<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' version='2.0'><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175</atom:id><lastBuildDate>Mon, 23 Nov 2009 09:26:42 +0000</lastBuildDate><title>RacSol de Tulohan</title><description></description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/</link><managingEditor>carzm07@gmail.com (RacSol)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>32</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-6102585349370604574</guid><pubDate>Sat, 04 Oct 2008 16:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-10-04T17:05:46.098+01:00</atom:updated><title>El día de juego</title><description>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_4CnuQ92pKI8/SOeT6Vk2kvI/AAAAAAAAAGo/hz9OQdloNLY/s1600-h/El-dia-de-Juego.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5253330120784384754" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 249px; CURSOR: hand; HEIGHT: 178px" height="207" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_4CnuQ92pKI8/SOeT6Vk2kvI/AAAAAAAAAGo/hz9OQdloNLY/s320/El-dia-de-Juego.jpg" width="249" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Aún resonaba en mi mente el eco de la última historia anotada en mi diario cuando las primeras luces del alba iluminaron la estancia donde dormía. Me percaté de que la disposición de los tragaluces y ventanales no respondía a una cuestión de azar; los tenues rayos de luz entraban despejando delicadamente la penumbra como el descorrer de un velo. Como cada nuevo amanecer, acudí a recibirlo aspirando el aroma de la mañana y permitiendo que la brisa llenara mis pulmones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contemplé la belleza de cuanto me rodeaba y permanecí unos minutos recreándome en ella.&lt;br /&gt;Una vez aseado y vestido, me dispuse a buscar a mis compañeros de viaje, Ramón y Mario, que ya se encontraban preparados. Para nuestro asombro, Sadayo nos esperaba. Nos pidió disculpas en nombre de su señor, pues este había tenido que partir para arreglar unos asuntos y no volvería hasta dentro de tres días, fecha en la que se celebraría “El día de Juego”. Nos invitó a que realizáramos un pequeño viaje hasta unas termas que había en sus tierras para disfrutar del baño al aire libre y disfrutar durante el trayecto de la belleza del país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sadayo tenía ya preparadas las monturas, y una pequeña guardia que nos acompañaría como escolta. Las termas estaban a media jornada de camino a paso relajado. Aún flotaban en mi mente las palabras “El día de Juego”; decidí que una vez en las termas le preguntaría a Sadayo al respecto y saciaría por fin mi curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de partir, Mario nos dijo que él se quedaría, pues había averiguado dónde estaban las cocinas y había entablado cierta amistad con el cocinero. Deseaba aprender más sobre la gastronomía nipona, mientras que por su parte el cocinero estaba interesado en los conocimientos que Mario había adquirido durante sus viajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sol aún no había llegado a su cénit cuando partimos. Busqué a Ramón y pude comprobar que había bajado de su montura y había entablado una animada conversación con uno de los integrantes de la guardia que nos escoltaba. Parecía notablemente interesado en el tipo y empleo de armas que portaban. Esto me dejó a solas con Sadayo, y viendo un momento oportuno para aplacar mi curiosidad, le pregunté al fin por “El día de Juego”. El me observó fijamente calibrando mi intriga, y con una sonrisa en su rostro asintió y comentó que había esperado aquella pregunta. Después de un breve silencio para ordenar sus ideas, comenzó su relato:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Esta historia se remonta a mucho tiempo atrás. Uno de los antepasados de mi señor fue quien consiguió convertir en costumbre usar uno de los días para el juego. Creo que fue su tatarabuelo “Haruto”, que significa alegre o jovial. Haruto era hijo de “Takumi”, que significa maestro. Por aquel entonces, prácticamente toda la región se encontraba en guerra; las intrigas políticas entre clanes eran habituales, los grandes señores conspiraban unos contra otros y la traición y la muerte eran hermanas gemelas y moneda corriente. Takumi era uno de los señores más poderosos. Aunque luchaba de igual modo que los demás, estaba cansado de tanta muerte y desolación, y deseaba que la región prosperase buscando la paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Takumi comenzó a gobernar sin haberse casado y continuó soltero hasta bastante tiempo después, ya que decía que la época de conflicto no era propicia para damas y cortejos. Entonces conoció a “Hiyori” que significa serena, tranquila. Se enamoró y desposó con ella, y de aquel amor nacieron dos hijos: Haruto y “Rikuto”, que significa tierra, valor. Esto llenó de una inmensa alegría y satisfacción a Takumi. Al nacer sus hijos, puso todo su empeño y poder en restablecer la paz perdida en la región. Venció a quienes se oponían a ella, aquellos para quienes la guerra no era solo una forma de vida, sino un negocio con el que amasaban auténticas fortunas. Algunos de sus enemigos pusieron precio a su cabeza, y en más de una ocasión estuvo a punto de perecer ante los asesinos enviados, pero Takumi tenía en su mente el noble proyecto de la paz, proyecto que algunos de sus otros adversarios también compartían y circunstancia que le facilitó ciertas alianzas. Y la Paz fue lograda para la región, pero no para sí mismo, pues mantenerla era una empresa aún más difícil en la que habría de invertir todas sus fuerzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio, todos los días veía a sus hijos y atendía a su esposa. Haruto y Rikuto crecían fuertes y siempre esperaban expectantes la llegada de su padre. La sonrisa iluminaba sus rostros y hacía que el corazón de Takumi se hinchiese de orgullo. Según crecían los dos pequeños, fueron demandando cada vez más la presencia de Takumi, pero las dificultades en su empeño por mantener la paz fueron distanciándole de ellos contra su voluntad. Llegaron días en los que Takumi entraba en el hogar, se aproximaba a los pequeños que le esperaban con un brillo especial en los ojos, y se limitaba a removerles el pelo, pasando de largo después para reunirse con sus consejeros y generales. Si alguna vez, si tan solo una vez hubiera mirado atrás, habría encontrado la tristeza y la decepción en los ojos de sus hijos. Sin embargo, Haruto y Rikuto acudían al encuentro de su padre cada nuevo día con el mismo brillo de adoración e ilusión en sus ojos, hasta que se retiraban tristes ante la aparente indiferencia de su padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Haruto y Rikuto se convirtieron en dos jóvenes fuertes e inteligentes, orgullo de su padre, que envejecía al mismo tiempo que ellos crecían. El tiempo pasaba y el antaño fornido Takumi, decrépito y débil, yacía postrado en su lecho sabiendo que su hora estaba próxima. Un día hizo llamar a sus hijos a sus dependencias. Primero entró Haruto, pero el padre pidió que estuviese presente Rikuto al mismo tiempo. Les miró fijamente a cada uno, recobrando el antiguo brillo de su mirada, y les habló. Les pidió que no cometiesen los mismos errores que él había cometido, en particular aquel del cual más se arrepentía: quería que jamás olvidaran a sus hijos, que no los dejaran de lado por nada del mundo. Él se había perdido la alegría, la ilusión de ser testigo de cómo sus pequeños se convertían en hombres. Se había dado cuenta demasiado tarde, y no pudiendo redimirse de otro modo, deseaba como padre que sus hijos tuviesen muy en cuenta sus palabras, pues no hay mayor recompensa que la sonrisa sincera de felicidad de un hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocos días después falleció Takumi, y como primogénito, Haruto fue nombrado sucesor. El día en que tomó posesión del gobierno, hizo entrar en la gran sala a todos sus vasallos y les comunicó que un día a la semana estaría totalmente prohibido molestarle en absoluto; ningún asunto de estado, ningún acontecimiento por importante que fuera, le sería comunicado en ese día: el domingo seria El día de Juego&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Haruto hizo honor a su palabra y desde entonces él y todos sus descendientes han seguido la tradición; un día a la semana disfrutan de sus hijos y su familia olvidando y dejando a un lado todo lo demás. Por eso lo llamamos El día de Juego.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Cuando Sadayo terminaba su relato, llegamos a la cima de una pequeña loma. Nos tomamos un pequeño descanso para admirar la vista del valle que teníamos ante nosotros. A lo lejos, pude ver que todo estaba preparado para nuestra llegada en un confortable asentamiento. Tras una comida ligera, nos entregamos a un espléndido baño en las termas, en un hermoso paraje natural de aguas en permanente movimiento. Me pregunté cómo le habría ido a Mario y con qué exótico plato nos deleitaría en el barco para hacer alarde de sus lecciones. Mientras el sopor se adueñaba de mí, antes de caer en brazos de Morfeo, pensé en el relato de Sadayo y recordé que está en la naturaleza humana descuidar aquello que se ama, y que la auténtica consciencia de ello sobreviene sólo cuando aquello le falta. El hombre y la mujer emprenden a menudo grandes búsquedas sin reparar en que el mayor de los tesoros ya permanece a su lado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-6102585349370604574?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2008/10/el-da-de-juego.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_4CnuQ92pKI8/SOeT6Vk2kvI/AAAAAAAAAGo/hz9OQdloNLY/s72-c/El-dia-de-Juego.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-7353756978902634420</guid><pubDate>Sat, 05 Jul 2008 05:09:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-07-05T06:16:55.862+01:00</atom:updated><title>Tu otra mitad</title><description>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/SG8DFgWvJrI/AAAAAAAAAFQ/qSn4YUvKqww/s1600-h/tu-otra-mitad-blog.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5219393886265222834" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="195" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/SG8DFgWvJrI/AAAAAAAAAFQ/qSn4YUvKqww/s320/tu-otra-mitad-blog.gif" width="252" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una vez anotada la bella historia de Titania y Oberón en mi diario, me dirigí hasta la posada al encuentro de mis dos compañeros, Mario y Ramón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según me acercaba, pude observar cierto revuelo entre las gentes del lugar; había una considerable cantidad de guardias armados, la gran mayoría a pie. Tan solo había uno montado a caballo y cuatro monturas sin jinete. Entré en la posada y encontré a mis amigos sentados en compañía de un hombre de armas por cuyo atuendo supuse alguien importante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tardé en confirmarlo; Ramón me explicó que mi amigo el Jeque había tenido la amabilidad de hablar con un amigo suyo, Hiroshi (que significa generoso), un Señor de estas tierras niponas que nos daría alojamiento y protección durante nuestra permanencia en su bello país. El joven emisario de elegantes vestiduras se apresuró a pedir disculpas en nombre de su señor, pues era una costumbre de su casa celebrar el día de juego, y nada en el mundo haría que su señor faltara a la palabra dada por su antepasado. Me incliné aceptando las disculpas, y junto con mis compañeros de viaje, me dispuse a partir hacia las tierras de nuestro nuevo anfitrión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cualquier otro lugar, hubiesen resultado poco corrientes aquellas costumbres llenas de protocolo y respeto que aquellas gentes se profesaban. En mi mente rondaban aún las extrañas palabras de nuestro emisario. El día de juego… Había despertado mi curiosidad, pero como siempre, me alié con la paciencia hasta que aquella fuera saciada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos a la falda de una pequeña montaña rodeada de un doble muro de piedra. Bien guarnecida al otro lado se alzaba la fortaleza del señor de aquellas tierras. En el interior del segundo muro se levantaba la aldea, llena de vida y de gentes atareadas con sus cotidianos menesteres. Se respiraba armonía y equilibro en aquel lugar; nada estaba fuera de sitio, como si hasta el más irrelevante detalle tuviese un propósito y un fin. El canto del riachuelo, el soplo del viento atravesando las grietas de las ventanas, todo cuidadosamente diseñado para que invadiese una insólita sensación de bienestar. Era sencillo sentirse cómodo y protegido dentro de aquellos muros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en las puertas del pequeño palacete, nos invitaron a entrar hasta una especie de salón. Sutilmente, nos indicaron que debíamos descalzarnos. Poco después nos condujeron hacia un cuarto donde estaban preparadas unas grandes bañeras de agua caliente. Me sorprendieron el sigilo, la naturalidad y la eficiencia con la que nos despojaron de la ropa. Apenas reparamos, no sin cierto pudor, de que eran mujeres las que nos atendían con tal maestría y dedicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todo momento nos acompañaba Sadayo, nombre por el que respondía el joven emisario. Nos indicó la forma de meternos en las enormes tinas de agua que hacían las veces de bañeras; debíamos hacerlo muy despacio para no quemarnos, y una vez dentro, sin apenas movernos, dejar que nuestros cuerpos se relajaran y renovasen nuestras fuerzas con el calor del agua y el aroma de las hierbas que hervían en una tetera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de un tiempo, me desperté de un ligero sueño dentro de la tina. Un leve movimiento en el agua había llamado mi atención. Acababa de entrar en la estancia un hombre de porte sereno y mirada penetrante que nos observó con curiosidad. A su alrededor, una nube de mujeres -que después supe llamaban geishas- revoloteaba a su alrededor colmándole de atenciones para que tomara su baño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez acomodado, nos saludó con una leve reverencia de su cabeza y después cerró sus ojos disfrutando del baño sin duda como nosotros. Unos minutos después dedicó una mirada pausada a cada uno de mis compañeros, hasta que sus ojos finalmente se posaron en mí. Comentó que su amigo el Jeque no se había equivocado en nada al describirnos. Nos dio la bienvenida y expresó su deseo de conocer nuestra historia en una conversación después del baño, tomando una taza de té.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestras ropas no estaban en su sitio, de modo que nos pusimos las que nos dejaron en su lugar. En realidad, nos vistieron las mismas solícitas mujeres de manos suaves y mirada huidiza que pululaban a nuestro alrededor. Antes casi de acertar a reaccionar, nos encontrábamos completamente vestidos, y tuvimos que reprimir las carcajadas que asomaban a nuestras gargantas cuando nos observamos unos a otros, pues aquellos ropajes tan poco convencionales nos daban un aspecto excéntrico a nuestros ojos. Después del primer impacto, Sadayo, el joven emisario, divertido por nuestro desconcierto y con una sonrisa en los labios, nos pidió que le siguiéramos hasta la sala de té, donde su señor nos estaba esperando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entramos en una sala de tamaño medio, ventilada por el viento del norte. En el centro de la habitación había una mesa baja con todo dispuesto para tomar la infusión de hierbas aromáticas a las que llamaban té. Hiroshi estaba aguardándonos, y con un leve movimiento de cabeza, nos indicó que nos sentáramos frente a él. No mediamos palabra hasta que las mujeres dejaron todo dispuesto y se retiraron silenciosamente.&lt;br /&gt;Nuestro anfitrión dijo que llevaba días esperando nuestra llegada. Nuestro amigo común, el Jeque, le había relatado brevemente nuestra historia y mi costumbre de anotar los cuentos y leyendas que escuchaba a lo largo de mi viaje. Comento que estaba muy interesado en escucharlas, pues desde que era sólo un niño, había amado la costumbre de su abuelo de narrarle bellas historias, y desde entonces no había repetido aquel placer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de ponerle en antecedentes de todo lo acontecido, el silencio invadió la estancia. Hiroshi, con la mirada perdida en algún remoto lugar de su memoria, comenzó a hablar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Hace muchos años me ocurrió algo que, acaso por mi juventud, escapó de mi entendimiento. Mi abuelo me contó una bella historia que me gustaría compartir contigo y tus compañeros, Racsol de Tulohan, en gratitud a vuestra conversación, que soy capaz de reproducir aquí con absoluta exactitud, tal como él lo hacía conmigo. Creo que tu cuaderno de notas y tus bellas palabras harán honor a ella:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padre estaba en guerra con otro señor, Takeshi (que significa hombre fuerte), por un desacuerdo en la pertenencia de unas tierras. Eran constantes las escaramuzas y asaltos por ambas partes. Tanto mi padre como el señor Takeshi eran poderosos y testarudos, de modo que la guerra se prolongó durante muchos años. Al principio, debido a mi corta edad, no me era permitido acompañar a mi padre durante los asaltos y enfrentamientos, pero cuando se consideró que tenía la madurez suficiente para ir a la batalla, mi padre y señor me entregó mi espada y por primera vez pude participar en combate. Solicité a mi padre que no me concediese privilegios, pues había sido educado en la humildad y mi deseo era servirle como cualquier soldado hasta revelarme merecedor de otros honores. El me miró fijamente y asintió satisfecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trabajé duro y, a base de mucho esfuerzo, me forjé como un auténtico soldado, si bien el horror de la guerra y la muerte me volvió silencioso, meditativo y taciturno. Un día mi padre requirió mi presencia en la sala de armas. Me dijo que la guerra había agotado su presencia de ánimo, y hablando con sus generales había llegado a la conclusión de que la única manera de acabar con ella era que uno de los dos líderes muriera. Lógicamente, él quería adelantarse a su enemigo. Habían pensado que un solo hombre tendría más fácil la tarea de llegar hasta él y quitarle la vida. Mi padre dijo que yo era el elegido para aquella misión, pues de esa manera me ganaría el respeto y la admiración de todo nuestro pueblo y podría sentarme a su lado con honor, que era donde por derecho me correspondía estar. Acepté el compromiso aún sabiendo que sería más que probable que perdiese la vida en el intento. No negaré que reconocí la preocupación tras el orgullo que la mirada de mi padre me otorgaba, pero aunque pueda resultar difícil de entender para aquellos ajenos a nuestra cultura, dar la vida por la noble causa de mi casa era el auténtico privilegio del guerrero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante meses me prepare para ello. Fui entrenado en todas las artes y técnicas posibles. Cuando estuve preparado, se me entregó un corcel y una espada y puse rumbo hacia las tierras de Takeshi. No tenía un plazo para cumplir mi cometido ni prisa en llegar, de modo que dejé que mi montura eligiera el paso. Mientras tanto, empecé a prestar atención a todo cuanto me rodeaba; el tener conciencia y casi la certeza de la propia muerte hizo que mis sentidos se agudizaran de manera singular. Nunca antes me había fijado en la belleza de las cosas: en el viejo árbol, el mecer de hierba, en cómo acaricia la suave brisa las hojas del almendro, o en cómo el canto del agua cristalina de un arroyo, cuando impacta sobre las piedras a su paso, rivaliza con la melodía del ruiseñor en la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de una semana a caballo llegué a la frontera con las tierras de Takeshi. Durante el largo trayecto, en mi soledad, había tenido tiempo de reflexionar y concentrarme en todos mis movimientos. A partir de ese instante viajaría bajo la luz de la luna buscando las sombras del camino para pasar inadvertido, pues mi montura era negra zahína y mis ropas tenían aquel mismo color. Apenas quedaba otra semana a caballo hasta llegar al bastión de mi enemigo, y no sabía el tiempo que me llevaría infiltrarme y apagar la vida de Takeshi, suponiendo que pudiera llegar hasta él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al tercer día en territorio enemigo, mientras la oscuridad me daba cobijo en mi clandestino viaje, un grito lejano hizo que mi corcel se parara en seco y que yo agudizara mi oído. Pude percibir el sonido inconfundible de una sorda lucha en la oscuridad. Espoleé a mi montura hasta llegar al lugar del combate. Unos bandidos estaban asaltando un palanquín y dando cuenta de la guardia gracias a una elaborada emboscada. Ante tamaña desigualdad, me lancé a la carga y entre en combate. Despuntaba el alba cuando los bandidos se dieron a la fuga. Me dirigí al palanquín para ver quién era la persona a la que protegían los guardias con tanta tenacidad, cuando mi camino fue cortado por dos de ellos con las manos en las armas. Me dieron las gracias por la ayuda y me pidieron amablemente que me alejara del lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una voz dulce, casi en un susurro, les ordenó que me permitiesen acercarme, pues sería una descortesía no expresar la debida gratitud a quien había arriesgado la vida por defender la de un completo desconocido. Los guardias, con una inclinación de cabeza, me permitieron el paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cortina que cubría el interior del palanquín fue retirada grácilmente. Dentro había una hermosa joven que me miraba con curiosidad y una ligera sonrisa en los labios. En ese momento sentí algo extraño en mi interior y perdí el habla. Ella me dio su nombre: Aiko (significa niña de Amor) y que dijo ser la hija de Takeshi, señor de aquellas tierras. Mi mente se puso en funcionamiento velozmente y planificó una treta. Aquella podría ser la única posibilidad de llegar hasta Takeshi sin correr riesgos innecesarios; la fortuna estaba de mi parte, y en contra de la de mi enemigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me presenté como Hiroshi y conté que buscaba fortuna, de manera que ofrecí mis servicios a tan noble dama. Ella asintió y me dijo que su padre me compensaría por mis servicios y que sabría encontrar utilidad a valerosos mercenarios como yo necesitaba, pues se empeñaba en mantener una absurda guerra con su vecino por un trozo de tierra infértil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquellas palabras sonaron mías. Yo pensaba de igual manera, si bien había sido educado para respetar los deseos de mi padre sin cuestionar los asuntos políticos en los que tal vez algún día debiese involucrarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía quedaban varios días de viaje hasta llegar a la fortaleza con el palanquín. El viaje se hizo más largo y durante ese tiempo pude disfrutar de la compañía y conversación de la joven Aiko, bajo la constante y severa mirada de sus guardias personales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el primer momento en que nuestras miradas se cruzaron, algo insólito había ocurrido. Me sentía cómodo en su compañía, y al parecer aquel bienestar era recíproco, pues ella también buscaba la mía constantemente ante la desaprobadora mirada de quienes la proseguían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de otros seis días de viaje llegamos a la fortaleza. Fuimos directamente a la casa del señor de esas tierras y fui llevado ante la presencia de Takeshi. A punto estuve de quitarle la vida en aquel preciso momento, pero la prudencia se impuso y continué con la farsa del soldado de fortuna con la esperanza de encontrar mejor ocasión para cumplir mi cometido. En mi interior, deseaba cumplir con mi objetivo conservando mi propia vida, pues deseaba volver a disfrutar de la compañía de Aiko una vez más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con solemnidad y reconocimiento, me dio las gracias por salvar la vida de su hija y me ofreció unirme a sus filas como guardia personal de la princesa Aiko. Acepté de inmediato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron los días, las semanas y los meses. Una tarde acompañé a la princesa Aiko a dar su paseo por el campo vecino, hasta llegar a un lugar donde yo nunca había estado antes; aquel lugar era un verdadero remanso de paz. Como siempre, ella se sentaba y después me pedía que la hiciese compañía. En aquel momento, bajo las últimas luces del ocaso, comprendí al observarla que la había amado desde el primer día que la vi. Decidí entonces que había llegado el momento de imponer mi misión y cumplir con mi palabra de arrebatar la vida de Takeshi. De dar vía libre a mis sentimientos, éstos podrían evitar que hiciese cualquier cosa que pudiese hacer sufrir a su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aguardé a que llegaran las noches sin luna. Mi noble actitud y las buenas retribuciones de mis servicios hacían presumir mi lealtad en mis enemigos, de modo que conocía de antemano todos los movimientos de la guardia. Tal como lo había planeado mil veces, llegué hasta el lecho donde dormía Takeshi y desenfundé mi espada forjada por mis antepasados, bautizada con sangre con el nombre de Yami (que significa oscuridad) y la alcé para asestar el golpe fatal a mi enemigo. De pronto fui apresado por multitud de brazos y arrojado al suelo. No comprendí qué había fallado en mis cálculos. Fui brutalmente apaleado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo el Palacio abandonó su plácido sueño y fui llevado a rastras hasta una sala inmensa donde se decidían los asuntos de Estado. Me pusieron de rodillas frente a Takeshi, que como un tigre furioso, recorría la estancia de una parte a otra. Me dijo que nunca había confiado en mí, que me tenia constantemente vigilado y que sospechaba mis intenciones. Lo que no conocía era el motivo, y quería arrancármelo en confesión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resignado ante mi destino, ya no tenía nada que temer. Le expuse mis motivos: había sido enviado por mi padre Tomoko (que significa amigable) con la esperanza de que, si acababa con su vida, acabaría también con la guerra. Me liberé ante la muerte expresando el pensamiento de que era absurdo arrancar tantas vidas por un trozo yermo de tierra que bien podría haberse dividido en dos, o buscar otra solución más ecuánime y certera que la devastación y la miseria a la que había conducido este conflicto. Le dije que no me arrepentía de nada, y que si había tardado tanto en actuar, era porque amaba a su hija. Ella era la que le había salvado la vida, pues en otras circunstancias, hubiese encontrado una mejor forma de cumplir mi tarea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin darme cuenta, la princesa Aiko estaba asistiendo a aquel juicio improvisado con lágrimas en los ojos. Takeshi ordenó que fuera ajusticiado, y como hijo de un señor de la guerra, me concedió la oportunidad de hacerlo yo mismo con honor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando iba a cumplir mi destino, un grito me distrajo y asombrado vi como Aiko se echó a los pies de su padre y entre lágrimas le suplicó que la escuchara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su padre asintió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella le preguntó si recordaba la historia que le contaba su madre. Él, con cierto dolor reflejado en su rostro ante el recuerdo, preguntó por cuál de las historias se refería. Aiko respondió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hace mucho tiempo, cuando el señor de todas las cosas, el creador, hizo al hombre y a la mujer, los puso juntos para que se amasen y de ese amor naciese la humanidad.Los hizo distintos en todos los sentidos, excepto en que les dio un solo corazón para ambos, que tendrían que compartir eternamente. Cuando ellos incumplieron el compromiso que tenían con el creador, éste les desterró y dividió el corazón dándoles una mitad a cada uno y condenándoles a vivir separados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, tanto los hombres como las mujeres, se pasan la vida vagando sin saberlo, buscando desesperadamente su otra mitad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre me dijo que tú eras su otra mitad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, padre, mi señor, te ruego que no des muerte a este hombre, pues él es mi otra mitad. Él me salvó de una muerte segura y desde el primer día en el que se cruzaron nuestras miradas, le he amado en secreto. Él no ha venido a quitarte la vida por gloria propia, sino por la devoción que a nuestros padres se nos exige a los hijos. Por el amor a un padre testarudo pero humano, como el mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Takeshi, ante las palabras de su hija, permaneció pensativo y con un gesto ordenó que me llevaran a las mazmorras, donde permanecí más de un mes. Después, entre varios guardias me llevaron a que me asearan y me condujeron ante la presencia de Takeshi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más verme me preguntó si era cierto que amaba a su hija. Contesté afirmativamente y él me respondió que me dejaría en libertad para que llevase un mensaje a mi padre. Quería que le dijera que había llegado la hora de poner fin a la guerra por medio de las palabras en lugar del acero teñido por la sangre de sus siervos y hermanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de casi un año regresé a mis tierras y me reencontré con mi padre, que me había dado por muerto. Escuchó con atención de mis labios todo lo que había acontecido desde que partí hasta mi retorno, sin omitir un solo detalle. También algo se conmovió en el férreo corazón de mi padre, y poco después Se concertó una reunión en la que solo los dos grandes señores estuvieron presentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquella reunión no sólo se firmó la paz, sino también un acuerdo que terminó en boda; los dos clanes, la casa de Takeshi y la de Tomoko, se unieron para ser uno solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo llevo el nombre de mi abuelo, Hiroshi, el cual me enseñó que todos, absolutamente todos, tenemos nuestra otra mitad en algún sitio, mas sólo unos pocos privilegiados por la fortuna y la voluntad consiguen encontrarla.”&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Había pasado casi una hora sin darnos cuenta. La sala de baño estaba orientada hacia poniente premeditadamente como descubrí después, cuando Hiroshi susurró algo a una de las geishas y éstas descorrieron las mamparas de la estancia permitiéndonos observar fuera. El silencio invadió la estancia ante la magnífica puesta de sol que podíamos apreciar en el exterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez terminada la velada con una exótica cena, ya en mis aposentos me dispuse a anotar la historia en mi diario. Entonces encontré una anotación en la que no había vuelto a pensar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El día de juego”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-7353756978902634420?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2008/07/tu-otra-mitad.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/SG8DFgWvJrI/AAAAAAAAAFQ/qSn4YUvKqww/s72-c/tu-otra-mitad-blog.gif' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-1345872487990382349</guid><pubDate>Sat, 22 Dec 2007 17:36:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-12-22T18:40:19.631+01:00</atom:updated><title>El claro del bosque</title><description>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/R21L90RFxRI/AAAAAAAAAEo/fwsCmOs__R0/s1600-h/claro-del-bosque2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5146853474528773394" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/R21L90RFxRI/AAAAAAAAAEo/fwsCmOs__R0/s320/claro-del-bosque2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quiero contaros una leyenda, como tantas otras, milenaria. Iremos a un bosque donde el sol juega y hace dibujos en la sombra. Es en un claro entre la espesura, donde un árbol dormido fue testigo de un gran romance; un amor que sin embargo no fue tal en un principio, sino que surgió – paradójicamente-, de la burla y el desprecio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace mucho tiempo, este hermoso bosque rebosaba una vida que ahora es difícil de apreciar, pues se oculta con empeño a los ojos extraños, fenómeno digno de otra historia que no corresponde explicar ahora. Como decía, hace miles de años, los duendes, las hadas, los elfos y demás seres del bosque se ocupaban de sus asuntos, mirando con recelo a todo aquel que entraba en el bosque, pero sin llegar a ocultarse de ellos. Entre estos mágicos habitantes existía un hada llamada Titania. Como todas las hadas, era guardiana de los bosques y de la naturaleza y llenaba de felicidad y alegría a los seres mortales cuando estaba cerca de ellos. Pero Titania no era un Hada como las demás; tenía sangre humana, pues su madre se enamoró de un hombre humano, y ella nació como resultado de aquel amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había heredado de su madre la magia y el aspecto propios de su raza, y de su padre, el carácter burlón, la arrogancia y la falsa superioridad arraigada en los humanos. Se creía superior por ser quien era. Siempre se reía de todo y de todos, y poco a poco fue quedándose sin amigos con los que hablar. Ella, creyendo que se alejaban por sus envidias y complejos, los dejo ir sin más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vagaba por el bosque cantando y riendo siempre en solitario, y así pasó mucho tiempo. Poco a poco, fue notando que algo no iba bien. La soledad como compañera no era tan buena como cabría esperar y su permanencia fue haciéndose más pesada día a día. Sus paseos por el bosque fueron prolongándose cada vez más, hasta alejarse de las zonas que ella conocía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día, en uno de estos largos paseos, escuchó en la lejanía que alguien cantaba con una bonita voz. Aún se encontraba lejos y no llegaba a entender del todo las palabras que acompañaban aquella melodía, así que se fue aproximando con ánimo de comprender. Cuanto más se acercaba, más crecía su curiosidad. Cerró los ojos y se balanceó al ritmo del canto, dejando que su mente absorbiera esas palabras que jamás había oído antes, pues aquella voz era como un hechizo y por primera vez en mucho tiempo le inundó el bienestar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una balada que había tocado su corazón; quien la cantara debía de ser un ser extraordinario. Pensó que después de tanto tiempo en soledad, alguien que pudiese cantar así sería necesariamente una grata compañía. Decidió saludar al extraño y dirigió sus pasos hacia donde sonaba la melodía. Entre el follaje pudo vislumbrar un claro del bosque en el cual los rayos del sol jugueteaban con el polen y acariciaban la verde hierba llenando de magia ese pequeño rincón del profundo bosque. Justo en mitad del claro, el tronco de un árbol servía de asiento para la criatura que cantaba. Vestía ropas de vivos colores que hacían juego con el brillo de la hierba iluminada por la luz del astro rey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Titania, aún llena de curiosidad, continuó avanzando hasta ver de cerca quién era. Una mueca de burla y sorpresa asomó a su rostro, pues no se trataba de otra cosa que un duende. Aún a pesar de su decepción, su soledad la empujó a entablar conversación con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se saludaron cortésmente, y se dieron los nombres: Titania el Hada; Oberón el Duende.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La curiosidad de Titania no disminuyó mientras observaba a Oberón. Había visto a otros duendes, claro está, y siempre le habían parecido criaturas ridículas y elementales, que hacían un buen trabajo protegiendo el bosque pero que resultaban seres feos y despreciables… Este Oberón, sin embargo, era distinto; tenía otro porte, su voz era algo especial, su mirada clara, atenta y llena de la misma curiosidad que la suya. Hablaron durante un rato de cosas banales mientras se observaban mutuamente. Oberón con aquella divertida curiosidad, y Titania con cierta burla intencionada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron los días y Titania seguía en su lastimera soledad. Sólamente la compañía sincera y silenciosa de los animales del bosque la mitigaban. Sin darse cuenta, sus pasos se dirigieron hacia el oculto claro del bosque. Conforme se aproximaba, volvió a escuchar la melodía y se acercó hasta el límite del claro oculto entre los árboles, cerrando los ojos y escuchando nuevamente a Oberón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de que el terminase de cantar, entró en el claro, tomo asiento en el tronco junto a Oberón y empezó a saciar su curiosidad asaltándole con preguntas sobre su ridícula vestimenta. Él contestó que le gustaba llevar los colores del arcoíris, y que el aspecto exterior no tenía importancia, pues se trataba tan sólo de la superficie; lo importante, al igual que en el bosque, no es su linde, sino lo que alberga en su interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Día tras día, Titania regresaba al claro donde Oberón la esperaba pacientemente. Aunque él no pertenecía a aquellas tierras, decidió quedarse conmovido por la tristeza y la soledad que delataban los ojos de Titania y que ella jamás confesaba. No sabía muy bien la razón, pero aquella hada de tersa piel blanquecina le atraía sobremanera, y quería averiguar cómo sería su rostro cuando regresara el brillo del entusiasmo a sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus encuentros fueron constantes. Cada día que pasaba el tiempo que permanecían juntos aumentaba, y Titania fue dejando de burlarse sobre el aspecto y la apariencia de su colorido amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día, mientras Oberón cantaba y Titania escuchaba con los ojos cerrados, con el cabello mecido por la brisa, entró en el claro del bosque un ciervo con una mortal herida. Oberón se levantó de inmediato y con paso firme se acercó al ciervo, que no se aparto de él. El duende, con lágrimas en los ojos, trató de curar al ciervo con su magia, pero ya era demasiado tarde y ni el mejor de los cuidados pudo haberle salvado. Entonces, de su pecho salió una dulce canción aprendida en el ancestral lenguaje de los elfos, y permaneció acariciando el lomo del animal. Era tal la dulzura de aquella melodía y había tanta compasión, amor y pasión en ella, que todos los animales cercanos se detuvieron a escuchar. El agitado corazón del ciervo se serenó y con su cabeza apoyada mansamente en el regazo de Oberón, cerró sus ojos para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Titania se asombro de la ternura de Oberón, y en cómo después, con sus propias manos, enterró al ciervo en un lugar de aquel claro del bosque. Le explicó a Titania que él procedía de otras tierras y que tuvo que tomar una decisión; quiso comprobar si las noticias que le llegaban de todos los lugares eran ciertas. Le habían advertido de que los hombres ya no cazaban animales para alimentarse, sino que lo hacían también por diversión. Era su responsabilidad observarlo con sus propios ojos y decidir si su pueblo debía usar la magia para ocultarse de los humanos, pues aunque nunca antes habían afectado a las criaturas mágicas del bosque, su perpetuo recelo bien podría convertirse próximamente en una agresión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Titania se marchó, pero en sus pensamientos aún sonaban las palabras de Oberón. ¿Quién era su pueblo en realidad? La actitud del hada se había ido transformando gracias a la influencia del duende; su sonrisa había dejado de ser burlona y se había vuelto sincera. Las demás gentes del lugar notaron el cambio y poco a poco volvieron a ofrecer su amistad a la hermosa Titania, que alternaba su compañía con la de Oberón en su claro. Ella ya no veía al duende de colorida vestimenta y orejas puntiagudas, sino a una criatura especial que le había enseñado inmensos mundos interiores -hasta ahora desconocidos para ella-, tan sólo con las palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de esos días algo llamo la atención de Titania. Según se aproximaba al claro del bosque, no escuchó a Oberón cantar. Esto la agitó, pues nunca había contemplado la posibilidad de que él no estuviera ahí. Para su alivio y sorpresa, él no se había marchado. Y el alivio se debió a que estaba sentado en el árbol dormido, y sorpresa porque su rostro denotaba una tristeza que antes no había visto en él. Quiso saber el porqué de su semblante, y él respondió que había tenido noticias de su tierra, y debía regresar, pues todos los seres mágicos del bosque estaban en peligro. La explicó que su viaje había concluido mucho tiempo atrás, pero que había permanecido en estas tierras sólo por ella; lo que en un principio motivó la curiosidad, lo había perpetuado el nuevo brillo en los ojos de Titania, impidiéndole marchar. Ahora era su deber como Rey de los Duendes; tenía que avisar a su pueblo y utilizar la magia para ocultarse de los hombres para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Titania no entendía lo que le ocurría. Cuando escuchó las palabras de Oberón, algo aprisionó su pecho en una sensación que resultaba completamente nueva. Lo único que sabía con certeza es que no deseaba que Oberón se marchase de su lado. De sus labios brotaron unas palabras que jamás creyó que diría, y menos aún a alguien como Oberón. En un deseo irresistible de sincerarse y retenerle, habló como ningún hada había hablado a otro ser, y Oberón, con un brillo especial en los ojos, selló los labios de Titania con una mano temblorosa, haciéndola callar y contestando él:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“&lt;em&gt;Titania, Hermosa Titania… no continúen tus palabras, pues son como dagas en mi corazón. Ese mismo sentimiento arraigó mucho tiempo atrás en mí y yo te he amado de igual modo. Acudí a este lugar buscando señales y encontré a una hermosa criatura, solitaria y perdida. Quise ayudarla y sin darme cuenta me enamoré de ella. No pude irme porque te amaba, y no pude decírtelo porque nunca pensé que tu sintieras algo por un ser de aspecto tan ridículo como el mío, pero al fin has aprendido: has mirado mas allá de la superficie y has visto el interior, como al descubrir nuestro claro en lo más recóndito del bosque.”&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Titania le suplicó que no se marchara, o que la llevase con él si lo hacía. Él le explicó que no sería posible, pues si ella permanecía a su lado, su pueblo no podría ocultarse a los ojos de los demás. Ella, conociendo el noble corazón de Oberón, comprendió que lo daría todo por su pueblo y jamás antepondría su propio egoísmo. También comprendió por sus palabras que todo el mundo mágico de los bosques estaba en peligro, y que incluso las hadas debían ocultarse a los ojos de los hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oberón no quiso marcharse sin más; antes, le prometió que aquel mágico lugar, aquel claro del bosque, sería exclusivamente para ella y nadie más podría descubrirlo, pues un encantamiento lo protegería de las miradas ajenas. Realizó su conjuro y dejó su canción en la brisa para que, cuando Titania buscara refugio junto al árbol dormido en el claro, pudiera disfrutar siempre de su música.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, en lo más profundo del bosque, cuando el sol acaricia las copas de los arboles, se escucha siempre una hermosa melodía, y es tanto el amor el que hay en ella que encoge el corazón, incluso el de los hombres. Aún hoy en nuestros días nadie ha encontrado el misterioso lugar de donde procede, aunque ocasionalmente alguien cuenta con temor que ha vislumbrado a una hermosa doncella desaparecer entre la espesura. Se trata sin duda de Titania, la Reina de las Hadas, que vuelve al mismo lugar donde perdió su corazón, pero también donde aprendió del Rey de los Duendes que ella también lo tenía.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-1345872487990382349?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2007/12/el-claro-del-bosque.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/R21L90RFxRI/AAAAAAAAAEo/fwsCmOs__R0/s72-c/claro-del-bosque2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-1480980044620801512</guid><pubDate>Sun, 27 May 2007 12:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-05-27T13:12:16.599+01:00</atom:updated><title>De Amkro a Racsol</title><description>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/Rll0SCoQovI/AAAAAAAAADc/RvsS2Zwn3xg/s1600-h/el_camino_by_kiribujito.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5069210708874404594" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/Rll0SCoQovI/AAAAAAAAADc/RvsS2Zwn3xg/s200/el_camino_by_kiribujito.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una fugaz niebla nos recibió a la entrada a puerto, cuando por fin habíamos llegado a tierras niponas. Durante la travesía había conseguido convencer a mis amigos para que me acompañaran tierra adentro, con la promesa de regresar con ellos y conocer la amada tierra de Mario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mario y Ramón hablaron con el Capitán sobre su decisión de quedarse en tierra, y le pidieron que les liberara de su compromiso. Éste aceptó de mala gana, pues habría de prescindir de dos buenos integrantes de su tripulación, sin contar con la pérdida de un cocinero y amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más pisar tierra y después de despedirme del Capitán y de la tripulación, busqué la fonda donde los comerciantes solían dejar sus mensajes, tal y como aprendí de mi gran amigo el Jeque. Nada más llegar a tierras filipinas, y antes de adentrarme en tierra firme, envié una carta a mis amigos Amkro, Turawet, la pequeña Sarah y su hermano. Esperaba encontrar noticias suyas, pues les había indicado a qué destino habían de remitir su carta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como preveía, una misiva de Amkro estaba esperándome. Ansioso por saber de él y los suyos, me dispuse a leerla allí mismo, cuando Ramón prudentemente me sugirió que no precipitase una lectura tan esperada, que buscásemos alojamiento y la leyera con total tranquilidad en la intimidad de mis aposentos. Si bien tenía razón en que debía tener paciencia, no deseaba leer la carta de Amkro en un recinto cerrado, sino al aire libre y con la luz natural del día, como solíamos conversar durante nuestros viajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí de la posada donde nos hospedábamos y en un paseo me dirigí hacia las afueras del puerto, siguiendo un frondoso sendero en dirección norte. Media hora después escuché el ruido que hace el agua cuando encuentra en su camino la piedra que obstaculiza su libertad y me adentré en busca de aquel riachuelo. Unos metros más adelante lo encontré, y sirviéndome de un árbol tumbado a modo de banco y a la sombra de un enorme helecho, me dispuse a leer:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Querido Racsol, amigo mío, no imaginas cómo has llenado de alegría nuestros corazones con tus noticias. Las lágrimas se hicieron dueñas de mis ojos, y por unos instantes me fue imposible leer. Nunca imaginé que me emocionaría tanto un trozo de papel, aunque en realidad fuesen tus palabras y el saber que estás vivo y que nos tienes siempre presentes a mí y a mi familia –que es también la tuya-, lo que realmente me conmueve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debo confesar que después de tan largo tiempo sin saber de ti, temíamos lo peor. Siempre he confiado en que estarías a salvo y que tarde o temprano te pondrías en contacto con nosotros, pero en ocasiones incluso mi presencia de ánimo ha flaqueado. Sabes tan bien como yo que a ti y a mí el paso del tiempo no nos afecta de igual manera que a los nativos de este mundo; para nosotros, estos años han representado tan sólo unos meses, pero para Turawet, Sarah y para el pequeño Racsol (a quien así nombramos en homenaje a ti, amigo mío) ha sido un tiempo más difícil de llevar, en el que te han echado en falta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te echo de menos, amigo mío. Como te dije anteriormente, estaba acostumbrado a tu silenciosa presencia y me sigue faltando a menudo, pero también debo confesar que me gusta la vida que llevo, que soy feliz y que no cambiaría por nada de este mundo o de cualquier otro lo que Turawet me ha dado a cambio de tan poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sarah se ha convertido en una jovencita hermosa. Me ha pedido de nuevo poder guardar tu carta cuando yo me cansara de leerla y releerla. Aún conserva la anterior, ¿no te parece conmovedor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respecto al pequeño Racsol, ¿qué podría decir un padre orgulloso? es la viva imagen mía, según dicen, y resulta fácil de creer por su carácter y atrevimiento. Tendrías que verlo; aún con sus siete años, ya es todo un hombrecito que no le teme a nada, y he de admitir que eso me preocupa, pues bien es sabido que no hay prudencia sin temor, y la imprudencia es manantial de los más caros errores. Tú siempre fuiste mi prudencia, y cuando te marchaste pensé que tendría problemas. Sin embargo, sabías que me dejabas en buenas manos. Me dejabas con Turawet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Has vuelto a preocuparnos de nuevo con tu relato sobre lo acontecido en el barco que encontrasteis a la deriva, ése al que llamáis de “negreros”. Turawet se volvió a enfadar contigo por hacer peligrar tu vida nuevamente y no pensar en las personas que tanto te quieren. Insiste en que des por terminado tu viaje y que vuelvas con nosotros, para así volver a disfrutar de tu compañía. Me sumo hoy a esa petición, amigo mío, pues ahora a la exigencia de su madre se ha unido Sarah, y no imaginas lo que suponen dos mujeres con un temperamento como el suyo en la misma casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que contarte que, aunque sabes que no me gusta intimar con los extraños, he conseguido adaptarme a las gentes de este lugar y tengo un hueco entre los hombres de este pueblo. Sé que me aprecian y yo correspondo de igual modo. Nos reunimos todos los días al atardecer, para charlar y tomar un trago después de un duro día de trabajo; hablamos del pueblo y de las inquietudes de cada uno. Me gustaría que estuvieras cuando se reúne con nosotros un hombre llamado Andrés, quien posee el don de la palabra, igual que tú, amigo mío. Cuenta historias que en ocasiones no sé si creer, pero que por su arte en la narración, resultan tan reales que todos los que las escuchamos quedamos hechizados por su voz. Sé que acabo de despertar tu interés y me imagino las mil preguntas que me querrías hacer, de modo que me esforzaré en escribirte una de las más hermosas historias que he oído. Quiero que la anotes en ese incansable cuaderno tuyo. Soy consciente de que no será igual que si la escribieras tú o la relatara Andrés, pero no dudo que cuando la transcribas a tu cuaderno, sabrás hacerle honor como el bello relato que es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha llegado el momento de despedirme y enviarte el más grande de los abrazos de parte de todos, rogándote que no demores tus próximas y que vuelvas pronto a nuestro lado, esta vez para quedarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta pronto, amigo mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PD: Las siguientes páginas corresponden al relato que te prometí.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve que concederme un respiro para empezar a leer el relato que me había trascrito mi amigo Amkro, pues la emoción me embargaba. El tener noticias suyas y de su familia me había hecho añorarles profundamente. Volví a leer la carta de nuevo, recreándome en todo lo que mi amigo me contaba. Había mejorado mucho su forma de expresarse, pues antes era más parco en palabras y ahora se apreciaba mayor soltura en ellas. Turawet habría tenido mucho que ver con aquella evolución que yo apreciaba para bien. Especialmente delataba su cambio las reuniones con los hombres del pueblo, pues tanto él como yo éramos reservados y solitarios por naturaleza. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Continua.....&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-1480980044620801512?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2007/05/de-amkro-racsol.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/Rll0SCoQovI/AAAAAAAAADc/RvsS2Zwn3xg/s72-c/el_camino_by_kiribujito.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-6923417244902063093</guid><pubDate>Sun, 01 Apr 2007 21:11:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-04-01T22:39:29.799+01:00</atom:updated><title>La Voz del Silencio</title><description>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RhAmdRyadwI/AAAAAAAAADU/DCruaSEBp5A/s1600-h/Let_The_Pillow_Take_The_Blame_by_violent_disorder.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5048577466715240194" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RhAmdRyadwI/AAAAAAAAADU/DCruaSEBp5A/s200/Let_The_Pillow_Take_The_Blame_by_violent_disorder.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Bajo la luz de la luna, como era ya costumbre en nosotros, dejamos que nuestro silencio acompañara nuestros pensamientos. Mario, Ramón y yo seguíamos compartiendo esos silencios y creo que todos pensábamos en la pequeña aldea que habíamos dejado atrás. Una semana en el tiempo no es nada comparado con lo que llevábamos en nuestros corazones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos vuelto al barco para continuar con nuestro viaje. Las despedidas no son nunca alegres y menos aún cuando se tiene la certeza de no volver a estar junto a las personas a las has aprendido a apreciar. Las lágrimas de Mamá Elise se derramaron sin consuelo y pude sentir su estremecimiento cuando me dio un último abrazo. Con un susurro me dio las gracias por la oportunidad que le habíamos brindado junto a la hoguera, cuando su corazón aligeró parte del peso de su desconsuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una nube solitaria acunó a la luna entre sus brazos, y durante unos breves instantes dejó de lucir su hermosa luz. Mis pensamientos se dirigieron entonces hacia mis amigos Amkro, Turawet y la pequeña Sarah… Hacia ya mucho tiempo que no sabía de ellos y albergaba la esperanza de que a mi llegada a tierras niponas volviese a tener noticias suyas, pues tal como me enseñó mi amigo el Jeque, utilizaría el correo de los mercaderes antes de empezar la travesía por el mar Índico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aspiré el aroma de la noche y presté atención a la canción de las olas; era un momento mágico en el que, si hubiera oído cantar a nuestra sirena indecisa, me hubiera tirado al agua sin pensarlo para ayudarla a mitigar el dolor de su corazón. Era una de esas noches en las que el corazón de los hombres se hincha de tal manera que parte de lo que hay encerrado dentro sale sin ni siquiera reparar en ello. Eso es lo que le ocurrió a nuestro amigo Ramón. El callado y silencioso Ramón…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Aún cuando cierro los ojos la recuerdo con toda claridad; ni siquiera el haberme marchado al otro lado del mundo ha servido de algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nací y me crié en un pueblecito costero en España. Apenas unos días antes de nacer yo, también nació una niña en casa de nuestros vecinos, que le pusieron por nombre Alejandra. Nos criaron juntos y desde muy pequeñitos fuimos inseparables; íbamos a todos los sitios juntos, agarrados de la mano. Si ella lloraba, yo también. Si yo me hacia daño, ella me consolaba. Éramos como dos hermanos. Fuimos creciendo y pasamos de ser hermanos a amigos. No teníamos secretos el uno con el otro. Aquellos días fueron felices… muy felices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestros cuerpos y quehaceres diarios fueron cambiando. Ella se convirtió en una hermosa mujer y yo en apuesto joven que empezó a mirarla con otros ojos -y no precisamente con los ojos de un hermano-. Poco a poco nos fuimos distanciando. Sin embargo, continuábamos buscándonos al final del día para contarnos todo lo que nos había pasado con el mismo entusiasmo de siempre. Sólo había un problema, y es que yo no le podía confesar todo como antes; no podía contarle lo que me ocurría cuando la veía, porque no sabía lo que me estaba ocurriendo. Tenía miedo de decirle que… tenía miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó el tiempo. Su actitud conmigo no había cambiado en absoluto, y como siempre, nos reuníamos al atardecer junto a un viejo y destartalado bote para ver la puesta de sol. Era nuestro rincón. Yo estaba perdido. Actuaba como si no me ocurriese nada, pero me encontraba confuso y desconcertado junto a ella. Me había perdido en el fondo de sus ojos negros, en el contorno de su cuello, en el aroma de su sedoso pelo. Me había perdido en su sonrisa y en su voz. Estaba perdido de amor.&lt;br /&gt;De madrugada, solía entrar anónimamente por la ventana de su casa y le dejaba una flor en su almohada. Ella me lo contó y quiso saber si había sido yo el autor de aquellos gestos. Ante el temor de que se me escapara todo lo que sentía y de la sola posibilidad de perderla, lo negué. Seguí haciéndolo todos los días. Me animaba el verla salir con una sonrisa y mi flor en el cabello. Ella me decía que al día siguiente descubriría quien era el galán, que se quedaría despierta toda la noche para sorprender a quien le ponía tan hermosa flor todas las mañanas. Yo sonreía y le animaba, pues sabía que el sueño la vencería a mi favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche, después de la puesta de sol, cuando volví a casa, mi madre me esperaba y me dijo que tenía que hablar conmigo. Me sorprendió su pregunta, pues no pensé que fuera tan obvio. Preguntó si me había enamorado de Alejandra. Yo, rojo como la grana, respondí que sí. Con voz serena hizo la pregunta que me hacia yo todos los días; me preguntó la razón por la cual no le confesaba mis sentimientos, a lo que sólo pude responder: no puedo madre... no puedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche y por primera vez en mi vida, mi confidente fue mi madre. Me acurruqué en su regazo y ella me consoló. Le conté todo lo que mi corazón sentía. Le dije que tenía intención de escribir a Alejandra, pero si lo hacía de mi puño y letra, me descubriría y no quería que así fuese. Después de escribirlo en un papel, mi madre lo transcribió, y esa fue la carta que recibió mi amada. Aún recuerdo el texto perfectamente. Cuando ella lo leyó para mí en voz alta, se me quedaron a fuego grabadas sus palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan sólo una flor sencilla y aislada&lt;br /&gt;que escaso valor tuviese en la tierra,&lt;br /&gt;confiesa mi secreto más profundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan sólo una flor en tu pelo anclada,&lt;br /&gt;todo el amor de este corazón encierra,&lt;br /&gt;y en ella a diario te ofrezco el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante un tiempo todo siguió igual; yo era feliz al verla feliz a ella, y poco me importaba que mi madre insistiera en que su admirador revelase al fin su identidad. Sólo pensar en que podría perderla por ello me hacía enfermar. Un día, en nuestro rincón del atardecer, me preguntó si tenía inconveniente en que viniera una amiga suya a acompañarnos. Aunque me sorprendió, respondí que no me importaba, pues sería egoísmo negarse a compartir aquel trocito de mundo con los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente ella acudió acompañada de Margarita. Yo me sentí un tanto incómodo al principio, pero a ellas dos las veía tan a gusto que enseguida comencé a relajarme. Pensé que tendría tiempo para charlar con Alejandra después. Esa tarde fue muy divertida también, y conseguí sentirme cómodo en compañía de ambas. Poco a poco, Margarita se implicó con nosotros; era una joven alegre y entusiasta en todo lo que hacía. Alejandra le contó lo de la flor y el admirador secreto, y cómo siempre se dormía cuando se proponía sorprenderle. Sin darnos cuenta, con el transcurso del tiempo, después de Margarita se fueron incorporando nuevos amigos, tanto hombres como mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, apenas tuvimos la intimidad de antaño, aunque siempre buscábamos un momento para contarnos lo más importante. Yo seguía amándola en secreto y más intensamente que antes, aún cuando me había dado cuenta de algo: las miradas de complicidad que intercambiaba con uno de los chicos, Juan, el hermano de Margarita.&lt;br /&gt;Una mañana, toda alborotada y nerviosa, irrumpió en mi cuarto al poco de haberme acostado yo tras situar mi flor en su almohada. Me dijo entrecortadamente que había descubierto quien era su admirador secreto. ¿Cómo era posible? no se había despertado cuando le dejé la flor. Algo confuso, le dije que se tranquilizara y que me contara qué era lo que había pasado. Me dijo que se había despertado de repente y que tenia su flor en la almohada cuando escuchó un ruido fuera, en la ventana, y que al asomarse había visto a Juan doblar la esquina del cobertizo.&lt;br /&gt;No salía de mi asombro. ¿Como podía yo sacarla de su error sin descubrirme? Y además, eso no era todo… Empezó a contarme lo que sentía, y cada palabra que pronunciaba era una daga clavada en mi corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de aquella mañana todo surgió mas rápido de lo que yo esperaba. Al poco tiempo, la relación con Juan se hizo oficial yo quedé relegado a un segundo plano en el que tan sólo tenia la compañía silenciosa de Margarita. También ésta encontró pareja, y poco a poco me encontré solo. Sin ser consciente de ello, era yo quien rechazaba cualquier tipo de relación. Mis días se volvieron grises y decidí marcharme, pues no podía soportar ver a Alejandra en brazos de otro hombre. Qué estúpido fui; yo mismo la había dejado en sus brazos. Hablé con mi madre y le conté lo que tenía pensado hacer: enrolarme en un barco mercante para alejarme de allí, ya que de no hacerlo terminaría presa de la locura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han pasado siete años desde que tomé aquella elección, amigos míos, y hoy es la primera vez que hablo de ello. Vosotros habéis hecho que mire las cosas desde otra perspectiva y tenéis todo mi aprecio y respeto. Creo que ya es tiempo de que entierre en lo más profundo de mi corazón ese dolor y sólo guarde el recuerdo de lo que una vez amé. Ahora estoy en paz y podré dar la oportunidad a quien realmente lo desee.”&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mario y yo continuamos en silencio. Se había hecho demasiado tarde, pero ninguno quería irse a dormir. Era demasiado importante aquel momento como para desperdiciarlo durmiendo. No creo que fuese nada fácil para nuestro silencioso camarada decir todas aquellas palabras, y menos aún compartirlas con dos hombres. Mario rompió el hielo; se levantó y echándole la mano por el hombro a Ramón, le invitó a que fuera con él a su tierra italiana, pues tenía una hermana preciosa a la que deseaba el mejor de los maridos. Nos empezamos a reír a carcajada limpia debido a tan inusual propuesta, pero insistió en ello. Ramón, con una sonrisa en los labios, aceptó la invitación. Era hora de detenerse durante un tiempo en tierra firme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé solo en cubierta. No tenía sueño y quería anotar todo en mi cuaderno. Recordé la historia que acababa de escuchar y pensé que en demasiadas ocasiones perdemos lo que amamos porque el miedo al rechazo es más poderoso que el amor propio, sin pensar que el propio amor nos dignifica y es un noble sentimiento que en nada ha de avergonzarse cuando carece de egoísmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se había levantado una ligera brisa y en el horizonte el sol me saludaba, diciendo adiós a su amada luna. Otro nuevo día que me acercaba más a mi destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-6923417244902063093?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2007/04/la-voz-del-silencio.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RhAmdRyadwI/AAAAAAAAADU/DCruaSEBp5A/s72-c/Let_The_Pillow_Take_The_Blame_by_violent_disorder.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-3977631033793147438</guid><pubDate>Mon, 19 Mar 2007 16:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-03-19T17:27:46.998+01:00</atom:updated><title>Al Calor del Fuego</title><description>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/Rf657X-8y4I/AAAAAAAAADI/Q-f3-i-lqCg/s1600-h/al-calor-del-fuego.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5043673062403001218" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/Rf657X-8y4I/AAAAAAAAADI/Q-f3-i-lqCg/s200/al-calor-del-fuego.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sólo nos quedaba un día de estancia en la aldea filipina. Era nuestra última noche y después de todo lo que nos había ocurrido en tan poco tiempo sin darnos cuenta, coincidimos en pasarla en compañía de mamá Elise. Ella, viendo la tristeza de la partida en nuestros rostros, preparó un cálido fuego donde asó una cena ligera en un pequeño patio que tenia detrás de su vivienda. Una vez saciado nuestro apetito, nos ofreció un vaso de un delicioso licor que saboreamos lentamente, contemplando la danza de las llamas en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El calor del fuego, la luz de las estrellas y el aroma de la noche: un momento mágico en el que las mentes y los corazones se abren y dejan salir todo lo que llevan dentro y solicitan compartir.&lt;br /&gt;Mamá Elise, con la mirada perdida en las llamas, comenzó a hablar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Hace mucho tiempo que no hablo a nadie de esto, pero hoy lo quiero volver a hacerlo. Vosotros habéis hecho renacer el recuerdo de aquellos tiempos, y no quiero dejar escapar la oportunidad de compartir este trozo de mi vida. Tú, Racsol de Tulohan, buscador de cuentos, historias y leyendas, no abandonarás esta humilde aldea sin llevarte algo de gran valor para mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace muchos años, mis padres llegaron en un barco, como vosotros. Los viajes son muy largos y se dió la circunstancia de que emprendieron el viaje sin saber que mi madre estaba embarazada. El momento del parto se aproximaba y mi padre no quería que eso ocurriera en un mugriento barco, de modo que cuando tocaron puerto, decidieron quedarse y esperar a que yo naciera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No os voy a contar mi niñez, ni cómo mis padres decidieron quedarse. Les estoy agradecida por ello. Lo que os contaré es el porqué de mi nombre, “Mamá Elise”, ya se que os han dicho que me llaman así porque cuido a todos los niños de la aldea. Es cierto, pero ese nombre viene de otra situación, de otro momento que aún siendo muy doloroso necesito contar, pues vosotros, hombres del mar, con vuestro comportamiento, habéis hecho florecer esos recuerdos y no hay nada mejor para curar el alma que compartir lo que hace sufrir al corazón.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Hizo una pequeña pausa en la que pude observar a mis compañeros, que tenían puesta la mirada en nuestra anfitriona. Me tumbé junto al fuego mirando a las estrellas cuando Mamá Elise se dispuso a continuar su relato. Cerré los ojos y me propuse disfrutar intensamente de él, pues ya tendría tiempo de anotarlo en mi cuaderno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Pasaron los años, y a mis dieciocho, se produjo un acontecimiento que sólo ocurre cada lustro, en el que se celebra la fiesta de las lluvias de una forma especial. Todas las aldeas de los alrededores -incluida la nuestra- se reúnen en un valle cercano llamado el Valle de la Concordia. El motivo de estos cónclaves es que los jóvenes de todas las aldeas tengan la oportunidad de conocerse y se acuerden matrimonios que sirvan para estrechar sus lazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta esa gran reunión de aldeas sólamente había conocido a los chicos de mi aldea, y a todos ellos los consideraba como hermanos, pues nos habíamos criado juntos. Toda la aldea hizo los preparativos para pasar una semana en el Valle de la Concordia. En el ambiente se respiraba alegría y emoción, era una pequeña histeria colectiva. Todo el mundo estaba nervioso antes de la partida, aunque todo se calmó en cuanto partimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos al valle y allí acampamos. A los más jóvenes nos encomendaron distintas tareas; a las muchachas se nos dijo que fuésemos a por agua. Todo estaba perfectamente pensado y preparado para que se produjeran los encuentros entre los más jóvenes, pues de camino al manantial tendríamos que atravesar un pequeño pero frondoso bosque donde habían mandado a cortar leña a los muchachos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente de llegar se nos había acabado el agua y mi madre me mandó a por más, por lo que me dispuse a ir a por ella buscando la compañía de una amiga que no pudo acompañarme, de forma que tuve que acudir yo sola. Según me acercaba al bosque rezaba para no encontrarme con ningún chico de las otras aldeas. No entendía muy bien que estaba pasando, pero me sentía ruborizar cuando ellos estaban allí. Al internarme en el bosque, bajé la cabeza y apresuré el paso. Sin darme cuenta empecé a correr aún con la mirada en el suelo. De repente tuve un encontronazo y caí rodando por el suelo. Cuando me levanté ví que había tropezado con un chico que me miraba tímidamente, y al igual que yo, estaba rojo de vergüenza… Así fue como conocí a Pedro &lt;span style="font-size:78%;"&gt;(1).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche le busqué entre la muchedumbre en la zona donde se situaban los chicos, y nuestras miradas se cruzaron. Al día siguiente volví yo sola de nuevo a por agua con la esperanza de volver a encontrarlo. Y así ocurrió, pues él estaba esperándome. Se ofreció a acompañarme, a lo que consentí asintiendo con la cabeza, pues mi timidez trababa mis palabras. Desde ese momento pasamos todo el tiempo que pudimos juntos, conversando. Cuando eché una mirada a mi alrededor, como por arte de magia se habían formado muchas parejas entre los jóvenes. La semana de festejos transcurrió muy deprisa y había llegado el momento de las despedidas. Aquella tarde, en el bosque, recibí mi primer beso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvimos a la aldea. Yo sentía una mezcla de sentimientos enfrentados; a la vez que feliz, me encontraba triste, pues no sabía cuando volvería a ver a Pedro. Un mes aproximadamente después de las fiestas, vimos cómo algunos de los chicos de la aldea se marchaban con sus padres, y a los pocos días, para nuestra sorpresa, llegó visita a la aldea… no cabía en mí de gozo, pues había reconocido a Pedro entre los visitantes. Después supe el motivo de la visita: me habían pedido en matrimonio. Mis padres me llamaron y me preguntaron si estaba de acuerdo. De nuevo sin acertar a pronunciar palabra, asentí felizmente con la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un año después de aquello me casé y mi regalo de bodas de Pedro fue esta casa en la que ahora estamos. Poco después de mi boda di la gran noticia a mis padres y mi marido; estaba embarazada. Fueron los nueve meses más hermosos de mi vida, lleno de sensaciones compartidas con el amor de mi esposo. Sentía crecer una nueva vida dentro de mí y se lo trasmitía a Pedro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una semana antes de nacer nuestro pequeño, comencé a encontrarme mal. Mi esposo y mis padres no se apartaron de mi lado. Empezó la fiebre y mi vientre se volvió duro. Una de las mujeres que asisten a los partos vino a verme y pude ver cómo miraba a mis padres y negaba con la cabeza. Un sollozo surgió de la garganta de mi marido. De mi garganta solo salía una frase: mi bebé, mi bebé…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dieron a beber un brebaje para provocarme el parto. Sabía que mi hijo nacería muerto, pero lo quería estrechar entre mis brazos antes de que se lo llevaran. Veía cruzarse las miradas, pero yo gritaba que quería coger a mi hijo. La matrona me tranquilizó, diciendo que me dejaría ver al pequeño si aquel era mi deseo, pero que primero debía lavarlo y asearme a mi. Ante sus palabras me serené y un poco después, entre sollozos, estreché entre mis brazos el cuerpo inerte del pequeño. Lo habían tapado, pero yo quería verlo. Cuando fui a descubrirlo, la mano de la matrona me sujetó con firmeza, diciéndome que no lo hiciera. Pero yo quería hacerlo. Descubrí su cara, que para mí era el reflejo de un profundo sueño. Grabé en mi mente su rostro angelical y deposité un beso en su frente. Se me partió el corazón; era mi bebé, mi pequeño, era quien había llenado de alegría mi corazón con el anuncio de su llegada, y quien tanto me había hecho sentir en el interior. Después de un tiempo prudencial, me pidieron que les diera al bebé, pero no podía. Era mío…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pudieron quitármelo hasta que caí dormida por el cansancio. Al día siguiente la casa se llenó de niños, y todos traían flores. Sus padres les habían dicho: acudid a ver a la mamá Elise; llevadla flores para curar su corazón, pues su bebé lo reclamó Dios, y con Él lo llevo al cielo. Así, día tras día, mi casa se llenó de niños y poco a poco me fui acostumbrando a su cariño, a sus risas y sus juegos. Desde ese día, vienen los niños de la aldea y soy para ellos como una segunda madre. Ya es una costumbre que yo no deseo cambiar; no podría vivir sin estar rodeada de su inocencia y de su amor incondicional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, todos me llaman como me conocéis: Mamá Elise. Sé que en vuestra mente hay una pregunta que ahora voy a responder. Pedro fue paciente durante un tiempo con la esperanza de que cambiara de actitud respecto a tener más hijos, pero ante mi constante negativa, decidió marcharse para fundar una familia. Jamás se lo reprocharé&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía rato que me había incorporado ante el cariz que había tomado el relato y había visto rodar las lágrimas por las mejillas de Mamá Elise mientras lo contaba. No pude más que asombrarme de nuevo; la vida está llena de contradicciones y estaba comprobando que todo estaba compensado en una balanza cuya justicia escapa a nuestras voluntades; no existe dicha sin sufrimiento, ni amor sin desamor, ni odio sin pasión, ni vida sin muerte. Aquello que nos es un día arrebatado, nos puede ser devuelto al siguiente de una forma que jamás hubiésemos imaginado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;(1)Muchos filipinos se convirtieron al catolicismo con la llegada de los españoles en 1521. Cuando la gente se convertía, asumía un nombre Español y un apellido con referencias religiosas, como Santos o De la Cruz.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-3977631033793147438?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2007/03/al-calor-del-fuego.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/Rf657X-8y4I/AAAAAAAAADI/Q-f3-i-lqCg/s72-c/al-calor-del-fuego.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-291023608184031924</guid><pubDate>Mon, 26 Feb 2007 13:38:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-10-04T10:08:15.670+01:00</atom:updated><title>Filipinas..."Mamá Elise"</title><description>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/ReLjDTwnCvI/AAAAAAAAAC8/CNCutEHi3aY/s1600-h/bebe%2520dodo%2520arbre.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5035836979336907506" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/ReLjDTwnCvI/AAAAAAAAAC8/CNCutEHi3aY/s200/bebe%2520dodo%2520arbre.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;De nuevo tomamos tierra, atracando en el puerto de Vigan al amanecer. Tenia ganas de pisar tierra firme y como pude comprobar en seguida, Mario y Ramón compartían el mismo deseo. Desde que vivimos la aventura en busca de la verdad de Breck el Turco, Ramón se había convertido en un fiel compañero, incorporándose después a nuestro grupo el risueño Mario. Bajamos del barco los tres con la intención de adentrarnos un poco en tierra firme, pues el capitán nos comento que estaríamos una o dos semanas esperando un cargamento que se había demorado, y puesto que el fletador pagaba por la espera, podíamos contar con unos días de merecido descanso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos decidido ir a pasar esos días en algún pueblecito del interior para despejarnos de tanta mar y alejarnos del salitre; si permanecíamos en el puerto, continuaríamos viendo las mismas caras y el mismo ambiente que habíamos visto a lo largo de la travesía. No tardé mucho en convencer a Mario y Ramón para cumplir el propósito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cogimos un ligero equipaje y nos montamos en una pequeña barca que nos condujo río arriba, hasta una aldea de casitas blancas y techumbre de hoja de palma llamada Lingsat. Nos habíamos alejado lo suficiente como para no ver el mar y estábamos lo bastante cerca como para no perder un día de descanso en el viaje de regreso hasta el puerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Preguntamos a los lugareños dónde podíamos encontrar alojamiento. Amablemente nos indicaron que hablásemos con mamá Elise, señalándonos con el dedo la dirección a seguir. Pronto llegamos a una casita un poco más grande que las demás, en lo alto de un pequeño altiplano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá Elise nos sometió a su inquisitiva mirada y, después de meditar un rato, nos dijo que aceptaría hospedarnos en su casa. Acordamos el precio por dos semanas y se lo pagamos por adelantado. Nos fuimos a dar una vuelta y empezamos a intimar con los lugareños. Nos enteramos de que la razón por la cual nuestra anfitriona respondía por aquel curioso apelativo, Mamá Elise, no era porque tuviera muchos hijos, sino porque cuidaba de todos los hijos de sus vecinas; ella era lo más parecido a una escuela que existía por los alrededores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvimos al anochecer a la casa de Mamá Elise, y durante la cena nos comentó que hacía ya mucho tiempo que no venían extranjeros al pueblo, y que habíamos llegado en un buen momento; se celebraría una fiesta por la llegada de las lluvias en la que todo el pueblo participaría. Los hombres se marcharían dentro de unos días, como era costumbre, para cazar y estar solos, mientras las mujeres preparaban la fiesta. Le indiqué mi interés en acompañar a los hombres, y respondió que no era posible, pues apenas nos conocían y aquella tradición tenía mucho de rito de iniciación social para los más jóvenes. En cambio, nos invitó para que la acompañásemos a ella y a una joven que estaba a punto de ser madre. La madre primeriza quería subir a la montaña en busca de unas flores con las que quería lavar la ropa de su primer bebé, una costumbre arraigada y portadora de la buena suerte. Aceptamos encantados la oferta de aquel paseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un par de días después de nuestra llegada, mamá Elise nos habló confidencialmente para pedirnos un favor; había surgido un problema de organización en la fiesta, y no podría ir con nosotros a buscar las flores para el futuro bebé. Nos ofrecimos cortésmente para acompañar a la joven embarazada en su pequeña excursión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día amaneció esplendido. Me levanté y me asome a la puerta de la casa, donde ya se encontraba Mario. Cerré los ojos y aspiré el olor de la mañana; era algo que había aprendido de Mario y se convirtió para mí en costumbre. Mamá Elise nos había preparado un ligero almuerzo para que pasáramos el día fuera. María, que así se llamaba la joven, nos estaba esperando cuando volvimos a salir de la casa poco después. Juntos partimos hacia la montaña en busca de las flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevábamos tres horas andando cuando observé que María se echaba con frecuencia las manos a la espalda y se detenía de repente. Pensé en un principio que se trataba de fatiga, pues habíamos ido ascendiendo por el camino a buen paso, y además volvió a continuar andando. Unos metros más adelante, de su garganta surgió un gemido de dolor. Mario y Ramón, que al igual que yo habían estado pendientes de sus movimientos, la cogieron para que no cayera al suelo. La preguntamos qué le ocurría, y ella nos dijo que el bebé se había adelantado. Nuestras caras de consternación fueron dignas de verse, pues ninguno de nosotros estaba preparado para tal situación. Hicimos un esfuerzo y subimos un poco más por la pendiente, hasta donde existía un pequeño claro, y tumbamos a María a la sombra de dos árboles. Ramón estaba petrificado, alternando su mirada entre la joven y nosotros. Mario no paraba de moverse de un lado a otro, sin dejar de hablar atropelladamente. Yo, sin saber más que mis camaradas sobre el modo de proceder en tal tesitura, sostenía la mano de la muchacha, que se retorcía por las molestias del parto inminente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre muecas de dolor, tuvo que ser la joven quien nos indicara que pidiésemos ayuda en la aldea, de manera que Mario echó a correr ladera abajo. No había recorrido más que unos metros cuando tropezó aparatosamente y se dio de bruces contra el suelo. La joven María no pudo evitar reírse ante tan cómica situación. Mario se levantó apresuradamente y empezó a correr de nuevo, pero cuál no fue mi asombro cuando le vi llegar de nuevo junto a nosotros. Le pregunté porqué había regresado, se golpeó con la mano en la frente castigando su despiste y volvió a ponerse en marcha en la dirección correcta. Tales eran los nervios que el pánico nos nublaba la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María nos indico que la incorporásemos y apoyáramos su espalda contra uno de los árboles. Dijo que no creía que pudiese aguantar hasta que llegara la ayuda, y que en tal caso tendríamos que ser nosotros quien la asistiéramos. Cada vez era más irreal la situación, pero con mayor o menor acierto fuimos siguiendo sus instrucciones. Mientras uno la sujetaba, el otro esperaba al bebe. Era un momento crítico y tenso. Los gemidos de María dieron paso a los gritos. Yo observaba a Ramón, pues cada vez le veía mas lívido, si bien no debía yo de tener mejor aspecto. En aquellos instantes no pensaba en nada; estaba aturdido y conmocionado por el momento. De pronto, con un grito estremecedor, entre las piernas de la joven Maria apareció la cabeza del pequeño. Ella, entre jadeos, me indicó que lo cogiera, y sin saber cómo agarre delicadamente al bebe por la cabeza y fui sujetando su cuerpo según iba empujando su madre. Ramón, con los ojos como platos, no perdía detalle del momento. Unos minutos después tenía al pequeño -que resultó ser un varón de aspecto sano- entre mis manos, mientras su madre nos indicaba que debíamos anudar algo al cordón que les unía para cortarlo después y darle un pequeño cachete en el culo al bebé. Hecho esto, el niño empezó a llorar, y quitándome la camisa lo envolví en ella para acomodarlo después en el regazo de su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me alejé unos pasos con las lágrimas corriendo por mis mejillas, tal era la emoción que me embargaba. Yo, Racsol de Tulohan, había participado del milagro de la vida ayudando a traer a aquel pequeño al mundo. Había sido la experiencia más conmovedora de mi larga vida, pero también la más emocionante e intensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ramón se había recompuesto un poco y preguntó a María cómo eran las flores que habían ido a buscar, y si habría de encontrarlas muy lejos de aquel lugar. Ella respondió que no que estaban cerca y se las describió en detalle. Ramón me dijo que volvería enseguida, que él mismo se ocuparía de que ese niño tuviese su ropa lavada con las dichosas flores, como mandaba la tradición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más o menos cuatro horas después de salir corriendo, Mario llego con la ayuda del pueblo; venían casi todas las mujeres alborotadas y exhaustas. La sorpresa fue mayor cuando vieron a la joven madre pletórica, con su hijo en brazos. Su sorpresa duro sólo unos segundos, pues no tardaron en ponerse manos a la obra para acomodarles a ambos. Ramón regresó con las flores y se preparó un baño con ellas. Así limpiaron y asearon también al recién nacido y a su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá Elise se acercó a nosotros para pedirnos que cortáramos unas ramas largas con las que construir una especie de camilla. Se acercaba la noche y era conveniente que el bebé y su joven madre descansaran en su hogar. Así lo hicimos, y transportando a turnos la camilla con ayuda de las mujeres, llegamos a la aldea con el ocaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día había sido agotador y lleno de emociones, pero aún así tuve dificultades para conciliar el sueño pensando en aquella experiencia. Imaginé el futuro de aquel niño y deseé que fuese testigo del lado maravilloso del mundo que yo mismo aspiraba a conocer en mis viajes, y que en días como aquel, sentía como cumplido deseo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-291023608184031924?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2007/02/filipinasmam-elise.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/ReLjDTwnCvI/AAAAAAAAAC8/CNCutEHi3aY/s72-c/bebe%2520dodo%2520arbre.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-6643789296713360930</guid><pubDate>Sat, 17 Feb 2007 14:25:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-02-17T18:34:04.216+01:00</atom:updated><title>Camino a Filipinas... "Isernia"</title><description>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RdcQqyfK5FI/AAAAAAAAACw/UrhOUgQYOz0/s1600-h/barco-vallarta.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5032509435902878802" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RdcQqyfK5FI/AAAAAAAAACw/UrhOUgQYOz0/s200/barco-vallarta.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aún recuerdo aquellos días con total claridad. Fueron de un intenso aprendizaje, en todos los sentidos. La personalidad de Mario era arrolladora; todos los componentes de la tripulación estaban encantados con sus guisos, con su vitalidad y su buen humor. Pero no había que confundirse; tenía su peculiar manera de ser. Había algo en sus ojos que delataban ciertos tormentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre Brunei y Filipinas pudimos conocernos mejor, y comprobé de primera mano su calidad humana. Como todo hombre, tenía una historia. Y como todo hombre, un momento de debilidad. Unas noches antes de llegar a Filipinas, después de un largo día de trabajo, salimos como se había hecho costumbre en nosotros a respirar aire fresco antes de nuestro merecido descanso. Mario había tomado un poco más de vino de la cuenta. No estaba ebrio, aunque su mirada había cambiado y estaba más alegre y elocuente de lo normal. Estaba en ese estado en el que los sentimientos y la euforia liberan la mente y las palabras. Al principio, compartimos aquellos instantes con algún que otro marinero, pero al poco nos quedamos solos, tan sólo acompañados por los susurros de la brisa marina y el canto del mar acariciando el casco del barco. Durante unos minutos permanecimos en silencio observando las estrellas, hasta que Mario empezó a hablar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;-Hace mucho tiempo que no hablo con nadie de esto. Hecho de menos mi pueblo ¿te he hablado de él?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;No contesté y me limité a mirarle. En mi silencio estaba implícita la respuesta, pues él no hablaba conmigo sino con sus propios recuerdos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Es un pueblecito rodeado de montañas, en el centro de Italia. Se llama Isernia… hace ya muchos años que me marché de allí con un promesa en los labios… no se si podré cumplirla y si me esperará quien recibió aquella promesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún recuerdo el aroma del café recién hecho, el del pan horneándose y los complacidos ojos de mi madre observando cómo tomaba el desayuno antes de salir al campo. Recuerdo como cada mañana, al salir por la puerta de casa, aspiraba con fuerza el aire matutino para llenarme de él. Mi madre me enseñó todo lo que sé sobre la cocina. Siempre intentaba terminar lo antes posible para poder estar con ella mientras preparaba la comida. Mi padre movía la cabeza, pues no entendía que me gustaran todos los entresijos y tejemanejes de la cocina, y mis hermanos se burlaban y reían de mí. Pero mi madre sabía de mi pasión y hacía todo lo posible por enseñarme. Con el tiempo me convertí en cocinero terminé trabajando en la casa de verano del Gobernador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía recuerdo la primera vez que la vi. Fue al principio del verano. Me había levantado pronto para prepararme, pues ese día tenía una prueba de cocina en casa del Gobernador y quería que todo saliera bien. Empecé la mañana como siempre, con el café recién hecho de mi madre y el olor del pan tierno cociéndose.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegué a primera hora al lugar de la cita, descubrí una estampa increíble tras una cerca de blanca madera; un jardín precioso oliendo a romero y hierba recién cortada, lleno de flores y de un intenso verde bañado por los tímidos rayos del comienzo del día, con esa luz especial que hace que todo se convierta en un cuento de hadas. Al fondo había una gran casa de dos alturas, y delante, bajo una cubierta de lino blanco, el gobernador estaba tomando el desayuno con su familia. Me acerqué lleno de nervios pero tratando de aparentar seguridad, cuando unas risas hicieron que me quedara clavado en el sitio y girara la cabeza. Nuestras miradas se cruzaron por primera vez… Adrianna… Así se llamaba. Claro está que su nombre lo supe después, pero aquel momento mágico es algo que quedó grabado a fuego en mi memoria y que recuerdo como si fuera un sueño. Sus ojos negros me tenían hechizado. Su sonrisa, prisionero… Un carraspeo me sacó de aquel estado y con paso apresurado terminé de llegar ante la presencia del gobernador. Ese día me esmeré tanto que conseguí el trabajo. No podía perderlo, pues acababa de encontrarme con la futura mujer de mis hijos… o eso creía yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé como segundo cocinero, pues era muy joven como para ser el primero. Auque tenía mejores conocimientos y talentos en la cocina que Giuseppe, que era quien ostentaba aquel cargo. Todos los días me tomaba un descanso entre la comida y la cena y salía por la parte de atrás de la casa a dar un paseo por el campo. Aunque me encantaba la cocina, añoraba el aire limpio y puro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de esas tardes el destino hizo que mis pasos se dirigieran hacia un pequeño lago cercano. Quería darme un baño, pues en pleno verano el calor era ya sofocante y necesitaba refrescarme y nadar un rato. Me despojé de mi ropa y me lancé al agua. Después del primer chapuzón cerré los ojos y disfruté de la sensación de frescor y libertad que me embargaba, cuando una risa me hizo girar la cabeza sobresaltado, pues creía estar solo. Era Adriana, que como yo, estaba dándose un baño, aunque al verme llegar se había escondido tras un árbol caído a la orilla del lago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos saludamos tímidamente. Le pregunté que hacia allí, y ella me pidió que no se lo dijera a su padre, pues solía aprovechar la siesta para bañarse y regresar antes de que todos despertaran. Le dije que su secreto estaba a salvo conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de ese día, las visitas al lago se transformaron en rutina. Entre juegos, risas y confidencias, me enamoré locamente de ella. Me acostaba recreado en su imagen, me levantaba pensando en ella… soñaba con ella aún en los momentos de vigilia. A punto de terminarse el verano, y antes de que se marchara, le declaré mi amor. Ella, llorando, se abalanzó sobre mis brazos y por fin pude besar tan ansiado rostro. Me dijo que había estado esperando todo el verano ese preciso momento, y que ahora que nos habíamos sincerado, ella tendría que marcharse… Repentinamente se separó de mí y mirándome con un brillo especial, me dijo que tenía una idea. Se marchó corriendo, dejándome sin palabras y con la incertidumbre dibujada en mi rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche, después de la cena y antes de retirarme a descansar, fui llamado por el Gobernador, que me halagó por mis servicios. Le gustaba mucho el toque especial que ponía en mis guisos. Después de mostrarme tal gratitud, me invitó a acudir a Roma con ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No cabía en mí de gozo. Esa noche no pude dormir, deseando que llegara la tarde para tomarme mi descanso y poder contarle a Adrianna las buenas noticias. Y como cada tarde, allí estaba ella esperándome. Le relataba lo sucedido cuando me di cuenta; ella estaba satisfecha y henchida de gozo, pues había sido idea suya. Me lo confesó después: entre su hermana y ella, habían convencido a su padre de que seria buena idea tener un cocinero como yo en Roma, especialmente apropiado para sorprender a los invitados con mi juventud y buen hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pude más que sorprenderme de su idea y de cómo habían manipulado la situación a nuestro favor. Después de nuestro baño, nos fuimos a un claro en la arboleda que habíamos descubierto oculto a las miradas. Rodeándola con mis brazos, fui devorándola a besos, y por primera vez hicimos el amor. Nuestra entrega fue tal que suplió con creces nuestra falta de experiencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dormía placidamente después de las emociones del día, cuando fui despertado por un tierno beso. Levanté sobresaltado, aunque se trataba de Adrianna… ella puso un dedo en mis labios obligándome a guardar silencio. Después se levantó y dejó caer su ropa de cama, ofreciéndome una vista espectacular de su esbelto cuerpo bañado por la luz de la luna que atravesaba mi ventana. Ella no perdía de vista mis ojos, y los míos no perdían de vista cada detalle de sus curvas. Durante unos minutos disfrutamos observándonos el uno a el otro, y después me acerqué a ella y nos estrechamos. El contacto de nuestra piel me hizo sentir un escalofrío y un suspiro surgió de mi garganta. Ese momento fue tan especial que no quería que se acabara nunca. Nos tumbamos en mi lecho y así, abrazados, simplemente sintiéndonos uno cerca del otro, caímos en un justo sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos a Roma. Nuestro romance sólo era conocido por Sidonia, la hermana de Adriana, un año menor que ella. En la casa de Roma se hacían difíciles y peligrosos nuestros encuentros y más de una vez Sidonia nos salvó de ser descubiertos. Poco a poco fuimos distanciando los encuentros, por prudencia según decíamos, aunque no eras así. Había algo más…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los seis meses de comenzar nuestra estancia en Roma, nuestros encuentros se redujeron a uno por cada quince días, sólo durante la noche, sin la pasión que habían tenido al principio. Sólo quedaba de aquello el deseo de dos cuerpos jóvenes que se atraen y necesitan. Poco a poco, continuaron espaciándose nuestros encuentros hasta que no hubo más. Adrianna entró en sociedad y estaba atareada acompañando a sus padres o asistiendo a actos oficiales. Aproximadamente un año después de nuestra llegada a la ciudad, se anunció su compromiso con un joven abogado hijo de una de las familias más importantes de Roma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante ese tiempo, Sidonia se había convertido en una buena amiga y confidente, haciéndonos mutua compañía. Era una mujer inteligente y de grandes inquietudes, que me enseñó primero a leer y escribir y después todos los conocimientos de los que hoy dispongo. El amor que creí sentir por su hermana se quedó en un bonito recuerdo y me dediqué de lleno a aprender y obtener toda la cultura que mi amiga me brindaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había decidido marcharme de la casa del gobernador tras la boda de Adriana, y así se lo comuniqué a éste, quien me dijo que le apenaba mi partida pero que comprendía que quisiera mejorar y explorar nuevas posibilidades. No sabía que nuestra conversación había sido escuchada por alguien más… Resulto extraño que Sidonia desapareciera de pronto. Hacía varios días que no la veía y estaba preocupado por ella. Esa noche vino a verme Adriana, se sentó en el borde de mi cama y con calma habló conmigo. Me explicó que lo nuestro nunca había sido amor verdadero, que había sido fruto del hechizo del verano y de nuestra juventud. Era cierto que nos atraíamos, pero si alguna vez existió amor, fue más bien una mera ilusión. Afirmé con la cabeza concediéndole la razón. Después me dijo estar preocupada por Sidonia. Le pregunté por su paradero, y me dijo que había ido unos días a la casa de Isernia, pues necesitaba pensar. Al parecer, estaba muy disgustada. Quise conocer los motivos… Adriana, mirándome con sus profundos ojos negros, con la luna reflejada en ellos me dijo: el motivo eres tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche no pude dormir. A la mañana siguiente pedí permiso para ausentarme durante unos días con la excusa de regresar a mi pueblo natal para arreglar ciertos asuntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegue a Isernia directamente, a la casa del gobernador donde hacia casi dos años que había estado, como aquella primera vez de principios del verano, pero en esta ocasión, durante un atardecer. Traspasé la cerca de madrera y dirigí mis pasos hacia la casa cuando la divisé a lo lejos, en la pradera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel momento lo comprendí. Mi pulso se aceleró. Mi corazón latía tan deprisa que creí que estallaría, y un nudo en el estómago me dejaba sin respiración. Me acerqué a ella. Se volvió para mirarme. Me perdí en el profundo azul de sus ojos y leí todo el dolor que sentía. Cómo pude haber estado tan ciego…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me senté junto a ella y allí, en ese prado bañado por la luz del atardecer, acariciados por la tibia brisa veraniega, sin hablar con palabras, nos dijimos todo lo que jamás nos habíamos dicho; lo que ella sabía y yo había ignorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron los días como si fueran horas. Había decidido que yo me marcharía para hacer fortuna y regresaría después a buscarla. Ella no quería. Me dijo que renunciaría a todo; que sólo quería estar junto a mi. Pero fui un joven orgulloso y me marché prometiéndole que volvería a por ella, y arrancándole la promesa de esperarme…”&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Un débil sollozo me indicó que había terminado, que todo lo que llevaba dentro y le atormentaba había salido fuera. Decir nada podía, pero sí apretar su hombro con mi mano pora que encontrase en mi gesto una comprensión y apoyo que tal vez necesitaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me miró con lágrimas en los ojos y una sonrisa.&lt;br /&gt;-¿Sabes? He ahorrado hasta la última moneda que he cobrado. Cuando este barco regrese de vuelta de su viaje, yo volveré a buscarla…- me deseó buenas noches y se marchó a su camarote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dejó con mis pensamientos. Pensé en su historia, en cómo se suceden las cosas de nuestro entorno en las que no reparamos, hasta que comprendemos cuánto las apreciamos al sentir su falta. Lo mismo nos ocurre a unos con otros; nos habituamos a quien tenemos a nuestro lado, y olvidamos agradecerles su permanencia. Y es que el amor más intenso se inspira también de las ausencias…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche era espléndida y sin darme cuenta me quedé dormido en la cubierta, mecido por las olas del mar, acunado por la nana que cantaba la brisa marina.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-6643789296713360930?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2007/02/recuerdo-aquellos-das-con-total.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RdcQqyfK5FI/AAAAAAAAACw/UrhOUgQYOz0/s72-c/barco-vallarta.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-5360164055802921594</guid><pubDate>Sat, 10 Feb 2007 21:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-02-10T22:13:56.380+01:00</atom:updated><title>Negreros</title><description>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/Rc4zDifK5DI/AAAAAAAAACc/Hps49w7jvhA/s1600-h/esclavos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5030013969709589554" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/Rc4zDifK5DI/AAAAAAAAACc/Hps49w7jvhA/s200/esclavos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Después de dos semanas de intensas reparaciones, el Capitán nos comunicó en la Taberna de Zasha que en dos días más estaríamos listos para zarpar. Podíamos abandonar la posada y volver a instalarnos en los aposentos del barco. Mirando de soslayo a Ramón, nos dijo que todavía le quedaba encontrar al maldito cocinero; no había encontrado ninguno que tuviera los conocimientos suficientes para no matarnos a bordo de una intoxicación durante la travesía. Ramón, hombre habitualmente callado y prudente, afirmó con la cabeza y después dijo evidenciando su buena voluntad que haría lo que buenamente pudiese si no encontraban cocinero, aunque tanto él mismo como todos los demás compartíamos el criterio del capitán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día en que nos disponíamos a zarpar, llego un hombre corriendo con un petate a la espalda y saltó justo cuando empezábamos a separarnos del muelle, recogida ya la pasarela. Todos miramos al Capitán que, de pie en el puente, dibujaba media sonrisa. Lo Había conseguido: teníamos cocinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me incorporé a mi trabajo voluntario de ayudante de cocina y pude conocer de primera mano a nuestro nuevo cocinero: Mario, un Italiano de mediana estatura, ancho de espaldas y ojos negros. Era peculiar en su forma de hablar, y por lo que pudimos y apreciamos todos a la hora de la comida, un excelente cocinero con suficientes recursos. Pronto nos dimos cuenta de que no debíamos hacer reproches respecto a su comida, pues nos explicó muy serio que se había marchado del anterior barco ante la falta de aprecio hacia sus guisos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevábamos tres días de viaje cuando el vigía diviso un barco en el horizonte. Según nos anunció el Capitán, parecía navegar a la deriva. Su velamen estaba totalmente destrozado y su palo mayor partido. El Capitán dio orden de acercarse a él para ver si quedaba en la nave tripulación que necesitase ayuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según nos acercamos, la expresión en la cara de nuestro capitán fue cambiando. Al ser yo el único pasajero de abordo, tenía mis privilegios; comía en la mesa del capitán y deambulaba libremente por el barco, de modo que me situé en el puente junto a él. Éste me dijo que no le gustaban nada aquel tipo de barcos. Quise saber de qué tipo de barco se trataba, y me respondió con expresión sombría… “Negreros”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabía el significado de aquello y evité preguntar en esa ocasión, aunque no tardé en descubrirlo, para disgusto personal. Nos fuimos acercando lentamente al barco. Desde la borda nos hacían señas de socorro, y empezamos a percibir un extraño hedor. Era el hedor del sufrimiento, de la angustia, de la desesperación… todo aquello unido al hambre y a la falta de higiene. Todo eso es lo que vieron mis ojos cuando pusimos los pies en ese barco. Un barco de esclavos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis ojos no daban crédito a lo que veían: mujeres y hombres hacinados en la cubierta, bañados en sus propios excrementos, al borde de la extenuación y la desesperación. Un cruce de miradas me indicó que el Capitán opinaba igual que yo. Lo que estaba viendo era inhumano. El Capitán del barco de esclavos nos dio las gracias por prestarles auxilio, y con breves y parcas palabras, explicó que la tempestad les había encontrado desprevenidos y perdiendo el palo mayor y casi todo el velamen. Nos pidió que le remolcasemos al puerto mas próximo, Brunei. Nuestro Capitán accedió, no sin reservas. Al principio, el capitán del barco de esclavos se negó a sus condiciones, pero ante la posibilidad de que se les dejara de nuevo a la deriva, tuvo que aceptarlas de mala gana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podíamos evitar que los seres humanos que había en el barco dejaran de ser esclavos, pero si podíamos evitar que murieran por la desidia del hombre. Antes de emprender de nuevo la travesía, mucho más lenta remolcando el otro barco, se alimentó y aseó a las 125 almas que quedaban de los 300 esclavos que componían la partida inicial. Había hombres, mujeres y niños, todos ellos con el terror grabado en la mirada. Mario, nuestro nuevo cocinero, se esmeró para que la comida servida tuviera los suficientes nutrientes para permitirles recuperar sus fuerzas. Esta vez dejó de cantar mientras cocinaba, sustituyendo su habitual desenfado por un ceño fruncido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He vuelto a quitar la vida a otro ser humano. No me arrepiento pero no es algo con lo que mi espíritu este en paz. Quitar una vida, por miserable que sea, no se olvida y es una espina clavada con la que hay que aprender a vivir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Capitán decidió que algunos de nosotros, incluidos Mario el Cocinero y yo, permaneciéramos en el barco de esclavos. Quería que estuvieran bien alimentados y que hubiera siempre alguien pendiente de los movimientos de su tripulación. La travesía sería lenta, pues un barco tendría que tirar de dos. Al segundo día y después de terminar la preparación de la comida junto con Mario, mi curiosidad y nuestros pasos nos llevaron a la zona mas alejada de la cocina, donde nunca antes habíamos estado. De pronto escuchamos un grito y un sollozo acompañado de carcajadas de una segunda persona. Mario y yo nos miramos para corroborar que ambos habíamos escuchado aquello, y apresuramos nuestro paso hasta el lugar de donde procedía tal algarabía. Algo muy frío recorrió mis venas, y como pude comprobar después, a Mario debió pasarle también. En un rincón de la sala, cuatro hombres tenían sujeta a una joven esclava. Mientras tres de ellos la sujetaban, el cuarto le propinaba golpes y se reía. Ella se resistía a pesar de todo, pero sus fuerzas le traicionaron dándose finalmente por vencida. El cuarto hombre se preparó para una nueva humillación cuando Mario, con un grito, se abalanzó sobre él derribándolo al suelo. Los tres marineros restantes soltaron a la joven esclava y se lanzaron contra Mario. Un segundo después luchábamos codo con codo por nuestras vidas y la de la joven esclava. Éramos dos contra cuatro oponentes, pero no importaba; en nuestra mente no existía el miedo por nuestra integridad, sino el ánimo de impartir justicia y resarcir el daño causado a tanto ser humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando desperté tenía un costado vendado y Mario yacía junto a mí. El capitán fue llamado en cuanto abrí los ojos. Me dijo que le habíamos dado un buen susto y que se alegraba de verme de nuevo entre los vivos. Mario tardó un par de días más en despertarse. Estábamos en la casa del marinero de Brunei. Mas tarde me enteraria de lo ocurrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos semanas después, casi recuperado del todo, el Capitán nos invitó a Mario el cocinero -que no salía de su asombro- y a mí. Por él supimos que nuestra lucha fue a muerte, que matamos a dos de los tres marineros y que el último ya no tendría descendencia, pues nuestro cocinero le había arrancado de cuajo sus partes nobles. Nosotros habíamos salido mejor parados, aunque heridos de gravedad y con más de un golpe en la cabeza que hacía que nuestra memoria más reciente fuese tan difusa. Cuando nos pudieron separar, los hombres del barco negrero nos quisieron linchar, pero previsor como acostumbraba, el capitán había dejado algunos hombres armados a bordo, como bien sabíamos. Cuando llegamos a Brunei, fue puesto en conocimiento de las autoridades el cargamento que llevaba el barco y apresado su capitán. Los esclavos habían sido acogidos por la comunidad y repartidos por los diferentes pueblos. La vida no era nada fácil, pero era mejor sobrevivir libre que atado a una cadena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Capitán, con una sonrisa, nos dijo que tenía una sorpresa para nosotros dos, quienes le miramos con cara de asombro. Se abrió la puerta y apareció una jovencita de apenas quince años; una belleza inmaculada con la mirada tímidamente puesta en el suelo. En sus manos, sólo dos flores que nos entregó a Mario y a mí. Cuando lo hizo, su mirada se cruzó con cada uno de nosotros. No sé lo que sintió Mario, pero yo no pude más que maravillarme de lo que me dijo sin haber hablado. Era la joven que habíamos salvado de las garras de aquellos depredadores. En sus ojos puros y transparentes, con el brillo de alguien que empieza a vivir pero que ya ha vivido demasiado, delatando una extraña mezcla de juventud y sabiduría, pudimos leer su silenciosa gratitud por haberla liberado de un mal tan frecuente como el de la tiranía del hombre contra el hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Capitán nos dijo que estaba todo listo para partir al día siguiente, y que estuviéramos preparados al amanecer. Unas horas después nos despidió la aurora antes de ponernos en marcha.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-5360164055802921594?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2007/02/despus-de-dos-semanas-de-intensas.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/Rc4zDifK5DI/AAAAAAAAACc/Hps49w7jvhA/s72-c/esclavos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-2947181540555497254</guid><pubDate>Sat, 03 Feb 2007 12:51:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-02-03T15:19:02.415+01:00</atom:updated><title>El Misterio del Turco</title><description>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RcSGEmmmfjI/AAAAAAAAACQ/XUiL-KKZYRI/s1600-h/Cyan_by_AdamMock.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5027290497692368434" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RcSGEmmmfjI/AAAAAAAAACQ/XUiL-KKZYRI/s200/Cyan_by_AdamMock.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Unos días después el Capitán vino a hablar conmigo. Me comentó que nos retrasaríamos en la partida, pues los daños provocados por la tormenta eran más importantes de lo esperado y prefería repararlos a tener problemas después. Me ofreció buscarme otro transporte en otro buque. Le dije que esperaría; no tenia prisa por llegar y además ese retraso me daría ocasión para intentar descubrir algo que me tenía intrigado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hable con Ramón, quizás por proximidad o quizás porque no había nadie mas con el que poder hablar, y le conté mis intenciones. Después de haber oído el relato de Zasha estaba intrigado por algo: esa carta… ¿que pondría en esa carta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quería hacer averiguaciones, descubrir dónde se metió Breck e intentar averiguar si alguien sabía algo del asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ramón, amablemente, se prestó a acompañarme, pues él no había pensado en aquello y también sentía curiosidad. Aquella noche empezamos a frecuentar los diversos antros que había en el Puerto. En la cuarta noche, obtuvimos nuestra recompensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entramos en un local mugriento e insalubre, nada comparado con la taberna de Zasha. Olía a rancio, y los parroquianos no eran menos dignos del local. Era una casa de putas, como bien me indicó Ramón. Según entramos, se acercaron dos señoritas con aroma a perfume barato. Sus sonrisas contradecían la falta de brillo de sus ojos, y declinamos amablemente sus servicios preguntando por la dueña del establecimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Señora, como la llamaban, acudió a nuestro encuentro y después de pedir varios vasos de vino y hablar de banalidades, le preguntamos si conocía a Breck el Turco. Entonces nos observó más detenidamente y después nos indicó que la siguiéramos. Entramos en unos aposentos medianamente limpios y sencillos, donde nos invitó a tomar asiento y quiso saber qué era lo que andábamos buscando. Le conté lo que me proponía; el relato de Zasha, la curiosidad que me embargaba… Ella asintió con la cabeza, y empezó a hablar con sosiego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Si, conocí a Breck el Turco antes de que se casara, y también después…&lt;br /&gt;Antes de casarse con Zasha, estaba enrolado en un barco que varaba cada quince días en este puerto. Él venia aquí con sus amigotes y se embriagaba. Entonces ese joven se convertía en un demonio, pendenciero y violento; no era el mismo. Elegía a una de mis chicas y se la llevaba a un cuarto. Lo que pasaba allí arriba no se lo diré, pero mi chicas siempre salían con algún que otro moratón… Un buen día dejó de acudir y después supe de su cambio, que había encontrado el amor, se había quedado en tierra y que iba a formar una familia. Pero yo sabía que tarde o temprano, el demonio que llevaba dentro surgiría despertado por la primera gota de alcohol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día, de pronto, entró por la puerta todo enfurecido y amargado, pidió de beber sin parar y solicitó los servicios de dos chicas…. ante sus gritos a solas con él, tuve que pedir ayuda para lograr sacarlo a la fuerza de aquí. Se habían confirmado mis sospechas y ahora sólo temía por la pobre muchacha con la que se había casado. No le volví a ver sobrio hasta que tuvo el percance con su mujer y ella le cortó los bajos… yo no lo hubiera dejado vivo a ese canalla. El caso es que, antes de que eso ocurriera, una noche en medio de la embriaguez le escuché decir algo… bajo los vapores del alcohol empezó a hablar de su tierra. Pensé que era añoranza cuando un sollozo hizo que prestara más atención:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ellos, esos perros… ellos… mi madre, mi padre mis hermanos… mis hermosas y angelicales sobrinas todos… perros…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante unos minutos permaneció sollozando y después, con un arrebato de locura, se levantó, pidió más vino y se fue de nuevo con una de mis chicas… con un miedo atroz preparé a un par de hombres por si hacia falta volver a sacarlo de la habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esas palabras me hicieron suponer que algo terrible había pasado a su familia. Un tiempo después vino acompañado por alguien, otro turco con el que pude hablar más detenidamente y me contó lo que le ocurrió a la familia de Breck.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Breck se marchó de Turquía porque habían puesto precio a su cabeza. Una noche de borrachera, había matado a un joven comerciante y a su esposa después de haber hecho dios sabe qué cosas con ella. Él se enroló en un barco y desapareció. Le estuvieron buscando y al no encontrarlo, hicieron una proclama: si no aparecía y se entregaba en un tiempo razonablemente corto, toda su familia sería ajusticiada en su lugar. Nunca se enteró de ese ultimátum. Para dar ejemplo, se ejecutó la sentencia y toda la familia fue apresada, incluidos los niños. Una mañana, delante de toda la multitud, uno por uno todos los miembros de la familia fueron pasados a cuchillo. Primero lo hicieron con los niños, que con el terror en la mirada buscaban la ayuda de sus mayores sin entender qué es lo que estaba pasando, y ante los ojos de sus padres y abuelos que gritaban de desesperación. Después las mujeres, quienes para mayor humillación antes fueron despojadas de sus ropas y expuestas a los ojos de todo el mundo. Y por ultimo, los hombres. Los cuerpos fueron expuestos ante el pueblo para que cundiera el ejemplo y jamás lo olvidaran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después llego la carta de Breck a su pueblo y le fue contestada por un vecino. Lo que sigue ya lo sabéis. Aquel hombre era un demonio y nunca lo dejó de ser.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ramón y yo dimos las gracias, pagamos y nos marchamos. No hablamos palabra, pues cada uno caminamos en compañía de nuestros pensamientos. Si Breck fue un diablo, no menos lo fueron aquellos que impartieron presunta justicia sobre los inocentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dirigimos nuestros pasos hacia la Taberna de Zasha, que como siempre, estaba llena a rebosar. Llegamos justo a tiempo, pues había llegado un cuenta cuentos y ante la coquetería de nuestra anfitriona Zasha, se dispuso a interpretar su papel:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Hace mucho, mucho tiempo, en un lejano lugar, Vivian las cualidades humanas, juntas y amigas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día que estaban algo aburridas, la Locura, les planteo jugar al escondite.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Locura: Jugamos al escondite y así el tiempo se nos pasara más rápido y de una forma divertida. Yo me la quedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, si, dijeron los demás, y comenzaron el juego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Locura: uno, dos, tres…,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas comenzaron a correr y buscar su lugar, bueno todas no, pues la Pereza, como era muy perezosa se quedo en medio del camino, solo por no moverse más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Indecisión, como era tan indecisa se quedo corriendo entre un árbol y un seto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Romanticismo, se subió a la copa de un árbol para poder contemplar la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Envidia, como era tan envidiosa, se subió a la copa del árbol de al lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Celos, se pegaron a la Envidia, y no se separaron de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Amistad como era tan atenta, cedió su escondite junto a una roca al Miedo, para que así pudiera jugar, ya que este escondite estaba al aire y no era oscuro, y ella se escondió en el tronco de un árbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por ultimo, el Amor, que se metió entre una zarza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Locura: cincuenta y ocho, cincuenta y nueve y sesenta… Voy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno a uno los fue descubriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Locura:&lt;br /&gt;-Por la Pereza, que esta en medio del camino.&lt;br /&gt;- Por la Indecisión, que esta entre el árbol y el seto.&lt;br /&gt;- Por el Romanticismo, que esta en la copa de un árbol.&lt;br /&gt;- Por la Envidia, que esta en la copa de otro árbol…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así fue encontrando uno a uno, hasta que solo falto por encontrar… El Amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Locura: ¿Amor donde estas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ya estaban por rendirse, vio una zarza que se movía, y decidió coger un palo en forma de horquilla que había en el camino y con el pinchar dentro de la zarza,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto se oyó un grito de dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el Amor, que la Locura, sin querer, le había pinchado con el palo en los ojos.&lt;br /&gt;La Locura: Amor no te preocupes, pues por lo que te he hecho, a partir de hoy yo seré tus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por eso, desde ese día se dice que el AMOR ES CIEGO Y SIEMPRE VA ACOMPAÑADO POR LA LOCURA.”&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Esto me hizo pensar en la historia de Zasha y Breck el turco. En su caso, la locura la llevaba siempre por dentro y sólo el amor, por un breve espacio de tiempo, la había mantenido a raya. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-2947181540555497254?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2007/02/el-misterio-del-turco.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RcSGEmmmfjI/AAAAAAAAACQ/XUiL-KKZYRI/s72-c/Cyan_by_AdamMock.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-1561881424158652567</guid><pubDate>Sat, 27 Jan 2007 00:14:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-27T01:20:27.244+01:00</atom:updated><title>Singapore "Zasha"</title><description>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RbqawFS8oVI/AAAAAAAAACE/TyWQEyrOB7A/s1600-h/Alas%20alma.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5024498485131256146" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RbqawFS8oVI/AAAAAAAAACE/TyWQEyrOB7A/s200/Alas%2520alma.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Después de la muerte de nuestro amigo el Lobo de mar, que había sido nuestro cocinero, le sustituyó Ramón el sevillano. Faltaba poco para llegar a Singapore, donde el Capitán enrolaría a un cocinero reconocido, ya que Ramón hacía lo que buenamente podía, y como dijo el Capitán, no llegaríamos al final de la travesía con sus comidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de tanto tiempo en el barco, se me hacía raro caminar en tierra firme. Dirigí mis pasos hacia la taberna más cercana, pues permaneceríamos cuatro días varados en puerto mientras se hacían unos arreglos oportunos en la nave y el capitán contrataba un nuevo cocinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dejé conducir por la corriente de marineros que se dirigía hacia el mismo lugar: la Taberna del Turco, donde también alquilaban habitaciones. Tuve suerte y pude conseguir una, ya que partían dos barcos aquella misma tarde y desalojaron varios dormitorios. Una vez acomodado mi ligero equipaje, bajé a la taberna a comer un poco, con la esperanza de escuchar otra buena historia que poder anotar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La taberna me sorprendió, pues no era un antro como los que estaba acostumbrado a visitar; limpia y ventilada, olía a jabón y desinfectante, algo inaudito en un puerto de mar. Más tarde me enteré del motivo. El local estaba lleno a rebosar. Ramón el Sevillano se sentó a mi lado con una pinta de cerveza, y amablemente respondió a mis preguntas sacándome de dudas. La Taberna del Turco era regentada en realidad por la hermosa Zasha (que significa defensora de la gente) de origen Ruso y esposa de El Turco, cuyo apodo motivó el nombre del establecimiento. Todo aquel marinero que tuviera aprecio por su integridad, tomaba un baño y se vestía con ropas limpias antes de entrar a la Taberna del Turco, pues de lo contrario sería echado a patadas por los guardias y amantes de Zasha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto ví aparecer de la barra a una hermosa mujer de curvas sugerentes y mirada inteligente, entrada en años pero de muy buen ver, conservando todo el encanto de una juventud que todavía se adivinaba en su figura. Tenía un saludo para todos y recordaba la multitud de nombres y apodos de los parroquianos, como la anfitriona perfecta que era. Estaba viendo la transformación más increíble que llegaría a ver en mi larga vida; todos esos rudos marineros se convertían en corderitos ante la imponente presencia de aquella mujer cuyo nombre ya conocía: Zasha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó hasta mi mesa y dio un cariñoso beso a mi compañero de mesa, Ramón, que a pesar de su piel curtida por el sol, pude comprobar cómo cambiaba de color con un rubor intenso. Dirigió su mirada hacia mí y levemente asintió con la cabeza a modo de saludo. Cuidaba hasta el más mínimo detalle de todo lo que hacia. Observé que se acompañaba de dos hombres enormes que no la perdían de vista y ante los que todos cedían el paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así continuamos durante un largo rato. Yo aún no comprendía el porqué de tanta concurrencia, pues sabia apreciar que la dama era todo un espectáculo y un soplo de aire fresco, pero no consideraba motivo suficiente para completar el aforo de aquel local. No tardé en salir de dudas y comprender el motivo. Comenzó a sonar la música de un piano, se hizo el silencio y la bella Zasha entonó una canción con una hermosa voz. Una vez hubo terminado, un estruendoso aplauso inundó la taberna inaugurando la fiesta. Alguien gritó: ¡cuéntanos una historia, Zasha! seguido por otros y otros ruegos, ella se tomó el tiempo justo para acallar las peticiones, y con la voz más sensual que yo haya escuchado jamás en una mujer, empezó a relatar la historia de Breck el Turco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Como todos sabéis, hace algún tiempo estuve casada; os voy contar esa historia y de cómo llegue a ser la dueña de este palacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como iba diciendo, hace algún tiempo, cuando vivía en mi tierra, conocí a un hermoso joven. Era dos años mayor que yo, por aquel entonces también más joven pero igual de hermosa.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;– una carcajada general y algún que otro comentario bien medido sonó en la taberna –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Yo vivía en Riga, en un pueblecito cercano al puerto de mar. Sólo de vez en cuando, y por casualidad, se aceraba algún marinero a ese pueblecito, pues lo mas normal es que sólamente estuvieran un par de días y no precisamente para visitar pueblos… aunque sí había un sitio que visitaban muy a menudo: se llamaba la casita roja, donde unas bellas señoritas atendían sus necesidades más… bueno vosotros ya comprendéis lo que trato de decir…&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Volvió a provocar una carcajada general y aprovechó una pausa para que todos pidieran de beber. Ante todo estaba el negocio, como pude observar –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;…pues bien; este joven marinero no era como los demás. Se alejó del puerto y pidió alojamiento por dos días en mi pueblo. La primera vez que le vi, me quedé sin respiración y mi pulso se aceleró, nuestras miradas se cruzaron y rápidamente las apartamos como si estuviesen provocadas por el mismo relámpago. Mirando de reojo pude notar que se había sonrojado, y eso hizo que la siguiente vez le mirara más descaradamente. Esta vez él no retiró la mirada como yo esperaba, y sin darnos cuenta sostuvimos nuestras miradas fijamente, como dos animales preparados para la lucha… o como dos bobos. No sé cuánto tiempo pasó, ni cómo pasó, pero cuando me quise dar cuenta, estábamos conversando como si fuéramos dos viejos conocidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En vez de embarcar, encontró trabajo en el pueblo y se quedó conmigo. Todos los días nos veíamos en el mismo sitio y charlábamos. Yo estaba loquita por sus huesos; era un encanto de hombre, cuidadoso, amable, atento… deseaba con toda mi alma que me besara, que esos labios que yo miraba con deseo se fundieran con los míos, que me estrechara con sus brazos y me apretara contra su pecho… Pero él seguía siendo todo un caballero. Un día solicitó hablar con mi padre estando yo ausente. Nunca supe los detalles de aquella conversación, aunque mi padre me dijo que me habían pedido en matrimonio y que había dado el visto bueno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un año después de aquella conversación, me convertí en la esposa de Breck (que quiere decir solidó y firme) el Turco, después de tan larga espera. Todo mi cuerpo estaba preparado. Cuando Breck entró en nuestra habitación, había un brillo de deseo en los ojos que llevaba reprimiendo mucho tiempo, y aún así no se precipitó y se acercó hacia mí despacio, recreándose y haciéndome bajar la mirada hasta enrojecer. Tomándome de la barbilla, hizo que le mirase y despacio se acerco a mis labios dudando durante unos segundos…. después toda la tensión y el deseo acumulado se convirtió en pasión. Los besos llovían sin cesar, la sensación de querer más y de no tener nunca suficiente… Las manos recorriendo todos los pliegues y todas las curvas de mi piel… Yo me aferraba a él. No quería dejarle marchar. Me despojó de mis ropas con una velocidad increíble y después se detuvo. Quería beber de mi cuerpo con la vista, y eso relajó la situación y más sosegadamente, se acercó a mi susurrando que me amaba, que ya no podía soportarlo más, que había sido un duro castigo durante tanto tiempo reprimir los besos y las caricias cada día, sin oler mi pelo ni poder estrecharme entre sus brazos. Mientras llenaba mis oídos de dulces palabras, seguía acariciando mi cuerpo y cada suave caricia provocaba que me estremeciera en mi interior. Poco a poco se incorporó, y antes de que nos fundiéramos en uno, me preguntó que si estaba preparada…. no, no estaba preparada, ¡estaba preparadísima! llevaba tanto tiempo esperando ese momento que me dolían el corazón y el alma. El poder tenerlo para mí, el que me amara, era un sueño hecho realidad. Muy despacio, se dejó caer cuando encontró mi virginidad. No se apresuró y espero a que me relajara. Después de un firme empujón, entró en mí y con suaves movimientos me llevó a aquello que jamás había experimentado; vi el cielo unido a la tierra y en lo profundo de sus ojos, el amor…&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;Pasaron los días como un sueño. Cada vez que hacíamos el amor era como si fuera la primera vez. Un día me anunció que escribiría una carta a su familia para contarles dónde se encontraba y que tenia por esposa a una maravillosa y hermosa mujer. Me habló de su madre, de su padre y de su tierra. Cuado lo hacía, su cara se iluminaba de tal manera que me inspiraba a amarle más todavía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó el tiempo y me habló de sus proyectos. Pedimos dinero prestado a mis familiares para realizarlo, y con mucho sacrificio montamos la taberna. Al principio solo acudían indeseables, y sus miradas lascivas hacían que mi Breck se enfrentará a ellos, y más de una vez estuve a punto de perderlo. Poco a poco empezaron a entrar otros marineros más humildes y de mejores modales, consiguiendo así devolver en poco tiempo el dinero prestado. Teníamos un prospero negocio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos meses después, llegó una carta de su tierra. Él, completamente alborotado, la abrió y se apartó en un rincón de la taberna para leerla. Yo le observaba desde la distancia, pues no quería romper el hechizo del momento. Su rostro fue cambiando, y paso de la alegría a la amargura en un instante. Entonces me acerqué a él para saber que noticias le provocaban tal zozobra y poder consolarle cuando, de un manotazo, me apartó de él y salió corriendo de nuestra taberna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca supe que había escrito en esa carta, pues cuando volvió por la noche, ebrio por los aromas de vino y mujeres, quemó la carta en la chimenea. Después, mirándome como jamás lo ha hecho -ni consentiré que lo haga nunca más hombre alguno- me abofeteó y me poseyó en el suelo. Ese día fue el primero de un auténtico infierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del sueño pase a la pesadilla como de la noche al día. Yo quería hablar con él, pero el no me lo permitía. Cuando lo intentaba, recibía una paliza. Ya ni siquiera me tomaba por la fuerza; sólo cuando venia borracho como una cuba, me pegaba y después me humillaba. Las palabras dulces fueron sustituidas por insultos y el desprecio de su mirada fueron mucho más dolorosos que los golpes. Todas las noches sollozaba y me lamentaba; quería que volviese el hombre del que me enamoré, y todas las mañanas despertaba con el demonio en el que se había transformado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transcurrieron los días y cada vez caía mas bajo. Ya no me importaba nada. Ya no sentía nada. Me estaba convirtiendo en un fantasma, hasta el día en que supe que estaba embarazada y recibí la mayor paliza de mi vida. Él, con su veneno interior, hizo que perdiera la vida que llevaba dentro y entonces algo en mi se rebeló... no había miedo en mi mirada, sino desprecio. Eso le enfurecía y me pegaba más duro aún, pero ya no afectaba en mi interior. Una noche no aguante más, y cuando levantó de mi magullado cuerpo su asquerosa presencia, esperé pacientemente a que se durmiera y, cuando había caído en su sueño profundo, cogí el cuchillo que durante días afilaba cuidadosamente y le rebané eso que tanto aprecian los hombres, convirtiéndole desde entonces en un eunuco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresé a casa de mis padres, pues no quería saber nada de él. Estaba rota por fuera y por dentro, pero sentía cierta satisfacción interior. Una amarga satisfacción. Unos meses después, y a causa de la infección de las heridas, el turco murió y yo me convertí en la propietaria de este hermoso local. No quería que fuese un mugrienta y asquerosa taberna, por lo que decidí poner mis condiciones. Había sufrido mucho y un hombre me había destrozado la vida. Ahora era el momento de tomar las riendas y decidir siempre yo el curso de mi destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contraté los servicios de dos guardias y les di instrucciones: sólo entrarían en mi taberna aquellos que fueran dignos y siguieran las reglas de la casa. Solo entrarían aquellos que usaran mis baños. No resultó fácil, pero poco a poco todos vosotros supisteis apreciar los encantos de esta dama y adoptar las virtudes del aseo. Yo, por mi parte, tengo todos mis apetitos satisfechos con estos dos pedazos de ejemplares del género masculino, que son mis guardias.”&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una carcajada general dio por finalizado el relato. Todavía estaba asimilando lo que acababa de escuchar. Como buen observador, algo llamó mi atención: un cuchillo que había colocado bien visible en medio de la barra de la taberna. Con un sobresalto, miré a Ramón y éste, con un movimiento de cabeza, confirmó lo que estaba pensando. No sentí compasión alguna por el destino que sufrió Breck el Turco, y aún a día de hoy no consigo entender la frágil barrera que separa el amor y el odio de los hombres débiles de carácter. Miré de nuevo a aquella mujer con otros ojos; estaba viendo a una luchadora que desde un pozo profundo había logrado salir y volver a florecer convirtiéndose en una persona independiente y arrolladora que transpiraba serenidad y energía por cada poro. Lo que sin lugar a dudas comprendí fue el respeto que todos profesaban a aquella mujer, capaz de repartir afecto a tantos hombres sin renunciar al amor y al respeto por sí misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-1561881424158652567?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2007/01/singapore-zasha.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RbqawFS8oVI/AAAAAAAAACE/TyWQEyrOB7A/s72-c/Alas%2520alma.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-4363267960375484472</guid><pubDate>Sun, 21 Jan 2007 12:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-22T11:20:26.902+01:00</atom:updated><title>La Sirena Indecisa</title><description>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RbNZVc0alqI/AAAAAAAAAB4/EavaihdFXbQ/s1600-h/leita.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022456234496399010" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RbNZVc0alqI/AAAAAAAAAB4/EavaihdFXbQ/s200/leita.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RbNYbc0aloI/AAAAAAAAABg/fWlgsmGuD8k/s1600-h/Sirena"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Llegó el momento de ponerme de nuevo en marcha y continuar mi viaje hacia Japón como era mi intención, y decidí entonces embarcarme. El Jeque, ante la amistad que habíamos forjado, me acompañó hasta Chennai.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez buscado alojamiento, y de nuevo haciendo gala de su amabilidad y preocupación por mi bienestar, buscó un buque que me llevara en la dirección correcta. Ante mi sorpresa, el buque elegido fue un carguero Español. El Capitán del carguero, Fernando del Campillo, me explicó que su viaje era largo y que nos detendríamos en los puertos de Singapore, Brunei, y Filipinas antes de atracar en Macau, tierras japonesas. Me pareció una situación excelente, pues conocería más sitios y ciudades de las que había esperado en un principio, y por ende, la aventura del mar y del navegante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos días después me despedí del Jeque y embarqué. El carguero tenía un aspecto desaliñado pero como pude comprobar algún tiempo después, aunque sólo exteriormente, pues era robusto y tenía todo lo que necesitaba para navegar en buenas condiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poco tiempo, en alta mar, me lleve una gran sorpresa. Un barco, por muy grande que sea, llega a ser aburrido una vez superada la curiosidad inicial. Solicité al Capitán que me diera algún trabajo para no permanecer ocioso y así poder dedicar mi tiempo a otra cosa que el ir de un lado para otro. Éste me indicó que ayudara al cocinero. Bajé a la cocina, y cuando el cocinero se dio la vuelta, me quedé boquiabierto; ante mí encontré a Juan el Lobo de Mar… Por supuesto, seguía siendo un viejo, pero algo en su actitud había cambiado; había una chispa en su mirada en la que no había reparado en la taberna. Al verme, se acercó para observarme bien y me preguntó si nos conocíamos de antes. Yo le dije que le había oído contar una historia en una taberna en el puerto de Garachico y se le iluminaron los ojos. Con una sonrisa, me dio la mano a modo de bienvenida. Le pregunté porqué se había vuelto a embarcar y respondió que él era un hombre de mar y la tierra terminaría por pudrirle si permanecía demasiado tiempo en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez por semana y como algo especial, el capitán, que conocía bien el valor de los hombres, dejaba que la mitad de la tripulación tomara unos vasos de vino y se divirtiera un rato mientras la otra mitad trabajaba, turnándose y rompiendo la monotonía del duro trabajo diario. Como no era de esperar menos Juan el Lobo de Mar, ahora convertido en Juan el cocinero, era al que todos esperaban, pues la costumbre de contar una historia estaba arraigada en él y se había convertido en algo muy especial para sus camaradas. Pude observar que todos se colocaban en torno a él y esperaban expectantes su relato. Se sentó en un barrilillo de especias vacío y pausadamente, después de llenar su pipa, se dispuso a hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Todos sabéis aunque ninguno hablamos de ello como marineros que somos, del mito de la existencia o no de las sirenas….&lt;/em&gt; – un leve murmullo se oyó, y hasta los que estaban trabajando bajaron el ritmo y prestaron atención a Juan – &lt;em&gt;bueno, esta historia tiene mucho que ver con ese mito y con las razones por las que ya no se dejan ver; esta historia pasa de padres a hijos en mi familia y durante muchas generaciones ha sido así. Ahora la compartiré con todos vosotros, claro está si le permitís un sorbo de vino a este anciano.-&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Se escuchó una carcajada y rápidamente le ofrecieron un vaso de vino. Después de mojarse los labios con el noble néctar, continuó-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Esto ocurrió en mi tierra. Había allí un joven pescador llamado Felipe, que todos los días a la misma hora se marchaba a pescar. Cogía su pequeño bote y se adentraba mas lejos de donde termina la prudencia. Llegaba siempre justo al lado del islote del diablo, que así era como lo llamaban los lugareños, pues cuando algún barco se acercaba por la noche y su capitán no era conocedor de esas aguas, muchas posibilidades había de que el diablo le guiara hasta él y hiciera naufragar su barco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era joven y de brazos vigorosos, no le asustaba el tener que remar y sabía que cuanto más lejos, mejor era la pesca. De hecho, él siempre llevaba el mejor pescado de la lonja. Desde hacia varias semanas tenia una extraña sensación, como si alguien le observara. Él miraba a su alrededor, pero no era posible que sus sospechas estuvieran fundadas estando en medio del mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día llego con su pequeña embarcación al mismo sitio de siempre, justo cuando apuntaba el sol por el horizonte. Aún no se veía con claridad, cuando una dulce melodía le llegó como un susurro. Se quedó quieto y escuchó; era la voz dulce de una mujer, y procedía del islote. Remó hacia el, y al llegar, el sol asomó por el horizonte iluminando con sus primeros destellos a una hermosa joven de pelo rizado y chispeantes ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sorprendió; aquella muchacha… ¡era una sirena! había escuchado hablar de ellas, las amazonas del mar, que protegían a los marineros y les ayudaban cuando estaban en apuros, pero nunca había visto a ninguna. Él no estaba en apuros; ¿por qué entonces estaba allí? Se aproximó y la saludó. Ella estaba allí por pura curiosidad; le explicó que su madre le había contado cosas de los hombres de la tierra, de cómo había ayudado a muchos de ellos, y sintió la necesidad de saber más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese día, durante los meses siguientes, la sirena y el marinero charlaban mientras él hacia su trabajo. Ella preguntaba y él pacientemente respondía. Poco a poco empezaron a conocerse. La sirena comenzó a sentir la necesidad de hablar con Felipe, pues ya no era sólo curiosidad, sino algo que a lo largo de esos meses había hecho que el corazón le palpitara más deprisa cuando veía acercarse su barca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día, la sirena le contó a su madre lo que le sucedía, explicándole que había conocido a un hombre y que no podía dejar de pensar en él, soñar con él. Tenía un nudo en el estómago cuando le veía aparecer cada día y le hacía suspirar cuando él le dedicaba una sonrisa. Su madre, la estrechó tiernamente entre sus brazos y le dijo que había sido una imprudente involucrándose de ese modo con un hombre; siempre eran ellas las que ayudaban y ahora la que necesitaba ayuda era su propia hija. Le preguntó si era correspondida con el amor de él, y respondió que no estaba segura. Sin embargo, ella albergaba la esperanza de que así fuese, pero dado el carácter reservado de Felipe y de cómo había guardado las distancias en el plano personal, no tenia la certeza. Su madre le animó a que se lo dijera. La sirena estaba indecisa. además ¿qué podía importar? los separaba un gran diferencia: ella era mitad pez, mitad humana. Su madre, con una sonrisa en los labios, le explicó que había una forma de ser humana por completo, pero que el sacrificio consistía en no volver a ver nunca más a sus seres queridos. No volvería a ser sirena, pues el fenómeno era irreversible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó el tiempo. La sirena se moría de amor, pero no le decía nada a Felipe. Él, por su parte, estaba locamente enamorado de aquella criatura, pero no creía ser correspondido por ella; ¿una sirena amando a un humilde pescador? Imposible. Para no sufrir más, fue distanciando sus visitas al islote del diablo y cambió su sitio de pesca. Poco a poco se alejó de la sirena. Con el transcurso de los días empezó a ver a una muchacha de su pueblo, y tiempo después se casó con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sirena se sumergió en lo más profundo del mar, se volvió taciturna y no habló con nadie. Estaba triste y la sonrisa se había borrado de su rostro. Empezó a languidecer hasta que un día se marchó de la colonia y nunca más volvió a ser vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus hermanas estuvieron semanas buscándola y toda la colonia quedó sumida en la tristeza, pues algo como aquello jamás antes había ocurrido. No pudieron entenderlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su madre expuso el caso ante la colonia y explicó lo que había ocurrido. Entre todas las sirenas, se llegó a un acuerdo: por el bien de su especie, nunca más se dejarían ver por los humanos; todo contacto sería evitado y jamás se les volvería a ayudar, pues resultaba demasiado peligroso para ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, nunca se ha vuelto a ver a una sirena. Tan sólo cuando llega la fecha en la que la triste sirena enamorada se marchó, salen a la superficie y cantan su canción. Si algún marinero está cerca y la escucha, su corazón añora aquello que ama y se entristece su alma. Por eso dicen que hay que taparse los oídos cuando se escucha el canto de la sirena, pues es capaz de embrujarte.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos quedaron en silencio como siempre. Nadie habló durante unos minutos, hasta que una broma hizo romper el hechizo del relato. Juan lo había vuelto a conseguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos empezaron a recoger y a retirarse cuando de repente el tiempo empezó a cambiar. El mar se agitó y el viento empezó a soplar con fuerza. Nunca había estado embarcado en medio de una tempestad, y ese día fue mi primera experiencia. Todos los marineros se pusieron a trabajar frenéticamente. El capitán daba órdenes sin parar y todos sabían exactamente lo que hacer. Yo, para no estorbar, me retiré como pude a mi camarote, donde estuve dando bandazos durante las dos horas que duró el temporal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando amainó, volví a subir al puente, donde permanecía el capitán muy serio. Con gesto cansado, me dijo que tenía otro trabajo para mí. Juan el Cocinero había tenido un percance en la cocina y estaba gravemente herido. Quería que me ocupara de él; el médico de a bordo le había dicho que nada podía hacerse, salvo evitar que permaneciese solo en sus últimas horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasé los últimos momentos con Juan, agarrándole la mano para que no sintiera soledad. Ante mí tenia a un hombre que lo había tenido todo y todo lo había perdido, pero que se había superado a sí mismo y se había convertido en un hombre excepcional, en una persona querida y respetada por todos. Yo guardaba un secreto que él no conocía. Me acerqué a su oído y en un susurro le conté lo que me propuse nunca confesarle: la verdad sobre su hijo. Me miró y con un débil hilo de voz, me dio las gracias. Cerró los ojos y pude oír muy débilmente lo que susurraba: “Naroha Mayni, Naroha Mayni”. Se marchó de este mundo con una sonrisa en sus labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, entregamos el cuerpo de Juan el Lobo de Mar, el Cocinero, a aquella a quien siempre había amado: a la mar.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-4363267960375484472?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2007/01/la-sirena-indecisa.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RbNZVc0alqI/AAAAAAAAAB4/EavaihdFXbQ/s72-c/leita.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-8648234434687168596</guid><pubDate>Fri, 12 Jan 2007 12:55:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-21T15:49:12.612+01:00</atom:updated><title>Kurram y Arjumand</title><description>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RaeFZ80almI/AAAAAAAAABI/md1Z_sNCYQE/s1600-h/arjumand.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5019126990596904546" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RaeFZ80almI/AAAAAAAAABI/md1Z_sNCYQE/s200/arjumand.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Disfruté del viaje y comprendí a mi querido amigo Amkro. Hacía una semana que habíamos llegado a la India. Es increíble la pluralidad de culturas humanas y cómo cambian las costumbres, sus gentes y los estilos de vida en margen de tan sólo unas jornadas de viaje. Que mundo tan dispar se me antoja éste, acostumbrado a la homogeneidad del mundo del que procedo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En la hostería donde me alojé con el jeque, y a punto de emprender mi viaje hacia la costa para embarcar, escuché la historia de Kurram y Arjumand. Debía retirarme a dormir, pues estaba agotado, pero mi sed de conocimiento y el afán de escuchar cualquier historia del lugar hicieron que tomara buena nota del relato (1). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sentado sobre un mugriento taburete, un joven estibador de elefantes estaba congregando un corro de gente a su alrededor. Le pusieron un vaso de té en la mano y le animaron a que contase una historia. Por lo que pude observar, debía de ser buen y popular narrador, pues cuando se dispuso a relatar la historia, como por arte de magia cesó el bullicio y acaparó la atención de los presentes. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cuenta la leyenda que existió un príncipe Llamado Kurram, que había sido formado e las más selectas disciplinas del saber: astronomía, gramática, matemáticas, filosofía… Dominaba además el árabe -la lengua del Corán- y el persa -la lengua de la corte-. Era un joven en plena formación para el gobierno de su país. &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Un día, paseando por el bazar entre le bullicio de mercaderes y estibadores de elefantes, observando todo con suma atención y examinando a su futuro pueblo, su mirada se posó sobre una hermosa joven. Era la princesa Arjumand, hija del Primer Ministro de la corte. Ésta, al sentirse observada, dirigió su mirada hacia Kurram. En ese momento sus corazones se detuvieron y cuando volvieron a latir lo hicieron al mismo tiempo, pues con sólo una mirada había nacido uno de los mayores amores jamás conocidos en esta tierra de hombres. &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El Príncipe, impresionado por lo que le acababa de ocurrir y por la belleza felina que emanaba de ella, se interesó por el precio del collar de cristal que ella se estaba probando. El mercader, sonriendo, le contestó que no eran cristales, sino diamantes que componían las cuentas de aquel collar. La joya costaba una auténtica fortuna. El príncipe pagó el collar, se giró hacia la princesa y se la colocó en su grácil cuello, firmando de aquel modo en sus corazones aquella mutua entrega.&lt;br /&gt;Tuvieron que esperar durante cinco años para contraer matrimonio; años que se hicieron eternos debido a que no tuvieron contacto alguno durante ese tiempo. Sólo podían oír el latido de su corazón y los ecos de su añoranza. Años después de casarse, cuando el príncipe fue coronado, pasó a llamarse Shah Jahan (Emperador del Mundo) y ella, Mumtaz Mahal (la Elegida del Palacio). &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Era un amor intenso y apasionado, y como todos los grandes amores, teñidos de tragedia. Cuatro años después de ocupar el trono, el emperador sufrió el destino más funesto que estaba escrito en el papel de su vida: su amada esposa, su otra mitad, su amor Mumtaz Mahal, no pudo resistir el parto del decimocuarto hijo y falleció. Shah Jahan, destrozado por el dolor, ordenó construir el Taj Mahal para rendirle homenaje en su última morada, como mausoleo en memoria del amor que ambos se profesaron. &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Una vez edificado, el Emperador quiso construir otro mausoleo-tumba para él mismo, idéntico al de su esposa pero levantado en mármol negro al otro lado del rió Yamuna, y unir después ambos sepulcros mediante un puente de oro. Lo hubiese hecho de no ser por Aurangzeb. &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Aprovechando el estado depresivo y de profunda tristeza en el que estaba sumido el emperador, Aurangzeb, tercer hijo de Shah Jahan, cegado por la ambición y el ansia de poder, traicionó a toda su familia. Asesinó a sus hermanos (excepto a dos mujeres) y arrebató el poder a su padre. Después lo encarceló en una torre del Fuerte Rojo de Agra, frente al Taj Mahal, y a las dos hermanas supervivientes en otra. &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El Emperador vivió en su prisión hasta los 74 años de edad. Una vez postrado en su lecho de muerte, pidió que le colocaran un espejo de tal manera que aún tumbado pudiese seguir viendo la tumba de su esposa. Así fue como expiró, observando la huella que su amada esposa había dejado en su corazón y la prueba con la que él lo testimoniaba ante el mundo entero.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La historia me sumió en la reflexión; ¿Que era el amor? ¿cuál es el alcance de ese sentimiento por el cual los hombres llegaban a hacer tales proezas y conservar su devoción hasta la muerte? Sin duda de amor debía tratarse, pues cada vez estaba más convencido de que el amor en sí mismo no es sino magia forjada en los corazones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(1)            La historia del Rey Shah Jahan y la Reina Mumtaz Mahal, es una leyenda popular de la India, que me limito a exponer con alguna licencia.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-8648234434687168596?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2007/01/kurram-y-arjumand.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RaeFZ80almI/AAAAAAAAABI/md1Z_sNCYQE/s72-c/arjumand.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-4744092284950001269</guid><pubDate>Sun, 07 Jan 2007 12:59:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-07T14:26:59.855+01:00</atom:updated><title>Sensaciones</title><description>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RaDvqxazUfI/AAAAAAAAAA8/DjBnTfuRSBw/s1600-h/4563.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5017273502990029298" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RaDvqxazUfI/AAAAAAAAAA8/DjBnTfuRSBw/s200/4563.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Llevaba varios meses bajo la hospitalidad del Jeque y había llegado el momento de volver a ponerme en camino. Había oído a mi amigo hablar de una nueva expedición para comprar sedas de la india, y me invitó a que lo acompañara. Acepté sin dudarlo, ya que estaba en la misma dirección en la que quería dirigir mis pasos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amira estaba entristecida ante la inminente partida. Esta vez no nos acompañaría; su padre le rogó que se quedase, pues no tardaría mucho en volver y le prometió que la próxima vez que viajara en busca de sedas, ella le acompañaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al tercer día de trayecto me decidí a escribir algo que mi mente no necesita esforzarse en recordar, porque siempre ha estado y estará presente, y que no obstante me decido a compartir en mi diario como todo lo que me acontece y creo importante relatar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Dos noches antes de partir, agotado después de una larga jornada acompañando al jeque de un lado para otro organizando el viaje y ultimando sus pormenores, me di un baño antes de retirarme y al poco rato de tumbarme en el lecho quedé profundamente dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me desperté. Algo no andaba bien. Cuando me quise mover descubrí que no podía hacerlo, y mis ojos, aún abiertos de par en par, no eran capaces de ver nada en absoluto. En seguida comprendí el motivo; estaba atado de pies y manos y mis ojos habían sido vendados. Empecé a revolverme cuando alguien a mi lado, con un susurro, me indicó que me tranquilizara, callara y permaneciese quieto y tranquilo. Traté de relajarme, comprendiendo en aquel tono que no existía una amenaza que yo debiese temer. De repente unos labios acariciaron los míos tímidamente. No sabia quien era, pero algo en mi interior empezó a revolucionarse y apenas sin darme cuenta respondí también tímidamente a aquel beso. Tenía una sensación extraña de nerviosismo, excitación, anhelo… y volví a poner esfuerzo en relajarme. Lentamente, esos labios que no habían dejado de acariciar los míos y llenarme de dulces besos descendieron por mi cuello mientras una descarga me inducía a lanzar suspiros. Me gustaba aquel juego. Una mano suave se posó en mi pecho y comenzó a jugar cuando de pronto sentí otros labios junto a los míos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis sentidos estaban totalmente desbordados, sometidos por sensaciones indescriptibles. Quería responder a sus caricias fuera quien fuese, pero mis ataduras me lo impedían y eso hacia más excitante aquella situación. Podía recibir placer pero no entregarlo; solo me quedaba dejarme llevar y disfrutar del regalo que estaba recibiendo. Me despojaron de la venda y pude reconocer a quienes me estaban complaciendo tan solícitamente, y pude confirmar lo que mi mente había sospechado. Las jóvenes Amira y Aaminah estaban dándome algo que no había imaginado. Quise hablar cuando Amira, con sus ojos fijos en los míos e imponiéndome silencio con un dedo sobre mis labios, se aproximó sin apartar la mirada y depositó sus carnosos labios tiernamente sobre los míos… quise abrazarla pero mis ataduras me lo impedían. Algo me dejó sin respiración. Aaminah, muy despacio, estaba besando mi virilidad en un ritmo acompasado, jugando y brindándome uno de los mayores placeres que había obtenido en mi vida. No aguanté mucho, pues era imposible evitar que derramase mi esencia ante sus atenciones. Mi ojos no perdían detalle; ahora eran ellas las que se regalaban y llenaban de besos. No pude más que observar a media luz las sensuales curvas del contorno de sus cuerpos, el amor con el que se tomaban la una a la otra, dándome un respiro. No fue necesario prolongarlo; con todos los sentidos a flor de piel, pronto estuve listo de nuevo y Amira, tomando la iniciativa, se sentó sobre mí y muy lentamente nos fundimos en uno. Yo continuaba atado, sin poder acariciar su cuerpo ni su piel. Ella seguía llevando la iniciativa con suaves movimientos, y Aaminah, intuyendo mi necesidad de contacto, finalmente me desató. Al fin pude también disfrutar del sentido del tacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, tres días después, comprendo la magnitud del regalo que me hicieron; del gesto, la naturalidad y la sencillez con la que me amaron y permitieron que las amara, hablándome con sus cuerpos de sentimientos y emociones que no alcanzan a describir las palabras y haciéndome partícipe de una experiencia a un tiempo humana y divina. Jamás las olvidaré, pues bien sé que nunca volveremos a encontrarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, montado sobre un hermoso corcel árabe, mis pasos me llevan hacia otro país. Allí dejaré la compañía y la protección del jeque. He tomado la determinación de que embarcare de nuevo en un carguero que recorra bordeando la costa y así acercarme más rápidamente al destino que me había fijado en un principio.”&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-4744092284950001269?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2007/01/sensaciones.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RaDvqxazUfI/AAAAAAAAAA8/DjBnTfuRSBw/s72-c/4563.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-2843166680716356624</guid><pubDate>Sun, 31 Dec 2006 10:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-07T14:27:42.782+01:00</atom:updated><title>La Reina de los Lobos</title><description>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RZeOOUD4u-I/AAAAAAAAAAw/OgRQoBFmP9M/s1600-h/AULLIDO.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5014633086654659554" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RZeOOUD4u-I/AAAAAAAAAAw/OgRQoBFmP9M/s200/AULLIDO.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tenía intención de partir de inmediato una vez me hubiese repuesto de tan largo viaje, pero a petición del jeque y de su amable ofrecimiento decidí permanecer un tiempo para conocer a sus gentes y sus costumbres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la casa del jeque era habitual después de la cena escuchar historias y cuentos. Nunca había visto tal costumbre y me interesaba conocer toda leyenda. Quiero relatar una de esas historias, contada por Amira, la cual me sorprendió con su relato pues no imaginé que tuviera tal don de la palabra en su narración. Hacia ya dos semanas del regreso del jeque hasta ese día, y habíamos permanecido en la intimidad sin ofrecer ninguna fiesta ni comida. Esa noche el jeque organizó una cena para sus amigos más allegados, y una vez terminada, cuando todo el mundo estaba relajado después de dar cuenta de la comida aderezada con el buen vino, le pidió cariñosamente a su hija que nos deleitara con una historia. Ésta le preguntó si tenía alguna preferencia, y el jeque respondió que sólo necesitaba que existiera pasión en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amira se dispuso contar su relato:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace tiempo, cuando tenia quince años, mi niñera me contó una bella historia que le contó a su vez su niñera a sus quince años, que a su vez le contó… bueno, sólo deciros que esta historia se remonta mucho tiempo atrás, que ha pasado de mujer a mujer durante muchas generaciones. Ocurrió en un país lejano de grandes montañas y extensos y fértiles valles… En la cumbre de una de aquellas montañas, en un hermoso palacio dirigía su reino Ali Yusuf (que significa el Muy alto y noble José) junto a su hermosa esposa Dunya (que significa mundo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era su vida plácida, y su reino inexpugnable; sólo había un paso por donde acceder a él y estaba fuertemente vigilado, siendo casi imposible que ejército alguno pudiera coronar las altas cumbres que lo rodeaban. La reina tenia un don con los animales y solía pasear por el bosque acompañada de sus cinco mascotas, todas peculiares, pues eran cinco hermosos lobos blancos -fieros como el que más aunque que al lado de la reina Dunya se comportaban como cachorros-, motivo por el cual las gentes de lugar la llamaban “La reina de los Lobos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día llegó a oídos de la reina la llegada a la aldea de un juglar. Entusiasmada, habló con el rey y le pidió preparar un banquete en el que el juglar amenizase la velada. El rey aceptó de inmediato y dio orden de prepararlo todo. Tres noches después, mientras tomaban una suculenta comida, hicieron pasar al juglar Maymum Malik (que significa Afortunado Ángel) que cantó y recitó poesía durante toda la velada para gozo de la reina, que se mostraba encantada. Lo más curioso de Malik era que mientras lo hacía, tenia posada en su hombro una paloma. La Reina, una vez terminada la cena y ya habiéndose retirado los invitados, le hizo llamar aparte y le preguntó por el ave; Malik le contestó que era una paloma mensajera, que servía para hacer llegar mensajes de un sitio a otro, y le prometió que se lo mostraría enviado un mensaje en muestra de agradecimiento por su generosidad de aquella noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los dos días llego a la ventana de los aposentos de la reina la paloma de Malik, y en una de sus patas transportaba un rollito de pergamino atado con un lazo. La reina, con una sonrisa, lo abrió y leyó las palabras escritas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Majestad, si no fuerais reina os confesaría que el fulgor de vuestra mirada me cautivó desde el instante en el que os vi. Si no fuerais reina, Majestad.-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La reina, complacida por el halago, respondió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.-Malik, si no fuera reina os diría que me sentí hechizada por vuestra voz. Si no fuera Reina.-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de aquel día, la paloma traía y llevaba mensajes a diario. Se trató de un juego inocente en un principio, pero poco a poco, Malik se volvió más osado y la reina descuidada; el amor surgió de aquellos mensajes y la reina padeció el conflicto de los sentimientos encontrados y el alma alborotada, pues amaba al rey -su esposo-, pero también amaba a Malik. El rey percibió algo extraño en la reina, y no sabiendo qué le ocurría, la agasajaba con regalos y la colmaba de detalles. Ella le amaba pero su corazón estaba hechizado por las palabras del juglar y no había día que no esperara con ansia su mensaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rey hizo traer de un país lejano un hermoso corcel Andaluz, negro como la noche; sabía que a la reina le encantaría, y juntos salieron a trotar. La reina se sintió como hacia mucho que no se sentía, y rodeaba con los brazos el torso de su marido cerrando los ojos, y con el cabello al viento dejaba apoyada su cabeza en la espalda del rey durante todo el día, vigilados de cerca por los guardianes de la reina; sus cinco lobos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto hizo recapacitar a la reina, pues confirmo que continuaba amando a su esposo; comprendió que él era su vida, que su amor le pertenecía aún. No entendía porqué también creía amar a ese desconocido que había sabido con sus palabras llegar hasta su corazón. Decidió escribirle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maymum Malik, mi corazón esta divido en dos, pues amo a dos hombres a la vez y no encuentro explicación alguna para este hecho. Pero es así; tú me has dado nuevas fuerzas y has hecho que mi cuerpo y mi mente lloren de alegría. También has conseguido que mi alma este en constante lucha con mi razón. Quiero que sepas, juglar mío, que te amo, que si mi corazón no tuviese ya dueño, escaparía contigo a recorrer el mundo, que cuidaría de nosotros durante el resto de nuestras cortas vidas… pero te digo, amor mío, que eso no es posible; aunque te ame, mi corazón pertenece a mi esposo, pues a él he amado siempre. Él sabe curar mi corazón cuando está triste, él sabe hacerme sonreír cuando la sonrisa no acude a mis labios cada mañana… él, silencioso y paciente, sabe que mi corazón esta partido en dos. Me conoce y espera desde el silencio. Me ha dado todavía más si cabe de lo que tengo. Te pido que si me amas, dejes de atormentarme; no me llenes con palabras de amor, no mandes más a tu bella paloma con mensaje alguno, sal de mi reino y de mi corazón y no vuelvas nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Malik, al leer estas palabras, comprendió y demostró cuánto la amaba; sabía que era una batalla perdida, pues ella había escogido y a él le correspondía ofrecerle una paz interior que consistía en su propio silencio y en la distancia. Con su laúd se puso de nuevo en camino y de su corazón surgió una tierna balada… a la Reina de los Lobos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amira enmudeció. Todos nos quedamos en silencio, pensando en la extraordinaria historia que acabábamos de escuchar. Yo seguía maravillándome con las contradicciones y los conflictos de las emociones y los sentimientos humanos. Aquella noche tuve mucho en lo que reflexionar. Comprendí que hay amores que sólo se consuman en las derrotas, y que en ocasiones, el más grande sacrificio que alguien puede ofrecer en su nombre, es el de la renuncia. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-2843166680716356624?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2006/12/la-reina-de-los-lobos.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RZeOOUD4u-I/AAAAAAAAAAw/OgRQoBFmP9M/s72-c/AULLIDO.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-3948810302411857859</guid><pubDate>Sun, 24 Dec 2006 08:32:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-07T14:27:58.002+01:00</atom:updated><title>Amar es Amar</title><description>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RY48hED4u9I/AAAAAAAAAAk/xuM7c9g9zqE/s1600-h/amar-es-amar.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5012009974033333202" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RY48hED4u9I/AAAAAAAAAAk/xuM7c9g9zqE/s200/amar-es-amar.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Agazapado bajo la sombra del biombo, conteniendo la respiración, miraba y memorizaba todo cuanto sucedía. Las dos jóvenes, una frente a la otra, se miraban fijamente. Los susurros habían cesado y los ojos eran los únicos que hablaban. Sus respiraciones acompasadas, la suave brisa que acariciaba sus cuerpos semidesnudos y el movimiento ligero de sus cabellos conformaban un momento mágico, y a partir de aquel instante, todo lo que aconteció en aquella habitación se quedó grabado en mi memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lentamente, y como si fueran una sola, sin dejar de hablarse con la mirada, se aproximaron hasta que sus labios se unieron en un tímido beso. Amira, con una delicadeza que nunca había observado bajo su disfraz de escolta, tomó la cara de su amante entre sus manos y, despacio y con gran ternura, llenó de besos su rostro. Después, agarradas de la mano, se acercaron hasta el lecho donde una vez más tomó la iniciativa, tumbó a Aaminah (&lt;em&gt;que significa Dama de paz y armonía&lt;/em&gt;) y lentamente desnudó su cuerpo, recorriendo con la punta de las yemas cada rincón de su tersa piel mientras disfrutaba del momento con los ojos cerrados y sus respiraciones acompasadas a un mismo ritmo. Se fundieron en un abrazo apasionado y comenzaron a llover los besos, esta vez sin control. Había vencido la pasión y el deseo de fundirse en una sola persona. Poco a poco, Amira volvió a tomar las riendas. Durante un respiro, observó los ojos de su amante. Esas miradas, la pasión, el amor, el instante… después acercó su rostro al cuerpo de Aaminah y con los ojos cerrados aspiró su aroma, jugó con su boca mordisqueando los pezones de su amante, arrancándola suspiros de placer. Sus manos acariciaban la piel de Aaminah y después, sin dejar de besar ni un milímetro, se dispuso a darle lo que ansiaba, hundiendo su rostro entre sus piernas y bebiendo del néctar que le brindaba. Jugaron hasta que la tempestad del clímax dejó paso a la serenidad y a la calma. Se volvieron a fundir en un apasionado beso, ahora iniciativa de Aaminah, que complaciente devolvía todo el amor y el placer que había recibido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me retiré después de verlas entrelazar sus cuerpos en un tierno abrazo y dejarse llevar por el sueño. Ya no me importaba el no haber encontrado mis aposentos, pues había visto con mis propios ojos amarse a dos personas, siendo testigo de su pasión. Comprobé que nada tenia de particular que se tratase de dos mujeres, pues lo que yo observé en esa noche mágica fue a dos seres humanos regalándose el uno al otro, sin condiciones, con la inocencia y la sinceridad que brinda el amor. No hicieron falta palabras, no fueron necesarias las explicaciones sino la entrega absoluta al amor. Fascinado nuevamente en mi exploración de vuestro mundo, comprendí que amar, lejos de todos los convencionalismos, sólo puede significar eso: amar.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-3948810302411857859?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2006/12/amar-es-amar.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RY48hED4u9I/AAAAAAAAAAk/xuM7c9g9zqE/s72-c/amar-es-amar.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-9146569186300725580</guid><pubDate>Sat, 23 Dec 2006 12:38:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-07T14:28:14.281+01:00</atom:updated><title>Los ojos de la verdad</title><description>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RY0mLUD4u8I/AAAAAAAAAAY/j4pbul7Gn8E/s1600-h/la+hija+del+mercader.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5011703936138656706" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RY0mLUD4u8I/AAAAAAAAAAY/j4pbul7Gn8E/s200/la+hija+del+mercader.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desde que inicié mi viaje junto al la caravana de mercaderes y fui acogido bajo la protección del jeque, había algo que me incomodaba, una sensación extraña de explicar; alguien me observaba constantemente. El problema no era aquella presencia inexplicable, sino la sensación incómoda que me embargaba y cuyo motivo desconocía. Sentía constantemente la mirada de uno de los guardias del jeque, y cuando nuestras miradas se cruzaban, la suya me turbaba y lograba que rápidamente mirara hacia otro lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio intenté ignorarlo, pero mi curiosidad pudo más que mi prudencia y una noche, cuando nos dispusimos a tomar el merecido descanso después de una larga jornada, le pregunté al Jeque si me había hecho vigilar. Él, sorprendido, dijo que no había sido así, y se interesó por mi pregunta. Después le relaté lo que había observado. El jeque asintió con la cabeza y sosegadamente me dijo que faltaban dos jornadas de viaje para llegar a su casa, que no me preocupara y una vez allí, mis dudas se aclararían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos días habían pasado cuando a lo lejos divisamos un hermoso paraje lleno de vida, donde en una pequeña loma un sencillo palacete se alzaba protegiendo a las demás casas de la aldea. Se formó una gran algarabía a nuestro alrededor y todo el mundo saludaba con alegría y entusiasmo. Esa noche se celebraría el regreso de la caravana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba impaciente por que terminara la cena. Sabía que el jeque saciaría mis dudas, pero que se tomaría su tiempo. Sabía perfectamente lo inquieto e impaciente que estaba. Sólo quedábamos el jeque y yo, cuando éste se levantó y apagó casi todas las antorchas de la estancia, prácticamente toda la luz que quedaba procedía del cálido fuego que había encendido. Me miró y me contó la razón por la cual me incomodaba la mirada del guardia; aquel guardia no era tal, sino su hija Amira Nadiya (que significa Princesa Viva, animada, bonita, atrayente) Dicho esto, la llamó y ante mi apareció una hermosa joven que besó la frente de su padre y que me saludó con una sonrisa. Dijo que llevaba todo el viaje deseando hablar conmigo, pero que no lo había hecho por orden de su padre y para no desvelar su auténtica identidad. Como buen observador, me había dado cuenta de que algo no era lo que parecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora lo entendía casi todo, pero no el porqué de su disfraz. No obstante, no tardé en salir de dudas; Amira era la única hija del jeque. No tenía hijos varones, por lo que el negocio pasaría a las manos del marido de su única hija, pero ésta no estaba dispuesta a dejar que nadie llevara los negocios que un día heredaría de su padre. Logró convencerle de que le enseñara las rutas y le presentara a los comerciantes con los que trataba para hacerse cargo del negocio desde las sombras y sutilmente aconsejar a su futuro marido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de contestar a mil preguntas y saciar la curiosidad de la hermosa joven, ésta se retiro y el jeque y yo compartimos el silencio, pues no había más que decir. Sólo mirábamos el fuego y escuchábamos la música del silencio nocturno. Poco después me retiré para descansar. Puesto que no conocía el palacete, me perdí y vagué de una instancia a otra hasta que escuché susurros en una de las estancias. Me acerque hacia el sonido para pedir que me ayudaran a encontrar mis dependencias cuando mi instinto me indicó que me convenía callar, y sigilosamente me acerqué a la puerta entreabierta. Había dos mujeres conversando, pero no podía oír lo que decían claramente, de modo que entré en los aposentos y furtivamente me coloqué tras de un biombo. Oculto en las sombras podía ver la escena que se presentaba ante mi: la Hermosa Amira y otra mujer tan hermosa como ella. Me dispuse a observar, expectante, conteniendo la respiración…….&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-9146569186300725580?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2006/12/los-ojos-de-la-verdad.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RY0mLUD4u8I/AAAAAAAAAAY/j4pbul7Gn8E/s72-c/la+hija+del+mercader.bmp' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-43967425420005101</guid><pubDate>Fri, 08 Dec 2006 13:15:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-07T14:28:29.197+01:00</atom:updated><title>El correo del Mercader</title><description>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RXll4xvbgtI/AAAAAAAAAAM/CEh0aP-KFhU/s1600-h/20051209154504-escribir.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5006144486898369234" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RXll4xvbgtI/AAAAAAAAAAM/CEh0aP-KFhU/s200/20051209154504-escribir.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando reanudé mi viaje desde la aldea africana, no pude haber elegido mejor momento; me uní a una caravana de mercaderes árabes y en ella encontré a un personaje interesante, con más cultura de la que cabría esperar en aquel entorno y que me sorprendió gratamente: el Jeque Ali Hadi khalil, que significa “el que guía por buen camino”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus nobles modales, sus inquietudes y su especial interés por aprender y escuchar, permitió que durante el camino pudiésemos mantener largas conversaciones. Me hizo su huésped y me contó las costumbres de su país así como parte de su vida. Seguía sorprendiéndome su generosidad y hospitalidad para conmigo, y el contraste con la dureza y agresividad con la que trataba a sus sirvientes. Dado su interés, cumplí su petición de narrarle mi historia, al principio vagamente, pero después, viendo el brillo de sus ojos y comprobando que le daba crédito absoluto, le hablé en confianza. Una de las noches en que paramos a descansar a la luz de la luna y junto a un cálido fuego, le relaté todo lo acontecido hasta el momento en el que me encontraba. Al terminar mi relato un cúmulo de sentimientos hizo enmudecer mi garganta y mi mente divagó hacia mi amigo Amkro y su familia. Al verme en aquel estado de conmoción, el jeque quiso saber qué era lo que había entristecido mi corazón y que se reflejaba en mi rostro con tal transparencia. Le dije que hacía mucho tiempo que no recibía noticias de mis amigos y le hablé de mi profundo deseo de comunicarme con ellos. En esto, me observó fijamente y me dijo que aquello era posible; todos los mercaderes tenían un sistema de correo para estar al tanto de todos sus negocios y de esa manera poder atenderlos incluso durante sus largos viajes. Amablemente me ofreció la posibilidad de utilizar aquel sistema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podía creer en mi suerte y me dispuse a escribir una carta a mis amigos, relatándoles los pormenores de mi viaje y pidiéndoles que devolviesen unas líneas junto con el emisario que les había llevado mi carta. Semanas después, y como por arte de magia, antes de llegar a las tierras del Jeque, recibí de su mano aquellas ansiadas noticias de los amigos a los que hacia tanto tiempo no veía. El jeque, comprendiendo mi necesidad, propuso un descanso que todo el mundo agradeció aunque nadie del modo en el que yo lo hice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dispuse a leer:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Querido amigo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Has llenado de alegría nuestros corazones. No sé como lo has hecho, pero me alegro por ello. He leído tu carta varias veces en voz alta para que toda la familia compartiera tus palabras, y nos alegramos de que tu pequeño percance con esos maleantes no resultara tan grave como para haberte perdido. Es un alivio saber que después de recuperarte continúas tu aventura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora te contare, amigo mió, que estamos todos bien. Te echo tanto de menos… sé que tú siempre has intentado pasar inadvertido, que te ha gustado permanecer entre las sombras observando, pero aunque te cueste creerlo, jamás podrás pasar inadvertido para la gente que te quiere. Shara te manda mil besos y pregunta cuándo volverás; está loca de alegría y me pide una y otra vez que lea tu carta, e incluso me ha pedido que permita que ella la guarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Turawet se ha enfadado mucho cuando he leído la parte en la que fuiste herido, y te pide que reconsideres el volver y establecerte con nosotros. Dice que no vendría mal otro maestro en el pueblo, pero yo la he dicho que tú eres un alma libre en busca de algo, y que seguirás errante hasta encontrarlo. No obstante, te desea lo mejor, aunque sus últimas palabras son para insistir en que dejes de vagar por el mundo y regreses con tu familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que darte una buena nueva; aún no he terminado de asumirlo: ¡voy a ser padre de nuevo! Cómo me gustaría compartir mi alegría contigo, pero comprendo tus inquietudes… a veces añoro el polvo del camino, dormir a cielo abierto, el contemplar las estrellas junto a un fuego tras el largo viaje, la aventura, la adrenalina ante la sensación de peligro, tu compañía silenciosa… Luego miro a mi alrededor y veo cuán afortunado soy con todo lo que tengo aquí. No lo cambiaría por nada del mundo, y se que tú comprendes el motivo por el que no me marché.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Racsol de Tulohan, cuídate mucho, y agradece en nuestro nombre a tu amigo el Jeque esta oportunidad de conocer noticias tuyas y el poder mandarte las nuestras. Sé prudente y vuelve… no dejes que nada malo te ocurra, vive tu aventura, encuentra aquello que hayas salido a buscar –sea lo que sea-, pero ante todo y sobre todo, vuelve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu amigo Amkro.” &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Leí la carta mil veces. Era algo inaudito que unas cuantas líneas en un trozo de papel hicieran aflorar tantos sentimientos…. una mano en mi hombro hizo que volviese a la realidad. El Jeque me preguntó si estaba bien, y me comunicó que era hora de continuar nuestro viaje&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-43967425420005101?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2006/12/el-correo-del-mercader.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_4CnuQ92pKI8/RXll4xvbgtI/AAAAAAAAAAM/CEh0aP-KFhU/s72-c/20051209154504-escribir.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-8979474592177804707</guid><pubDate>Fri, 01 Dec 2006 00:19:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-07T14:29:00.897+01:00</atom:updated><title>El hijo de la Princesa.</title><description>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5639/252258274091133/1600/320559/arbol%20elefante.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5639/252258274091133/200/457309/arbol%20elefante.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aun recuerdo aquellos días. Son tan lejanos, ha pasado tanto tiempo… pero siguen en mi memoria como si fuera ayer. Aún no se habían curado completamente de mis heridas cuando un acontecimiento sin precedentes me ocurrió. Jamás podría imaginar que yo mismo, sin saberlo, fuese un día a ser fiel testigo de una leyenda o un cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ya me encontraba mejor y mis heridas me permitieron incorporarme del lecho, fui visitado en la cabaña por el jefe de la aldea, un hombre fuerte y robusto de unos cuarenta años de edad. Para mi sorpresa, pude entender lo que me decía, no nítidamente pero sí lo suficiente como para comunicarnos. Se preocupó por mi salud y por si tenía todo lo que necesitaba. Fue cortés y preciso, y cuando comprobó que todo estaba en orden, se marchó como había venido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una semana después, -aproximadamente, pues aunque recuerdo eventos, personas y lugares con absoluta claridad, en mi memoria vuestra noción del tiempo queda en ocasiones distorsionada-, ya suficientemente recuperado, empecé a dar mis primeros pasos. Era algo increíble el volver a caminar, aunque fuera ayudado por un bastón. Ese día, un pequeño me tomó de la mano y por señas me invitó a seguirle. Despacio y sin anticiparse, me llevó hacia la sombra de un gran árbol que había en el extremo de la aldea. Sentado en un tronco, estaba el jefe. Al principio algo me resultó extraño; no comprendía qué, pero algo inusual había en ese personaje, no sólo exótico como todo en vuestro mundo me resultaba. Con un ademán, me indicó que me sentara frente a él. Estaba atando una especie de tambor, y cuando terminó, con una sonrisa se lo entregó al muchacho. Después se volvió y fijó en mí su mirada. No podía creer lo que veían mis ojos. En aquel momento algo se iluminó en mi mente y comprendí todo: ya sabía qué era lo extraño que había visto; el color de su piel era más claro que el de su tribu, y ahora unos profundos e intensos ojos verdes me observaban elocuentemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había conseguido más de lo que imaginaba, mucho más de lo que me proponía cuando elegí guiar mi empeño en encontrar la aldea; había encontrado otra parte de una historia cuya certeza no tuve en un principio y que sin embargo puedo corroborar ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Jefe de la aldea era ni más ni menos que el hijo del Lobo de mar y de Naroha, el que nuestro viejo marinero creyó perder junto con su amada madre. Pero no fue así. El padre de Naroha, anticipándose al tiempo y sabiendo que sin Naroha el lobo de mar se marcharía junto a su hijo, le hizo creer que éste había fallecido junto con su madre. Ese niño había nacido de una princesa Africana y su destino era gobernar la aldea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un mes después, recuperado por completo, me despedí afectuosamente de aquellas gentes. Nunca revelé a nadie de la aldea mi conocimiento de la otra parte de la historia. No hubiese tenido sentido; las cosas sucedieron hacía mucho tiempo y mi papel en vuestro mundo no debía ser otro que el de mero observador, interviniendo lo menos posible en el devenir de vuestras vidas y siendo solamente partícipe cuando mi propia existencia estuviese en peligro, como ocurrió en las circunstancias que me condujeron a aquella tribu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me puse de nuevo en camino, y mi mente vagó hacia otro nuevo lugar….&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-8979474592177804707?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2006/12/el-hijo-de-la-princesa.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-4850789844447399656</guid><pubDate>Tue, 28 Nov 2006 21:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-07T14:29:29.662+01:00</atom:updated><title>Tropiezo en el camino</title><description>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger2/5639/252258274091133/1600/ataker.1.gif"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger2/5639/252258274091133/200/ataker.1.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Hoy hace un mes que partí en busca de la aldea africana. Hace un mes que estoy postrado en un lecho curándome de las heridas; una vez llegado a puerto africano, me uní a una caravana de mercaderes y una semana después tuvimos un tropiezo en el camino que debo relatar, pues si no lo comparto, sospecho que me atormentara hasta el final de mis días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He dado muerte a un ser humano… ha sido en mi propia defensa y a punto estuve de perder mi propia vida, pero al fin y al cabo he arrebatado la de otro. No puedo expresar cómo me siento; es un vacío, un agujero sin fondo, un resentimiento profundo en el alma… ¿hubiese sentido esta misma desazón mi oponente de haber sesgado mi vida? la naturaleza de los hombres es desconcertante, capaz de pasiones tan contrapuestas como el amor y como el odio, y de gestos tan incompatibles como la caricia y la violencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía siete días que emprendíamos el viaje hacia el interior del continente cuando fuimos asaltados por una banda de ladrones. Fue una lucha salvaje. Gritos, sangre, llanto, y el afán de defender a mis acompañantes… cuánto de menos eché a Amkro y su firmeza en aquellos momentos. Él me cubría siempre las espaldas y tuve que prescindir de aquella ayuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio del asalto, un enorme negro se acercó a mi vociferando con un sable en la mano. Evité su primer mandoble, rodé sobre mí mismo mientras él erraba en cada acometida, y en uno de sus ataques cambié de táctica para sorprenderle; en lugar de rodar hacia el mismo lado como anteriormente, cambié de dirección y de un puntapié le arrebaté el sable. Esta circunstancia no le impidió sacar un puñal curvo, y con una sonrisa macabra se abalanzó sobre mí. Yo había enfundado mi arma y arrojado lejos la suya, pues no pensé que fuese necesaria. Tuve que correr y tomar de nuevo el sable que había perdido mi contrincante, pero ya era tarde; un calor intenso, seguido de un dolor agudo en el costado, me indicó que había acertado en su ultimo golpe. A duras penas, haciendo acopio de toda la fuerza que me quedaba, me revolví y hundí el sable en su pecho. Su mirada feroz cambio a estupefacción, abría y cerraba la boca sin pronunciar palabra. El peso de su cuerpo fue venciéndome y caí al suelo. Después de eso mi vista comenzó a nublarse y después perdí el conocimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desperté dolorido. Estaba en una choza oscura y limpia, bien ventilada. Antes de salir al exterior, permanecí escuchando. El lenguaje me resultó extraño, no me era familiar. Entró alguien a la choza, con comida y agua fresca. Pregunté dónde estaba, pero la anciana sólo dijo una palabra y supe entonces que había llegado a mi destino… “Mayni”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Había encontrado la aldea.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-4850789844447399656?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2006/11/tropiezo-en-el-camino.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-1359883472903607076</guid><pubDate>Sat, 25 Nov 2006 15:39:00 +0000</pubDate><atom:updated>2006-11-25T16:46:56.011+01:00</atom:updated><title>Naroha Mayni y el lobo de mar (Final)</title><description>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5639/252258274091133/1600/320718/index6sg.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5639/252258274091133/200/597551/index6sg.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;…sin prisa, escuchaba su respiración entrecortada. Mi cuerpo y mi mente estaban al límite, el deseo era ya incontrolable. Seguí bajando hasta su monte de venus, y después me dediqué a darle placer jugando y explorando cada pliegue, mordisqueando su centro mientras ella, arqueando la espalda, se entregaba totalmente y gemía sin cesar. Me estaba volviendo loco, no podía aguantar más. Me levanté uniendo nuestros cuerpos en uno solo y un grito ahogado salio de nuestras gargantas mientras acompasaba mis movimientos con los de ella, despacio… muy despacio al principio, flexionaba su cuerpo para encontrar el mío, mas deprisa… mi momento estaba llegando; el placer, la pasión, el embrujo… ella. El clímax llego y con un grito derrame mi esencia en su interior. Después permanecimos abrazados, sin querer separarnos. Me hubiese gustado seguir así, que ese momento no terminase nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los tres meses Naroha estaba embarazada. Mi amor por ella no podía ser mayor, y mi integración en la tribu era completa, pero no sabia – y si me lo hubieran dicho tampoco lo hubiese creído- que todo lo que tenia me seria arrebatado…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Juan, bebió un buen trago de golpe. Sus ojos vidriosos evidenciaban que no le faltaba mucho para marcharse. Yo esperaba que terminara la historia, pues no quería quedarme sin conocer el desenlace. Con un carraspeo, y después de volver a encender su pipa, continuó –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía más de dos años que estaba en la aldea y ahora iba a ser padre. Las mujeres y Naroha estaban en nuestra choza mientras los hombres, alrededor de una hoguera, hablábamos de cosas triviales con la mirada puesta en el ir y venir de las mujeres. Algo no marchaba bien y empecé a ponerme nervioso. El jefe me dió una palmada en la espalda y, con una sonrisa condescendiente, trataba de darme ánimos, aunque percibí que la mirada le traicionaba. Un grito desgarrador me hizo levantar de un salto, fui corriendo a la choza y quedé paralizado ante la escena; Naroha me miraba sin verme; sus dulces ojos ahora vidriosos me miraban…. Un velo sin vida los había cubierto. Caí de rodillas. Mi corazón se acababa de partir y un sollozo surgió de mi garganta. Acababa de perderlo todo: mi hijo, mi mujer, mi alma, mi vida y hasta mi conciencia…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos días después del funeral, ignorando la insistencia de quienes habían sido mi familia durante dos años, abandoné la aldea siguiendo las instrucciones que me habían dado y conseguí encontrar una caravana de vuelta hacia un puerto de mar. Allí me enrole en la tripulación del primer barco que zarpaba. No me importaba nada, estaba roto y así ha sido hasta que encontré a…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero eso es otra historia que os contaré en otra ocasión, pues ahora estoy cansado y un poco bebido. Señores, gracias por esta hermosa velada y los generosos tragos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le vi alejarse tambaleante, apoyado en su bastón, marchándose tal como había llegado. A mí me había dejado varios interrogantes. Aquí y allí los corrillos comentaban la historia del viejo lobo de mar, y yo decidí que tenia que conocer aquella tierra donde tanta pasión se había forjado. Quería ir a esa aldea y comprobar la historia, quería saciar mi ansia de comprender algún día, en la medida de lo posible, la asombrosa fuerza de las emociones que configuran la naturaleza humana.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-1359883472903607076?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2006/11/naroha-mayni-y-el-lobo-de-mar-final.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-2473609147948269663</guid><pubDate>Sat, 25 Nov 2006 12:48:00 +0000</pubDate><atom:updated>2006-11-25T13:56:09.403+01:00</atom:updated><title>Naroha Mayni y el lobo de mar (parte 2)</title><description>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5639/252258274091133/1600/652653/stacey_dash_Face1.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5639/252258274091133/200/191189/stacey_dash_Face1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5639/252258274091133/1600/677105/stacey_dash_Face.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;- hizo una pequeña pausa para tomar otro vaso de vino. Fuera había oscurecido y no se oía ni un alma en la taberna. Tal era la atención que prestábamos al anciano que no me hubiera percatado de que había un fuego encendido si no hubiera oído el crepitar de las llamas. Un carraspeo puso punto y final a la pausa –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando remitió la fiebre, estaba tan debilitado que no podía levantarme del humilde lecho en el que estaba. Durante tres días entraba una anciana a darme de comer constantemente y a darme agua fresca. Yo miraba hacia la puerta de la choza buscando y preguntando a la anciana, que sonreía y agitaba la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez recuperada parte de mis fuerzas, salí por primera vez para descubrir dónde me encontraba. Estaba en el centro de un enorme poblado repleto de actividad. Me fijé en las chozas de alrededor y todas tenían la entrada mirando a la choza de donde había salido; era la choza de reuniones. Todos pararon a mirarme apenas unos segundos para continuar con lo que hacían. En esto, un alboroto llamó mi atención; hacia mí se dirigía un corpulento negro cargado de abalorios tribales, plumas y huesos, con una mirada severa y feroz. Su imponente apariencia consiguió intimidarme. Más tarde supe que se trataba del jefe de la aldea, que acompañado por todo un séquito de guerreros, por señas me invitó a que le acompañara. Cuando pronunció “Naroha” me faltó poco tiempo para correr en la dirección que me indicaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos a la puerta de una gran choza de menor tamaño que en la que había estado, pero que se diferenciaba claramente de las demás; era evidente de que se trataba de la choza del jefe. Llamó a Naroha y apareció mi hermosa cuidadora. Mi corazón dio un vuelco ante su presencia. Reparé en que era mucho más hermosa de lo que había retenido mi febril visión. Ella me miraba fijamente a los ojos… ¿he dicho ojos? No… los suyos eran dos esmeraldas, unos hermosos ojos de un color verde cristalino, una mirada tan intensa que cualquier hombre podría perderse en ella…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nuestro amigo detuvo su narración de nuevo. Sabía perfectamente cuándo era el momento adecuado. Su vaso vacío fue llenado al momento, y después de mojarse los labios, continuó ante la expectación de todos nosotros –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Jefe -así me referiré a él, pues tenia un nombre que nunca he acertado a pronunciar- le dijo algo y ella, sin apartar su mirada de mí afirmó con la cabeza. Él sonrió y le ordenó entrar dentro de la choza. Ésa afirmación, como supe mucho tiempo después, significó que la hija del jefe me había elegido como marido y acababa de empezar el ritual que se llevaría a cabo hasta el día de la boda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezaron por enseñarme un lenguaje que pronto entendí, pero apenas conseguí hacerme entender. Fue suficiente con lo que aprendí; me explicaron que pronto llegaría la boda y que por fin podría verla. Hacía ya casi un año desde mi llegada a la aldea y sólo la había visto fugazmente pasar a lo lejos. En ese tiempo me enseñaron a cazar, construí una choza y me empapé casi de todas las costumbres, aunque por las noches me despertaba bañado en sudor. Soñaba con Naroha, la deseaba, quería tenerla junto a mi, estrecharla entre mis brazos y hacerle el amor. Era un tormento adivinar su figura en la lejanía apenas unos segundos; como solían decir en la costa italiana, me había “pillado el rayo”; amor a primera vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Exactamente un año después de que me eligiera para ser su esposo, tuvo lugar la ceremonia de emparejamiento. Era el día más esperado de toda mi vida, por fin había llegado y la tendría entre mis brazos. En medio de la fiesta, entre cánticos y risas, la tomé de la mano y sigilosamente nos retiramos a la choza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin solos, mi corazón cantaba de alegría en cada latido. Su sonrisa me robaba el alma y el silencio se apoderó de nosotros; sobraban las palabras. Su mirada me retenía hechizado, lentamente me fui acercando a sus labios y con miedo de romper el hechizo, le besé suavemente hasta que la pasión nos desbordó. Febrilmente besaba sus ojos, sus mejillas, volvía a sus labios… tuve que parar, pues estábamos muy agitados y no quería estropear el momento. Sus ojos desprendían una luz que me cegaba. Nos tumbamos en el lecho, desnudándonos mutuamente, suavemente, y recreándome en sus curvas, fui deslizando de su cuerpo la poca ropa que llevaba. Me aparté y admiré su esbelta figura, su tersa y reluciente piel. Me acerqué a su cuello y aspiré su aromar. Ella me abrazaba firmemente y recorría mi cuerpo con sus manos. Deslicé mi boca hasta sus erectos pechos y su fuerte suspiro hizo que me recreara en ellos, jugando, mordiendo… lentamente fui bajando sin dejar rincón alguno de su piel sin haber besado…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(CONTINUA)&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-2473609147948269663?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2006/11/naroha-mayni-y-el-lobo-de-mar-parte-2.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-3454728347489462252</guid><pubDate>Fri, 24 Nov 2006 11:14:00 +0000</pubDate><atom:updated>2006-11-24T13:20:05.213+01:00</atom:updated><title>Naroha Mayni y el Lobo de Mar (Parte 1)</title><description>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5639/252258274091133/1600/188985/picture.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5639/252258274091133/200/496238/picture.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Cuando decidí que era la hora de emprender mi viaje, mi primer y único destino desde el principio había sido Japón. No obstante, mientras esperaba en el puerto a embarcar, no pude más que oír a un viejo marinero relatar la historia que según él era la de su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedé maravillado por su serenidad, por la pasión con las que pronunciaba sus palabras, por las pausas para aspirar, el humo de su vieja y gastada pipa, su voz, profunda y adormecedora como una grave melodía… hacía que me sumergiera en el relato y mi mente dibujara lo que estaba contando. Todo el mundo en la taberna había guardado silencio, pues no era la primera vez que Juan contaba una historia como aquella. Según me entere después, solía entrar una vez al mes en la taberna. Si le invitabas a un trago, contaba una de sus aventuras así hasta que, a base de ese noble caldo que es el vino, llegaba un punto en el que no podía decir palabra, se levantaba tambaleante y se marchaba con sus aventuras hasta el mes siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esa noche quiero transcribir un trocito de una de sus aventuras. En parte es el culpable de que tomara el camino que elegí para llegar a Japón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He de advertir a quien lea las siguientes líneas que ni por asomo podrán comparase ni al enriquecedor relato de su autor ni a la atmósfera de irrealidad que se respiraba en la taberna. No en vano, debo insistir que hagáis uso de vuestra imaginación y penséis en una vieja taberna a orillas del mar a media tarde, bañada por una calida semioscuridad alumbrada por velas centenarias, llena a rebosar de hombres que por unos minutos dejaran volar la imaginación para ser partícipes de una aventura en algún remoto confín del mundo….&lt;br /&gt;La historia apasionada tiene un alto contenido erótico, pero como he dicho antes, nunca podré igualar -siquiera imitar- a quien lo relató.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He aquí sus palabras…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Hace algún tiempo, cuando mi espalda estaba recta, mis músculos eran como el acero, mi barba era apenas una sombra en mi cara y mi mirada hacía ruborizar a las mujeres… - se oye una carcajada general y mi viejo marinero aprovecha para fumar de su pipa. Cuado todo el mundo calla, él continúa - …andaba sin apenas trabajo. El barco en el que estaba enrolado había sufrido daños importantes y tardaría meses en estar listo para hacerse a la mar. Por desgracia, casi no habíamos empezado el viaje cuando nos sorprendió una enorme tormenta que dañó el palo mayor. Me ví en un puerto del África septentrional con una paga que apenas me daría para vivir una semana. No habiendo ningún barco fondeado ni expectativas de la llegada de algún otro en un largo periodo de tiempo, y dado que me apremiaba la necesidad, me enrolé en una caravana de mercaderes como parte de la guardia. El trabajo era peligroso y mal pagado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de una semana de viaje, contraje unas fiebres que no me permitieron seguir el viaje, y como buenos samaritanos, me dejaron a mi suerte en una aldea tribal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–se escucha un murmullo de desaprobación entre los parroquianos, momento en el que el viejo marinero aprovecha para volver a llenar y encender su pipa. Reparo en que todos parecen hipnotizados e impacientes al igual que yo para que siga su relato. Después de un buen sorbo de vino, el viejo continúa –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…no sé cuánto tiempo estuve con altas fiebres y delirando, pero de vez en cuando abría los ojos y veía, de entre la niebla difusa que era mi vista, a un ángel de hermosos ojos esmeralda y carnosos labios carmesí que me susurraba una dulce melodía mientras una suave mano color ébano retiraba mi sudoroso pelo de la frente. Yo preguntaba ¿Quién…eres?, ¿Quién… donde… estoy? Y por respuesta solo escuchaba en un susurro “Naroha Mayni… Naroha Mayni….”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(CONTINUA)&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-3454728347489462252?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2006/11/naroha-mayni-y-el-lobo-de-mar.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-1514916955698725448</guid><pubDate>Tue, 21 Nov 2006 12:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2006-11-21T13:07:18.991+01:00</atom:updated><title>Un Camino diferente</title><description>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5639/252258274091133/1600/271346/camino%20de%20sevres.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5639/252258274091133/200/698028/camino%2520de%2520sevres.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Hace ya diez años de nuestra vuelta. Esto para las gentes de esta tierra es un lago lapso de tiempo, pero como ya sabéis, el tiempo no nos afecta igual que a vosotros. Sarah tiene 10 años y es una hermosa chiquilla; tiene la belleza felina de su madre y la vitalidad de su padre. Es una combinación que según pasa el tiempo va definiendo la mujer que llegará a ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amkro es dichoso en esta tierra. El amor, la ternura, la pasión que empeña en el cuidado y educación de su hija es algo que me sorprende. Esa faceta creo que no se descubre hasta que uno es padre. Muchas veces, como siempre, en un discreto rincón observo cómo juegan, como disfrutan de su muta compañía. Su mirada es una sonrisa, las carcajadas de Sarah son música que llena todo el prado y más lejos Turawet mira complacida a sus dos seres más queridos hasta que finalmente se une a ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy les daré la noticia, pues después de este tiempo no creo que Amkro me acompañe. Le propondré el viaje y respetaré su decisión. Sé exactamente cual será.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como me esperaba, Amkro se quedará con su familia y ha insistido en que me también me quede. ¿Por qué viajar? ¿Por qué emprender tan largo y peligroso viaje? no hace mucho tiempo, mi amigo hubiera sido el primero en preparar la partida y estaría ansioso por salir, pero es increíble lo que puede hacer cambiar el tener una familia. Sé que entiende que yo tengo sed…. sed de aventura, de verlo todo, de aprender… sé que entiende que mi sed de conocimiento no se acabará y que hace mucho tiempo que tengo decidido irme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sarah está llorando junto al regazo de su madre. No quiere mirarme, intento hacerla comprender que volveré algún día, que no es un adiós definitivo. Me parte el corazón… he cogido demasiado cariño a esa pequeña. Mi partida es inmediata. Turawet se acerca a mi. Esos ojos… me mira profundamente y me pide que vuelva, que no les olvide… pero, ¿cómo olvidarles? son mi familia pero debo marcharme. Si continúo retrasando la partida, nunca me iré y al final seré como un tío soltero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin mirar atrás, me alejo en dirección al puerto. Es poco el equipaje que llevo, pues me gusta viajar ligero. Todo lo necesario lo iré adquiriendo según avance mi viaje. No he recorrido ni veinte metros cuando un grito me hace girar. Sarah viene hacia mí corriendo en un mar de lágrimas. En ese momento se me encoge el corazón, y la estrecho entre mis brazos. Ella llora desconsoladamente y balbucea palabras que no puedo entender. Amkro se acerca y la acurruca contra su pecho, aprieta mi hombro, asiente con la cabeza y parto sin volver la vista atrás.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-1514916955698725448?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2006/11/un-camino-diferente.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2066499781354567175.post-1036664678682932101</guid><pubDate>Mon, 20 Nov 2006 12:55:00 +0000</pubDate><atom:updated>2006-11-20T13:59:07.226+01:00</atom:updated><title>El Fruto de la Semilla</title><description>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5639/252258274091133/1600/646259/bebe-1159365423.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5639/252258274091133/200/993363/bebe-1159365423.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Once meses después de nuestra partida llegamos a Garachico. No había cambiado mucho, apenas había comenzado la reparación. Como un rayo, AmKro se dirigió hacia la cabaña que habíamos construido para Turawet y sus padres. Todo el mundo nos saludaba y nos daban la bienvenida, como si hubiésemos vuelto al hogar…. Al hogar, sí; esto era lo más parecido que tendríamos, pues éramos huérfanos en un mundo que no era el nuestro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amkro entró en la cabaña delante mía. De pronto le vi quedarse paralizado, no entendí porqué hasta que logré ver a Turawet; su mirada, su pelo, su sonrisa… era una imagen que me hubiera gustado inmortalizar, pero la mirada de Amkro no estaba fija sólamente en Turawet, sino que miraba alternativamente hacia un diminuto ser que observaba desde el regazo de Turawet. No entendíamos nada en aquel momento, torpes de nosotros. Turawet se levantó y lentamente se acercó a Amkro. Sin apartar la mirada de la suya, le puso el bebé entre los brazos y le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El fruto de tu semilla y nuestro amor: Sarah.-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa fue la primera vez que ví llorar a mi Amigo. Creo que incluso yo me emocioné. En ese momento, en esa cabaña, había tanto amor… no quería moverme ni hablar para no romper el hechizo. Entre los fuertes brazos de mi amigo había una preciosa niña de intensos ojos azules, como los de su madre, y un rizado pelo negro como el de su padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquellos intensos ojitos azules me cautivaron desde el primer día. Esa pequeña criatura me había llegado al corazón.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2066499781354567175-1036664678682932101?l=dream-racsol.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://dream-racsol.blogspot.com/2006/11/el-fruto-de-la-semilla.html</link><author>carzm07@gmail.com (RacSol)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item></channel></rss>