martes

Tropiezo en el camino

Hoy hace un mes que partí en busca de la aldea africana. Hace un mes que estoy postrado en un lecho curándome de las heridas; una vez llegado a puerto africano, me uní a una caravana de mercaderes y una semana después tuvimos un tropiezo en el camino que debo relatar, pues si no lo comparto, sospecho que me atormentara hasta el final de mis días.

He dado muerte a un ser humano… ha sido en mi propia defensa y a punto estuve de perder mi propia vida, pero al fin y al cabo he arrebatado la de otro. No puedo expresar cómo me siento; es un vacío, un agujero sin fondo, un resentimiento profundo en el alma… ¿hubiese sentido esta misma desazón mi oponente de haber sesgado mi vida? la naturaleza de los hombres es desconcertante, capaz de pasiones tan contrapuestas como el amor y como el odio, y de gestos tan incompatibles como la caricia y la violencia.

Hacía siete días que emprendíamos el viaje hacia el interior del continente cuando fuimos asaltados por una banda de ladrones. Fue una lucha salvaje. Gritos, sangre, llanto, y el afán de defender a mis acompañantes… cuánto de menos eché a Amkro y su firmeza en aquellos momentos. Él me cubría siempre las espaldas y tuve que prescindir de aquella ayuda.

En medio del asalto, un enorme negro se acercó a mi vociferando con un sable en la mano. Evité su primer mandoble, rodé sobre mí mismo mientras él erraba en cada acometida, y en uno de sus ataques cambié de táctica para sorprenderle; en lugar de rodar hacia el mismo lado como anteriormente, cambié de dirección y de un puntapié le arrebaté el sable. Esta circunstancia no le impidió sacar un puñal curvo, y con una sonrisa macabra se abalanzó sobre mí. Yo había enfundado mi arma y arrojado lejos la suya, pues no pensé que fuese necesaria. Tuve que correr y tomar de nuevo el sable que había perdido mi contrincante, pero ya era tarde; un calor intenso, seguido de un dolor agudo en el costado, me indicó que había acertado en su ultimo golpe. A duras penas, haciendo acopio de toda la fuerza que me quedaba, me revolví y hundí el sable en su pecho. Su mirada feroz cambio a estupefacción, abría y cerraba la boca sin pronunciar palabra. El peso de su cuerpo fue venciéndome y caí al suelo. Después de eso mi vista comenzó a nublarse y después perdí el conocimiento.

Desperté dolorido. Estaba en una choza oscura y limpia, bien ventilada. Antes de salir al exterior, permanecí escuchando. El lenguaje me resultó extraño, no me era familiar. Entró alguien a la choza, con comida y agua fresca. Pregunté dónde estaba, pero la anciana sólo dijo una palabra y supe entonces que había llegado a mi destino… “Mayni”.

Había encontrado la aldea.

sábado

Naroha Mayni y el lobo de mar (Final)


…sin prisa, escuchaba su respiración entrecortada. Mi cuerpo y mi mente estaban al límite, el deseo era ya incontrolable. Seguí bajando hasta su monte de venus, y después me dediqué a darle placer jugando y explorando cada pliegue, mordisqueando su centro mientras ella, arqueando la espalda, se entregaba totalmente y gemía sin cesar. Me estaba volviendo loco, no podía aguantar más. Me levanté uniendo nuestros cuerpos en uno solo y un grito ahogado salio de nuestras gargantas mientras acompasaba mis movimientos con los de ella, despacio… muy despacio al principio, flexionaba su cuerpo para encontrar el mío, mas deprisa… mi momento estaba llegando; el placer, la pasión, el embrujo… ella. El clímax llego y con un grito derrame mi esencia en su interior. Después permanecimos abrazados, sin querer separarnos. Me hubiese gustado seguir así, que ese momento no terminase nunca.

A los tres meses Naroha estaba embarazada. Mi amor por ella no podía ser mayor, y mi integración en la tribu era completa, pero no sabia – y si me lo hubieran dicho tampoco lo hubiese creído- que todo lo que tenia me seria arrebatado…

- Juan, bebió un buen trago de golpe. Sus ojos vidriosos evidenciaban que no le faltaba mucho para marcharse. Yo esperaba que terminara la historia, pues no quería quedarme sin conocer el desenlace. Con un carraspeo, y después de volver a encender su pipa, continuó –

Hacía más de dos años que estaba en la aldea y ahora iba a ser padre. Las mujeres y Naroha estaban en nuestra choza mientras los hombres, alrededor de una hoguera, hablábamos de cosas triviales con la mirada puesta en el ir y venir de las mujeres. Algo no marchaba bien y empecé a ponerme nervioso. El jefe me dió una palmada en la espalda y, con una sonrisa condescendiente, trataba de darme ánimos, aunque percibí que la mirada le traicionaba. Un grito desgarrador me hizo levantar de un salto, fui corriendo a la choza y quedé paralizado ante la escena; Naroha me miraba sin verme; sus dulces ojos ahora vidriosos me miraban…. Un velo sin vida los había cubierto. Caí de rodillas. Mi corazón se acababa de partir y un sollozo surgió de mi garganta. Acababa de perderlo todo: mi hijo, mi mujer, mi alma, mi vida y hasta mi conciencia…

Dos días después del funeral, ignorando la insistencia de quienes habían sido mi familia durante dos años, abandoné la aldea siguiendo las instrucciones que me habían dado y conseguí encontrar una caravana de vuelta hacia un puerto de mar. Allí me enrole en la tripulación del primer barco que zarpaba. No me importaba nada, estaba roto y así ha sido hasta que encontré a…

Pero eso es otra historia que os contaré en otra ocasión, pues ahora estoy cansado y un poco bebido. Señores, gracias por esta hermosa velada y los generosos tragos.

Le vi alejarse tambaleante, apoyado en su bastón, marchándose tal como había llegado. A mí me había dejado varios interrogantes. Aquí y allí los corrillos comentaban la historia del viejo lobo de mar, y yo decidí que tenia que conocer aquella tierra donde tanta pasión se había forjado. Quería ir a esa aldea y comprobar la historia, quería saciar mi ansia de comprender algún día, en la medida de lo posible, la asombrosa fuerza de las emociones que configuran la naturaleza humana.

Naroha Mayni y el lobo de mar (parte 2)




- hizo una pequeña pausa para tomar otro vaso de vino. Fuera había oscurecido y no se oía ni un alma en la taberna. Tal era la atención que prestábamos al anciano que no me hubiera percatado de que había un fuego encendido si no hubiera oído el crepitar de las llamas. Un carraspeo puso punto y final a la pausa –

Cuando remitió la fiebre, estaba tan debilitado que no podía levantarme del humilde lecho en el que estaba. Durante tres días entraba una anciana a darme de comer constantemente y a darme agua fresca. Yo miraba hacia la puerta de la choza buscando y preguntando a la anciana, que sonreía y agitaba la cabeza.

Una vez recuperada parte de mis fuerzas, salí por primera vez para descubrir dónde me encontraba. Estaba en el centro de un enorme poblado repleto de actividad. Me fijé en las chozas de alrededor y todas tenían la entrada mirando a la choza de donde había salido; era la choza de reuniones. Todos pararon a mirarme apenas unos segundos para continuar con lo que hacían. En esto, un alboroto llamó mi atención; hacia mí se dirigía un corpulento negro cargado de abalorios tribales, plumas y huesos, con una mirada severa y feroz. Su imponente apariencia consiguió intimidarme. Más tarde supe que se trataba del jefe de la aldea, que acompañado por todo un séquito de guerreros, por señas me invitó a que le acompañara. Cuando pronunció “Naroha” me faltó poco tiempo para correr en la dirección que me indicaba.

Llegamos a la puerta de una gran choza de menor tamaño que en la que había estado, pero que se diferenciaba claramente de las demás; era evidente de que se trataba de la choza del jefe. Llamó a Naroha y apareció mi hermosa cuidadora. Mi corazón dio un vuelco ante su presencia. Reparé en que era mucho más hermosa de lo que había retenido mi febril visión. Ella me miraba fijamente a los ojos… ¿he dicho ojos? No… los suyos eran dos esmeraldas, unos hermosos ojos de un color verde cristalino, una mirada tan intensa que cualquier hombre podría perderse en ella…

- Nuestro amigo detuvo su narración de nuevo. Sabía perfectamente cuándo era el momento adecuado. Su vaso vacío fue llenado al momento, y después de mojarse los labios, continuó ante la expectación de todos nosotros –

El Jefe -así me referiré a él, pues tenia un nombre que nunca he acertado a pronunciar- le dijo algo y ella, sin apartar su mirada de mí afirmó con la cabeza. Él sonrió y le ordenó entrar dentro de la choza. Ésa afirmación, como supe mucho tiempo después, significó que la hija del jefe me había elegido como marido y acababa de empezar el ritual que se llevaría a cabo hasta el día de la boda.

Empezaron por enseñarme un lenguaje que pronto entendí, pero apenas conseguí hacerme entender. Fue suficiente con lo que aprendí; me explicaron que pronto llegaría la boda y que por fin podría verla. Hacía ya casi un año desde mi llegada a la aldea y sólo la había visto fugazmente pasar a lo lejos. En ese tiempo me enseñaron a cazar, construí una choza y me empapé casi de todas las costumbres, aunque por las noches me despertaba bañado en sudor. Soñaba con Naroha, la deseaba, quería tenerla junto a mi, estrecharla entre mis brazos y hacerle el amor. Era un tormento adivinar su figura en la lejanía apenas unos segundos; como solían decir en la costa italiana, me había “pillado el rayo”; amor a primera vista.

Exactamente un año después de que me eligiera para ser su esposo, tuvo lugar la ceremonia de emparejamiento. Era el día más esperado de toda mi vida, por fin había llegado y la tendría entre mis brazos. En medio de la fiesta, entre cánticos y risas, la tomé de la mano y sigilosamente nos retiramos a la choza.

Por fin solos, mi corazón cantaba de alegría en cada latido. Su sonrisa me robaba el alma y el silencio se apoderó de nosotros; sobraban las palabras. Su mirada me retenía hechizado, lentamente me fui acercando a sus labios y con miedo de romper el hechizo, le besé suavemente hasta que la pasión nos desbordó. Febrilmente besaba sus ojos, sus mejillas, volvía a sus labios… tuve que parar, pues estábamos muy agitados y no quería estropear el momento. Sus ojos desprendían una luz que me cegaba. Nos tumbamos en el lecho, desnudándonos mutuamente, suavemente, y recreándome en sus curvas, fui deslizando de su cuerpo la poca ropa que llevaba. Me aparté y admiré su esbelta figura, su tersa y reluciente piel. Me acerqué a su cuello y aspiré su aromar. Ella me abrazaba firmemente y recorría mi cuerpo con sus manos. Deslicé mi boca hasta sus erectos pechos y su fuerte suspiro hizo que me recreara en ellos, jugando, mordiendo… lentamente fui bajando sin dejar rincón alguno de su piel sin haber besado…


(CONTINUA)

viernes

Naroha Mayni y el Lobo de Mar (Parte 1)


Cuando decidí que era la hora de emprender mi viaje, mi primer y único destino desde el principio había sido Japón. No obstante, mientras esperaba en el puerto a embarcar, no pude más que oír a un viejo marinero relatar la historia que según él era la de su vida.

Quedé maravillado por su serenidad, por la pasión con las que pronunciaba sus palabras, por las pausas para aspirar, el humo de su vieja y gastada pipa, su voz, profunda y adormecedora como una grave melodía… hacía que me sumergiera en el relato y mi mente dibujara lo que estaba contando. Todo el mundo en la taberna había guardado silencio, pues no era la primera vez que Juan contaba una historia como aquella. Según me entere después, solía entrar una vez al mes en la taberna. Si le invitabas a un trago, contaba una de sus aventuras así hasta que, a base de ese noble caldo que es el vino, llegaba un punto en el que no podía decir palabra, se levantaba tambaleante y se marchaba con sus aventuras hasta el mes siguiente.

De esa noche quiero transcribir un trocito de una de sus aventuras. En parte es el culpable de que tomara el camino que elegí para llegar a Japón.

He de advertir a quien lea las siguientes líneas que ni por asomo podrán comparase ni al enriquecedor relato de su autor ni a la atmósfera de irrealidad que se respiraba en la taberna. No en vano, debo insistir que hagáis uso de vuestra imaginación y penséis en una vieja taberna a orillas del mar a media tarde, bañada por una calida semioscuridad alumbrada por velas centenarias, llena a rebosar de hombres que por unos minutos dejaran volar la imaginación para ser partícipes de una aventura en algún remoto confín del mundo….
La historia apasionada tiene un alto contenido erótico, pero como he dicho antes, nunca podré igualar -siquiera imitar- a quien lo relató.

He aquí sus palabras…


“Hace algún tiempo, cuando mi espalda estaba recta, mis músculos eran como el acero, mi barba era apenas una sombra en mi cara y mi mirada hacía ruborizar a las mujeres… - se oye una carcajada general y mi viejo marinero aprovecha para fumar de su pipa. Cuado todo el mundo calla, él continúa - …andaba sin apenas trabajo. El barco en el que estaba enrolado había sufrido daños importantes y tardaría meses en estar listo para hacerse a la mar. Por desgracia, casi no habíamos empezado el viaje cuando nos sorprendió una enorme tormenta que dañó el palo mayor. Me ví en un puerto del África septentrional con una paga que apenas me daría para vivir una semana. No habiendo ningún barco fondeado ni expectativas de la llegada de algún otro en un largo periodo de tiempo, y dado que me apremiaba la necesidad, me enrolé en una caravana de mercaderes como parte de la guardia. El trabajo era peligroso y mal pagado.

Después de una semana de viaje, contraje unas fiebres que no me permitieron seguir el viaje, y como buenos samaritanos, me dejaron a mi suerte en una aldea tribal.

–se escucha un murmullo de desaprobación entre los parroquianos, momento en el que el viejo marinero aprovecha para volver a llenar y encender su pipa. Reparo en que todos parecen hipnotizados e impacientes al igual que yo para que siga su relato. Después de un buen sorbo de vino, el viejo continúa –

…no sé cuánto tiempo estuve con altas fiebres y delirando, pero de vez en cuando abría los ojos y veía, de entre la niebla difusa que era mi vista, a un ángel de hermosos ojos esmeralda y carnosos labios carmesí que me susurraba una dulce melodía mientras una suave mano color ébano retiraba mi sudoroso pelo de la frente. Yo preguntaba ¿Quién…eres?, ¿Quién… donde… estoy? Y por respuesta solo escuchaba en un susurro “Naroha Mayni… Naroha Mayni….”


(CONTINUA)

martes

Un Camino diferente


Hace ya diez años de nuestra vuelta. Esto para las gentes de esta tierra es un lago lapso de tiempo, pero como ya sabéis, el tiempo no nos afecta igual que a vosotros. Sarah tiene 10 años y es una hermosa chiquilla; tiene la belleza felina de su madre y la vitalidad de su padre. Es una combinación que según pasa el tiempo va definiendo la mujer que llegará a ser.

Amkro es dichoso en esta tierra. El amor, la ternura, la pasión que empeña en el cuidado y educación de su hija es algo que me sorprende. Esa faceta creo que no se descubre hasta que uno es padre. Muchas veces, como siempre, en un discreto rincón observo cómo juegan, como disfrutan de su muta compañía. Su mirada es una sonrisa, las carcajadas de Sarah son música que llena todo el prado y más lejos Turawet mira complacida a sus dos seres más queridos hasta que finalmente se une a ellos.

Hoy les daré la noticia, pues después de este tiempo no creo que Amkro me acompañe. Le propondré el viaje y respetaré su decisión. Sé exactamente cual será.

Como me esperaba, Amkro se quedará con su familia y ha insistido en que me también me quede. ¿Por qué viajar? ¿Por qué emprender tan largo y peligroso viaje? no hace mucho tiempo, mi amigo hubiera sido el primero en preparar la partida y estaría ansioso por salir, pero es increíble lo que puede hacer cambiar el tener una familia. Sé que entiende que yo tengo sed…. sed de aventura, de verlo todo, de aprender… sé que entiende que mi sed de conocimiento no se acabará y que hace mucho tiempo que tengo decidido irme.

Sarah está llorando junto al regazo de su madre. No quiere mirarme, intento hacerla comprender que volveré algún día, que no es un adiós definitivo. Me parte el corazón… he cogido demasiado cariño a esa pequeña. Mi partida es inmediata. Turawet se acerca a mi. Esos ojos… me mira profundamente y me pide que vuelva, que no les olvide… pero, ¿cómo olvidarles? son mi familia pero debo marcharme. Si continúo retrasando la partida, nunca me iré y al final seré como un tío soltero.

Sin mirar atrás, me alejo en dirección al puerto. Es poco el equipaje que llevo, pues me gusta viajar ligero. Todo lo necesario lo iré adquiriendo según avance mi viaje. No he recorrido ni veinte metros cuando un grito me hace girar. Sarah viene hacia mí corriendo en un mar de lágrimas. En ese momento se me encoge el corazón, y la estrecho entre mis brazos. Ella llora desconsoladamente y balbucea palabras que no puedo entender. Amkro se acerca y la acurruca contra su pecho, aprieta mi hombro, asiente con la cabeza y parto sin volver la vista atrás.

lunes

El Fruto de la Semilla


Once meses después de nuestra partida llegamos a Garachico. No había cambiado mucho, apenas había comenzado la reparación. Como un rayo, AmKro se dirigió hacia la cabaña que habíamos construido para Turawet y sus padres. Todo el mundo nos saludaba y nos daban la bienvenida, como si hubiésemos vuelto al hogar…. Al hogar, sí; esto era lo más parecido que tendríamos, pues éramos huérfanos en un mundo que no era el nuestro.

Amkro entró en la cabaña delante mía. De pronto le vi quedarse paralizado, no entendí porqué hasta que logré ver a Turawet; su mirada, su pelo, su sonrisa… era una imagen que me hubiera gustado inmortalizar, pero la mirada de Amkro no estaba fija sólamente en Turawet, sino que miraba alternativamente hacia un diminuto ser que observaba desde el regazo de Turawet. No entendíamos nada en aquel momento, torpes de nosotros. Turawet se levantó y lentamente se acercó a Amkro. Sin apartar la mirada de la suya, le puso el bebé entre los brazos y le dijo:

-El fruto de tu semilla y nuestro amor: Sarah.-


Esa fue la primera vez que ví llorar a mi Amigo. Creo que incluso yo me emocioné. En ese momento, en esa cabaña, había tanto amor… no quería moverme ni hablar para no romper el hechizo. Entre los fuertes brazos de mi amigo había una preciosa niña de intensos ojos azules, como los de su madre, y un rizado pelo negro como el de su padre.

Aquellos intensos ojitos azules me cautivaron desde el primer día. Esa pequeña criatura me había llegado al corazón.

Odio




El 25 de abril de 1707 fue uno de los días más tristes en este mundo. Fue la primera vez que estuvimos en una batalla, comprobando en primera persona la atrocidad de la guerra.

No comprendo el odio, el afán por destrozar a otro ser humano. No entiendo qué es más importante que la vida para arrancar la vida. El horror de aquel día me ha seguido a lo largo de los años y más de una vez me despierto sobresaltado, pues vienen a mí imágenes que rompen la tranquilidad de mi espíritu, y cuando eso ocurre ya no puedo volver a conciliar el sueño.

Ese día la sed de Aventuras de mi amigo y compañero Amkro se extinguió, y mi curiosidad la pagué cara; la muerte, el odio, la sinrazón de todo aquello nos marcó para siempre, auque no seria la última vez que viésemos autodestruirse al ser humano por una causa inverosímil. A lo largo de los años hemos comprobado que el ser humano sigue matándose y mutilándose sin causa justificada, simplemente por el solo hecho de querer llevar la razón, por una creencia o por el color de su piel, por la ambición o el poder….. no se dan cuenta que, cuando eso ocurre, la sangre que se derrama es roja, que las lágrimas, el llanto y el dolor son los mismos y que al final siempre se pierde la batalla, pues cuando se derrama una sola gota de sangre ya no hay ganador.

Unos meses después, habiendo recorrido una buena parte de España, decidimos volver a nuestro punto de partida. Amkro cambió por completo; volvía a ser el mismo de siempre, el aventurero, con su sonrisa cautivadora y siempre de buen humor… fue un cambio agradable.

Quería darle un respiro a mi amigo, sabía que necesitaba ver a Turawet. Mientras tanto, en el viaje de vuelta, tendría tiempo de convencerle para que recorriéramos más mundo. Había oído hablar de un país llamado Japón y de sus peculiares costumbres y estaba muy interesado en conocerlo. No creía que en las condiciones actuales Amkro hubiese querido ir, pero teníamos un largo viaje de regreso a nuestro punto de partida durante el que intentaría persuadirle.

jueves

Cartas a Turawet


Ha pasado bastante tiempo desde mi última anotación. Llevamos ya dos meses viajando de un sito a otro. Al llegar al puerto de Cádiz, compramos dos buenos ejemplares de ese animal que llamáis caballos. Hemos tardado en acostumbrarnos a ir montados sobre ellos, pero es mejor que ir andando.

Todos los días, al anochecer, Amkro enciende fuego, y después de tomar una breve comida reparadora se pone manos a la obra y escribe a Turawet. Cuando termina, vuelve a leer lo escrito, acerca la carta al fuego y deja que este la convierta en humo.

Hemos descubierto los efectos del vino; nunca antes habíamos probado un néctar así, y aunque es un brebaje delicioso, hay que tener cuidado pues embota los sentidos y se puede llegar a hacer el ridículo, e incluso algo peor. Una noche, sin darse cuenta, Amkro abusó de la bebida y cayó dormido antes de convertir en humo la carta de su amada -y que él me perdone lo que hice pues ya sabéis que me gusta observar y tenia gran interés después de verle todas las noches escribiendo-, de modo que aproveché y leí una de sus cartas, de la que me he permitido transcribir una pequeña parte:

“Hoy hace frío, he encendido un buen fuego que me servirá para suplir tu ausencia, escribirte y enviarte tu carta, amor mío. Mil noches te explico que te echo de menos, que mi corazón llora cada día que pasa sin tí, que mi alma sufre y no soy nada más que la sombra de lo que fui. De donde vengo jamás he sentido lo que siento ahora, sé que mi amor es correspondido pero… es tanto el dolor que siento…el no estar junto a tí…. pienso que no es tan bueno como dicen si ha de sufrirse tanto. Todas las noches cierro los ojos para poder verte.
Mil noches te explico que me gustaría estar ahora en este momento junto a tí, compartir contigo mi lecho, tenerte abrazada, poder oler tu pelo, besar cada rincón de tu piel, fundir nuestras miradas, entrelazar nuestros cuerpos desnudos, dibujar con mis manos el contorno de tu cuerpo que no puedo olvidar, y amarte, amarte, amarte… convertir nuestra alma en una. Te echo tanto de menos que mi corazón no ha dejado de latir sólo por que sabe que estas esperándome….

Amor mío, sueño cada noche con el néctar de tus labios, que me pierdo en el profundo azul de tus ojos, que me acoges entre tus brazos dándome la paz que ansía tanto mi corazón…muero cada mañana cuando despierto y la realidad me golpea dejándome apenas sin aliento. No puedo disimular; mi dolor es tan grande que encorva mis espaldas; lo que siento es tan intenso que cada noche me es más difícil contártelo, pues no tengo palabras para describirlo, y cuando eso ocurre sólo puedo decirte…. te amo Turawet”.

miércoles

El Asentamiento


Hacia tres días que estábamos en este nuevo mundo. Al principio, Turawet no entendía qué pretendíamos decir ni era capaz de comprender que no pertenecíamos a su mundo, que veníamos de otro parecido pero en otra dimensión donde los avances tecnológicos nos habían permitido realizar un viaje sin precedentes. Amkro consiguió hacerla entender a grandes rasgos cómo habíamos llegado hasta donde nos encontró.
Ahora estábamos lejos. La erupción del volcán seguía su curso cuando, por la necesidad más que por la confianza, conseguimos que Turawet aceptara nuestra compañía… como buen observador me fijaba en Amkro, que no lograba entender que le estaba pasando. Ese cuidado y atención, la intensidad cuando las miradas de Amkro y Turawet se cruzaban…
En esos tres días habíamos ayudado a desalojar el pueblo y alejarlo lo más posible del volcán, y junto con los lugareños habíamos creado un asentamiento lo suficientemente digno como para poder sobrevivir. Parecía que llevábamos toda una vida viviendo allí. Nos acogieron con las manos abiertas, el afecto y la naturalidad de estas gentes me tenía maravillado. Más cosas que añadir a mi diario, no sabia el tiempo que nos quedaríamos -ni siquiera si podríamos volver- pero había venido a estudiar este mundo y eso es lo que haría.
Pasado el octavo día el volcán se calmó y poco a poco nos fuimos acercando a lo que había sido hasta hacía poco el hogar de muchas familias ahora destrozado. Nos vimos impotentes ante la magnitud del desastre. Después del primer impacto, todos los lugareños se pusieron en marcha para la reconstrucción. Nos quedamos 5 meses, tiempo en el que ayudamos a reconstruir los edificios principales y una buena casa a la orilla del mar para Turawet.

La chispa que había surgido con la primera mirada arraigó profundamente en mi amigo. Veía cómo cada día todo lo que hacia y decía rondaba en torno a Turawet. Ella estaba radiante y correspondía de igual manera. No veía el momento de proponer mis intenciones a mi compañero; había oído hablar de una guerra por el trono de España de Felipe V que volvió a entrar en Madrid el 4 de octubre ante el clamor popular y estaba impaciente por partir y ver a un rey con mis propios ojos. No podía esperar más, tenia noticias de la coronación de otro rey: el día uno de Enero, Juan V fue coronado en Portugal. Ante mi insistencia y apelando a su sed de aventuras, después de una triste despedida con la promesa de volver, tomamos pasaje discretamente en una goleta rumbo a la península que partió el día 10 de enero de 1707, emprendiendo así nuestro viaje.

Turawet




Turawet, Turawet, Turawet… muchos años después me interese por su nombre, que quería decir, de donde venia, miel. Ése es su significado; mi amigo fue hechizado por una mujer llamada miel.

Cuando se abrió el agujero de entrada hacia esta realidad, entramos a la Tierra en el mismo momento en el que empezó la erupción. Perdimos toda comunicación con la base de transporte, cruzamos el agujero y estábamos en otro mundo, no muy distinto al nuestro pero sí en otra dimensión, mas primitivo y peligroso. En ese momento rugió la tierra y un estruendo ensordecedor nos hizo estremecer. A unos ocho kilómetros una montaña había estallado y Amkro miraba maravillado hacia la montaña en llamas. Imperturbable, me miro acurrucado entre las rocas de la playa a la que habíamos ido a dar y dibujó media sonrisa. Era feliz, eso es lo que le gustaba; la aventura, la sensación de peligro. No pude más que mover la cabeza y seguirle cuando se puso en marcha. Teníamos que encontrar un asentamiento lugareño e intentar conseguir ropas adecuadas para no llamar la atención.

A unos quinientos metros de la playa, encontramos una choza medio destartalada de pescador. Había tendidas varias cuerdas entre dos trozos deformes de madera medio podrida por el salitre del mar. En dos de ellas vimos ropa tendida y nos apresuramos a recoger varias prendas antes de que nadie nos viera….

-. ¿Qué demonio es aquel que quita a un pobre lo poco que tiene? .-

Quedamos paralizados, alguien nos había descubierto, y por el tono de su voz no estaba muy contento. Nos dimos la vuelta muy despacio y nos quedamos con la boca abierta; frente a nosotros teníamos a una hermosa joven de piel tostada por el sol, labios carnosos, pelo trigueño y sus ojos, en aquel momento, no vimos el profundo azul de sus ojos pues eran como dos brasas que nos taladraban. No dejaba de vigilarnos atentamente y, como pude apreciar, tampoco dejaba de vigilar con un destello de temor el rugido que tenia detrás. La montaña estaba en pleno apogeo, sentíamos las vibraciones de las explosiones bajo nuestros pies.

Esa fue la primera vez que vimos a Turawet, y en ese momento se firmó el destino de mi amigo.

martes

La pérdida de Amkro

Amkro, mi noble y fiel compañero… si me aventuré a hacer este viaje fue gracias a él. Nosotros y vosotros, físicamente somos muy parecidos, por lo que permanecer en la tierra no ha sido difícil. Amkro, un ejemplar único de mi especie; alto, cuerpo curtido, moreno, pelo negro e intensos ojos negros, como en nuestro mundo, cautivaba a las mujeres y sólo con su presencia hacia desprender suspiros. Es todo lo contrario a mi, que prefiero no llamar la atención, ver sin ser visto y dejarme ver cuando es necesario. Desde que llegamos ese 5 de Mayo de 1706, su corazón, su mente y su alma, dejaron de pertenecerle. Su dueña, una mujer: “Turawet”. Es algo que aun hoy no logro entender.

Hace cien de vuestros años me quedé solo, y por mas que insistí en que razonara, fue imposible y tuve que aceptar su decisión. Amkro fue un imprudente al enamorarse de una humana hasta fallecer, morir… Puedo explicar mis palabras: nuestro reloj biológico es distinto al vuestro; un año de nuestra vida equivale a veinticinco de la vuestra y por lo tanto, llevamos con vosotros doce de nuestros años. Esta pequeña gran diferencia hace que sobrevivamos a los humanos que más apreciamos, como le sucedió a Amkro. Su amada Turawet nos dejó como todo ser humano cuando llega el fin de sus días y Amkro llegó a la conclusión de que no merecía seguir perdido en este mundo sin ella. Todo se vino abajo, no soportó la pérdida y languideció lentamente hasta que consiguió su propósito: se marchó con ella.

domingo

Punto de entrada.


Llegamos el 5 de Mayo de 1706. Recuerdo bien esa fecha, nuestro punto de entrada a la tierra fue rigurosamente escogido: Garachico, en Tenerife, pero nos equivocamos de año; ese día comenzó la erupción de Montaña Negra, nueve días que jamás olvidare. La verdad, nos sorprendió la fuerza y el ímpetu de la naturaleza, su agresividad… la ciudad quedó prácticamente destruida, el puerto -uno de los mas importantes en aquel momento- desapareció como por arte de magia.

Habíamos venido a visitar el mundo paralelo “Tierra” por su diversidad y el gran parecido con el nuestro y nos encontramos envueltos en un acontecimiento sin precedentes para nosotros. También ocurrió algo que conmocionó a mi compañero Amkro, mi buen amigo: se enamoró. Eso fue algo que no esperaba, sucedió, y marco su destino. Otro día os contare cómo fue su fortuito encuentro.

Ha llegado el momento...


Ha llegado el momento… he meditado, creo que es hora, me presentare, me llamo Racsol de Tulohan, vivo entre vosotros los humanos desde hace mucho tiempo, no, no soy un vampiro, ni un ser creado por vuestra imaginación, vengo de un mundo paralelo, vine a observaros, llevo observándoos mucho tiempo, mas del que en un principio estaba previsto que me quedara, la tecnología que usamos para viajar entre los mundos paralelos no funciona… aquí no funciona, eso ha sido algo imprevisible y ha hecho que tenga que quedarme entre vosotros.