede significar eso: amar.



2 comentarios:
Tan lindo y agradable a leer, gracias por hacerme leer y sentir cosas bellas!!
Solo e podido llegar hasta aqui porque mis ojos no pueden leer màs.Tengo que decirte que me encanta tu historia, que echiza y te hace ser protagonista de esa aventura.
Te felicito!Me guardo el correo porque mañana o pasado mañana cuando tenga tiempo seguire leiendo, jeje
Me gusto mucho ... sabes transmitir sensaciones muy agradables y placenteras.Y bueno que te animo a que lo publiques!!!adéu
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